Compartir

Después de la tormenta. Crítica en el PalomitrónVivir anclado en el pasado forma parte, lo queramos o no, del proceso de aceptación de la pérdida. Aunque lo sano sería mirar hacia el futuro (sin nunca olvidarse de vivir el presente), es humano (y en la mayoría de los casos inevitable) examinar tiempos pretéritos con la voluntad de comprender mejor tu yo presente. Y esto no solo ocurre en el caso de la muerte de un familiar, amigo o conocido, sino también en una pérdida a nivel doméstico, como esa horrible (aunque entrañable) figura de arcilla que te regaló tu primera novia antes de que lo dejarais entre lágrimas y se rompió en aquella mudanza, la ruptura de una amistad por culpa de la distancia (o el desarrollo vital distanciado, incluso más doloroso) o un inevitable divorcio. Woody Allen dijo aquello de que hay algunos matrimonios que terminan bien, pero otros duran para siempre, y aunque su mirada sea cínica y pretenda desmontar desde la comedia la institución del matrimonio, es cierto e innegable que esa gran fuerza hormonal del cóctel de monoaminas que llamamos amor deja poso cuando se va. Y la ausencia mata un poco por dentro. Las diferencias irreconciliables entre seres humanos muchas veces radican en pequeñeces que se magnifican con esa desdeñable tendencia de nuestra especie a no comunicarnos o a no hacerlo lo suficiente.

Después de la tormenta. Crítica en el PalomitrónHirokazu Koreeda es, quizás, el cineasta actual que mejor conoce el drama de la cotidianidad humana, y es capaz de analizar con ojo de cirujano esas malditas pequeñeces, esos momentos en los que un silencio puede hablar de forma mucho más elocuente que un discurso desesperado. Y en Después de la tormenta, que se pudo ver en la sección Perlas del Festival de San Sebastián hace un poco menos de dos meses, eso es lo que hay. El padre descuidado, escritor frustrado por sus propias circunstancias, no ha aprendido aún a vivir sin su familia porque no consigue entender quién es ni quién quiere ser: un hombre entristecido por el paso del tiempo, atorado en un estatismo desastroso, alejado de sus seres queridos por sus propios errores. Su madre, aún doliéndose de la muerte de su marido. Y la mujer de él, sintiéndose obligada a justificarse ante un hombre que le ha fallado de forma constante en la vida, incapaz de avanzar porque su futuro está atado al de él irremediablemente por la presencia de un hijo en común. Las respectivas tramas florecen con ternura y se unen en un clímax catártico que les ayuda a comprenderse.

La dirección del japonés, sensible, próxima, acertada, confina a sus personajes en espacios reducidos (son habituales coches, despachos minúsculos y apartamentos ínfimos) y los recluye en ellos con la amenaza de un mundo exterior para el que no están preparados si antes no solucionan las complejas insignificancias que les atormentan a ellos y a sus relaciones con los demás. Profundamente melancólica, su narrativa y sus personajes esconden una reflexión sobre la condición social humana con la que es devastadoramente fácil de empatizar. El cine de Koreeda es como la comida que siempre consigue colar en sus películas: un plato sencillo, tradicional, y tan apetitoso en su ausencia de adorno que uno no puede más que arrodillarse ante la mesa y devorarlo sin piedad.

Después de la tormenta. Crítica en el PalomitrónQuizás el realizador japonés empieza a pecar de cierta repetición temática en sus películas, y uno no puede dejar de pensar que la inmejorable situación dramática de poder encerrar a varios personajes en un mismo y reducido espacio llega algo tarde y, en cierta manera, se desaprovecha. Pero, aun así, la historia de este escritor divorciado, padre de un hijo, jugador y detective, florece de forma sutil y se desenvuelve en una serie de conversaciones cara a cara, bellamente interpretadas, con todos los miembros de su familia. Ante tal sensibilidad, uno solo puede levantarse y aplaudir.

LO MEJOR:

  • Koreeda nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos mediante sus personajes.
  • El bello mensaje que esconde su delicada narrativa.
  • La naturalidad de las actuaciones.

LO PEOR:

  • Dicen que un director hace la misma película muchas veces en su carrera, y esto se cumple con Koreeda, lo cual puede ahuyentar a parte de su público.

Pol Llongueras

No hay comentarios

Dejar una respuesta