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Lucas Figueroa es un cineasta de Guinness. No de cerveza, sino del libro de los récords. Ganó el galardón en 2011 por dirigir y producir el cortometraje más premiado de la historia. Porque hay cosas que nunca se olvidan suma él solo más de 300 reconocimientos, incluyendo una nominación al Goya en su categoría en 2008. Dominado el mundo de los cortos, el realizador argentino afincado en España pretende dar que hablar también con sus largometrajes. De hecho, a punto está de estrenar Despido procedente, segundo filme del director desde su debut en la gran pantalla con Viral, y promete entrar con fuerza en la taquilla del verano.

Despido procedente combina la descarada e irónica comedia a la argentina y el thriller empresarial. Filmada entre Madrid y Buenos Aires, cuenta con un destacable punto fuerte: el reparto. Desde el trío protagonista (Imanol Arias, Darío Grandinetti, y, con menos peso en la trama, Hugo Silva) hasta el último de los secundarios, todos ellos actores españoles y argentinos con una dilatada carrera, como Miguel Ángel Solá, Paula Cancio, Tomás Pozzi, Luis Luque o Pedro Casablanc. El casting es, ante todo, un acierto muy reseñable.

Nada recuerda al eterno Antonio Alcántara en Javier, el personaje de Imanol Arias. En la cinta, Javier es el director de una empresa de telecomunicaciones con la mente puesta en un inminente ascenso. Hasta que comete un pequeño error: darle mal una dirección a un desconocido por la calle (Darío Grandinetti) convierte su vida en un infierno, sometida a un acoso y derribo por parte del individuo en cuestión. Por si fueran pocos quebraderos de cabeza para Javier, el guaperas San (Hugo Silva) intentará arrebatarle su nuevo puesto de trabajo, y de paso a su mujer.

Ver a los dos veteranos actores a la gresca es, sin duda, lo mejor de la película. En un guion, escrito por el propio Lucas Figueroa, un poco deslavazado que persigue reiteradamente la risa fácil, la buena química entre Imanol Arias y Darío Grandinetti es sobreexpuesta con mucho acierto. Es más, juntos en pantalla consiguen con su buen hacer salvar escenas que resultan exageradas, de chascarrillo, faltas de ingenio, especialmente por el abuso del eterno tira y afloja entre españoles y argentinos. Un humor descarnado que, en cambio, muestra una realidad mucho más dramática. Una crítica feroz a la crisis económica mundial. A sus culpables, y a los que pagan por la mala práctica de una pequeña élite escasa de miramientos.

Aunque vaya destinada a un público sin demasiadas exigencias, Despido procedente es en muchas ocasiones una película tan divertida como disparatada. Sobre todo avalada por la vis cómica de la pareja protagonista. La risa es frecuente, y no se limita solo a las situaciones de humor. También tiene, y funciona, porque la convierte en una comedia nada convencional, un entramado de intriga y thriller con dosis de acción. Eso sí, con alguna que otra situación de lo más rocambolesca que pueden llegar a conseguir el efecto contrario de lo que pretenden.

En cualquier caso, es una película más que apropiada para pasar un buen rato, entretenido y alejado de pretensiones, avalada por unos actores que es un placer redescubrir una y otra vez. Como tal, el filme no decepciona. Consigue plantear la perspectiva de un plan agradable para una calurosa tarde de verano. Y, como añadido, hasta es posible que algún espectador salga del cine además reflexionando sobre los hilos que mueven los grandes conglomerados de poder y esa estafa llamada crisis.

LO MEJOR:

  • El maravilloso tándem que conforman Imanol Arias y Darío Grandinetti.
  • Unos solventes secundarios.
  • Algunos puntos de humor que sacan la carcajada.

LO PEOR:

  • La reiteración de chascarrillos poco ingeniosos.
  • Un guion en parte caótico.

 

María Robert

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