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Dhogs-Andres Goteira-El Palomitron

Gracias al equipo de esta foto y a su filme Dhogs pudimos analizar el concepto de dogs, animales sumisos y obedientes y hogs, animales sucios y perversos. Nos han demostrado una vez más que con una idea brillante, talento del que saber rodearte y esfuerzo se puede conseguir lo que te propongas. El pasado mes de octubre, en el Festival Nocturna, tuvimos el honor de hablar con el valiente director de este proyecto, Andrés Goteira, junto a dos de sus protagonistas, Carlos Blanco y Melania Cruz. No hacen falta sangre ni efectos especiales para pasar miedo: mil vueltas de tuerca y plantearle un juego al espectador son las claves para ofrecer una gran película. Quién le iba a decir a este gran equipo en esta charla que tuvimos en pleno Nocturna que este mes de mayo de 2018 habría posibilidad de estrenar su película en algunas de las grandes pantallas de nuestro país gracias a la distribuidora Gaita Films… ¿Tú de quién eres: de los Dogs o de los Hogs? Nosotros lo tenemos claro.

Superarriesgado este proyecto. ¿Cómo comenzó? ¿Por qué en tu tierra?

 

Andrés Goteira: Pensé hacer este proyecto porque no había otro. La historia comienza con el hombre conejo que aparece en el póster de la película, y a partir de ahí empieza a enganchar hacia atrás, hacia delante, a crear la multicapa, y es lo que me salía de dentro. Como quería ver una película de otro autor, así me gustaría ver esta película, y en eso me guie. Yo hice la película que yo quería ver como espectador. Confiaba plenamente en ella, en su riesgo, y no contaba para nada ni ir a Sitges ni a Nocturna. Era puro riesgo, una película hecha con amigos, con gente en la que confiaba, sin ser para nada ambiciosa en la parte de distribución.

Todo esto no te lo esperabas para nada…

 

A. G.: No, pero los sueños están ahí.

Dhogs-conejo-El Palomitron

¿Cómo fue la experiencia de estar en una sección oficial en Sitges, en la gran pantalla del Auditori?

Melania Cruz: A mí me dio mucha pena que no pudiéramos ir todo el equipo al completo, porque teníamos otros trabajos. Por ejemplo, Carlos, que tenía los billetes, a última hora no pudo ir. Me dio pena que no pudiéramos disfrutar más tiempo juntos, porque fue todo muy intenso. Estar allí, de repente, en Sitges, el festival de referencia, fue increíble. Es todo tan grande, todo está tan programado que te sabe a muy poco. Yo por ejemplo llegué un domingo por la mañana y me fui el lunes después de la proyección. Lo disfrutamos muchísimo y no pensábamos llegar hasta aquí, y sobre todo el poder contrastar la película con diferentes tipos de público en función del festival al que asistimos, ya que la película se percibe de manera muy distinta. Cuando empezó Goteira con la peli, ya era consciente de que lo que tenía entre manos era algo que no era fácil y de que habría gente que entraría en el juego de cabeza y gente que no. Hay gente que no aguanta hasta el final de la proyección. A mí también me gusta mucho que la gente se levante y se vaya.

¿Notasteis un cambio en la proyección de Nocturna con respecto a Sitges en cuanto al público?

A. G.: Sí, yo lo noté muchísimo. En cada pase es distinto y se nota.

Carlos Blanco: Yo percibo la película de diferente forma cada vez que la veo. También es verdad que la primera vez que la ves, nosotros por ejemplo, por deformación profesional, tiendes a fijarte más en el trabajo actoral. Me imagino que la directora de foto se fijará más en la fotografía en el primer visionado. El pase que hicimos en Ourense fue tremendo. También es verdad que allí había mucha gente que había invertido mucho dinero en la película, muchos vecinos del pueblo de Andrés. En el pase de Nocturna yo tuve la sensación de que el público esperaba algo más gore y se encontró con una película más violenta psicológicamente. Es muy violenta en un momento dado, pero no hay apenas sangre ni sustos. En Dhogs no hay trucos: es deliberadamente lenta, agresiva, y comprendo que haya ciertos espectadores que digan: “Me voy: son las once de la noche, tengo sueño, mañana trabajo y esto no me interesa”. Y claro, se pierden todo lo que se explica al final y no entienden todo lo que está pasando al principio, pero obviamente no es una película de grandes públicos, pero tampoco es una película que busque eso.

Pero nos sigue sorprendiendo, porque, cuando vemos una película de este género (que nos encantan), preferimos ver una película más realista. Es decir, nos da más miedo una situación más realista, una crítica a la sociedad, como es en el caso de Dhogs, que una película más (de las mil que ya existen) de zombis o vampiros…

M. C.: Como espectadora, a mí me gusta mucho que, cuando veo algo, primero que no me lo den masticado, y segundo que me traten como si fuera alguien con inteligencia. Que yo sea capaz de ordenar, desordenar, de dar respuestas a las preguntas, etc. En definitiva, me gusta ser activa como espectadora. Desde el punto de vista de la dirección, creo que se le está diciendo al espectador: “Trabaja y, si quieres entrar dentro, entras y si no, no”.

C. B.: Fíjate en lo inteligente que es la película: yo como espectador no entendía nada al ver el guion, pero después te das cuenta de que hay una crítica muy inteligente hacia la pasividad. La pasividad es una de las cosas en las que estamos. Por ejemplo, esto mismo se ve a día de hoy en las redes sociales, como digas algo “te cae la del pulpo”; mira Isabel Coixet, que lo está pasando fatal por dar su opinión en el país en el que nació y en el que vive. Entonces nos autocensuramos, nos quedamos quietos por “miedo a…”, y creo que esto es muy inteligente en la película. Yo al principio no entendía por qué teníamos que follar con público delante en la película, y como Andrés no habla mucho… Pero luego al verlo lo entiendes; entiendes que esa pasividad social está ahí. El público solo aplaude con la carne, cuando la acción es bestial y agresiva. Esto, por ejemplo, se ve en los programas del corazón.

Por ejemplo, la gente parece que cuando ve los informativos no se inmuta.

M. C.: Efectivamente: podemos estar con el filete y viendo trozos de cadáveres.

C. B.: Hace muchos años vi un anuncio suizo de la Cruz Roja que nos dejó a todos fascinados: veías imágenes terribles de pobreza y miseria con una música absurda. Una música que decían que no le pegaba con esas imágenes; a mí me parecía que sí, porque lo importante no es la música. Pues en Dhogs es igual: Andrés es muy inteligente en esto, en ver cómo todo ese ruido tiene una triple vibración.Dhogs-pistola-El Palomitron

¿Cómo se te ocurrió el juego de palabras de dogs y hogs?

 

A. G.: Es algo que viene porque al principio se iba a llamar la película Cans, pero al estar el nombre del festival, los productores me dijeron que no lo llamase similar; entonces empecé a pensar y me salió así, pero fue ya casi al final, casi al tener terminado el proyecto.

¿Se podría hacer con esos conceptos una comparativa entre los políticos y los ciudadanos?

C. B.: Con la pasividad, sí.

M. C.: Con respecto al tema de que siempre hay alguien manejando unos hilos, pero nunca sabes quién es, no le llegas a ver la cara. Una cosa es la persona que preside un Gobierno y otra cosa es quién toma las decisiones (empresas, el dinero no sabes de dónde viene, a dónde va…). En ese sentido, en la película se ve con la persona que está sentada en el sofá con el mando. Esto para mí significa que la gente mueve el mundo, lo manipula sin que nadie sepa exactamente quién es.Dhogs- Melania Cruz- El Palomitron

En Dhogs se juega con la cuarta pared: hay cine, hay teatro, hay videojuegos, aparece la vida realidad y la ficción. Salimos reflexionando mucho tras su visionado para organizar las ideas de lo visto.

C.B.: Sí, totalmente. La clave es el niño. Es nuestra responsabilidad que en un futuro esos niños sean buenos o malos. Somos ejemplo de ellos. Es una especie de Dios caprichoso.

M. C.: Está clarísimo ahora lo estoy viendo: esa persona tenía que ser un hombre y un niño, y no una mujer y una niña. El mundo está estructurado así por desgracia. El casting del niño me gustó mucho porque es muy ambiguo, te descoloca porque no sabes hasta el final la decisión que va a tomar.

¿Qué escena os costó rodar más?

 

C. B.: La escena de la mordaza costó bastante. El guion está marcado, pero Andrés nos dejó jugar hasta el momento en el que se rompe la escena y cambia totalmente la película. Eso no siempre sucede y se agradece mucho. En español es el único idioma donde interpretar no es jugar; en los demás idiomas, sí (play en inglés). Aquí es interpretar y no jugar, y Andrés nos dejó jugar; somos actores con veteranía, y eso se nota.

¿Crees que tienen que ser películas más independientes para que te den esa libertad de jugar?

C. B.: Depende más del director. Yo estoy ahora haciendo una serie para Bambú Producciones, Fariñay Andrés nos deja jugar, nos marca, pero deja proponer, y eso tiene que ver con la frescura. Se juega con el que domina y con el que es dominado, y a la vez el primero es dominado. Hablamos de sumisión. La escena de sexo fue con espectadores mirando, a los cuales no conoces de nada, y la sensación es muy rara; yo no tengo cuerpo para despelotarme. Melania sí, pero no es plan de hacer “porno” delante de tanta gente.

M. C.: A mí me gusta mucho lo de jugar, porque entronca muy bien con el final de la película, y cuando la gente me insinúa que lo debí de pasar fatal en el rodaje, fue todo lo contrario: no me planteé en ningún momento eso, ni me sentí mal ni herida; me hice un esguince pero sin más: yo estaba jugando, no me estaba metiendo en un universo que me dañase. Pasaban las cosas (y pasan); yo estaba allí y punto. Y esto pasa también porque, desde la primera hasta la última persona del equipo de la película, hicieron todos los esfuerzos necesarios para que se crease ese ambiente de concentración, de trabajo, en el que nosotros pudiéramos trabajar con libertad, pudiéramos probar.

A nivel de distribución, ¿cómo está la situación?

 

A. G.: Esta película nace de la nada: estamos aprendiendo con el avance. Puede haber algo, pero es difícil que llegue a salas. Creo que va a ser en plataformas más como Filmin, dice el director.

Un día nos dijeron que “lo difícil se consigue” y, efectivamente, fue difícil, pero al final lo consiguieron: Dhogs ha conseguido llegar a algunas salas españolas.

¡Enhorabuena, equipo!

 María Páez

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