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DCC0hEl pasado martes, 17 de mayo, todas las organizaciones implicadas en lucha contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género celebraban el Día Internacional contra la LGTBfobia, una realidad que, desgraciadamente, nuestra sociedad no termina de superar y que afecta a miles de personas.

Recientemente se ha estrenado en nuestro país la película De chica en chica, una estimulante comedia llena de aciertos que ha visto lastrada su carrera comercial por englobarse dentro del llamado cine LGTB, un cine que apuesta por incorporar en sus tramas la realidad de un sector de la población condenado a esforzarse en demostrar que la orientación sexual de cada uno es algo personal, totalmente libre y necesariamente natural.

Sacar adelante De chica en chica no ha sido fácil, y su preproducción, producción y posproducción ha sido una carrera de obstáculos para sus responsables. Un desfile de complicaciones por sortear que han fortalecido a sus responsables y que, por supuesto, les han regalado momentos dulces, porque la victoria y los logros se saborean mejor cuanto más pedregoso ha sido el camino.

Resulta sorprendente, en el sentido más estricto de la palabra, que más de un medio declinara la invitación al pase de prensa de la película solo porque De chica en chica no es un comedia al uso, es decir, una comedia protagonizada por personajes heterosexuales. Y resulta mucho más sorprendente que, hoy en día, medios de comunicación cuya labor por encima de todo consiste en informar tomen este tipo de decisiones amparándose en argumentos tan débiles, tan poco valientes y tan conformistas.

En El Palomitrón hemos encontrado totalmente necesario y vital compartir con vosotros este especial sobre el uso de la etiqueta LGTB en nuestro cine, y para ello hemos reunido a Ruth Franco, Sonia Sebastián, Celia Freijeiro, (productora, directora, protagonista y de De chica en chica, respectivamente), Miguel Lafuente (director de contenidos del Festival Internacional LesGaiCineMad Madrid) y Juan Roures (compañero que colabora con sus textos en el medio LGTB dosmanzanas). Los implicados en la producción de una película, en su visibilidad y en su difusión reunidos para conversar en una animada (e interesante) charla para poner encima de la mesa una problemática que no solo afecta a nuestra cultura, sino también a nuestra sociedad.

Es menester agradecer de manera muy especial a Ruth Franco el fantástico escenario que nos brindó para poder celebrar esta mesa redonda, como también toca agradecer su asistencia a Fon López, redactor de El Palomitrón y cuyo dominio de la temática tratada resultó un gran apoyo para canalizar la información y la conversación, y a Gema Escudero, nuestra incombustible gráfica, que se ocupó de tomar todas las fotos necesarias para acompañar este especial.

 

LA WEBSERIE: GÉNESIS DE UN LARGOMETRAJE Y EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA SOCIAL

chicaHoy en día todos estamos familiarizados con las denominadas webseries, ficciones que normalmente cuentan con pocos medios y que han encontrado en la red su plataforma de difusión perfecta. Y estamos muy familiarizados con ellas porque la falta de medios es suplida en no pocos casos con una creatividad desbordante que nos brinda brillantes píldoras que atrapan nuestra atención gracias a su originalidad y unas tramas completamente libres, carentes de cualquier freno o imposición.

De chica en chica es la respuesta al éxito que cosechó la webserie Chica busca chica, que comenzó a emitirse en 2007 y pronto se convirtió en un fenómeno en la red al contar de manera desenfadada el día a día de un grupo de chicas lesbianas vecinas del barrio de Chueca.

La novedad de su temática se tradujo en una webserie de 16 capítulos que acumula cientos de miles de visionados. Es la semilla de De chica en chica. “Llegué a recibir una media de 200 o incluso 300 e-mails diarios de chicas de todo el mundo contándome cómo habían conseguido salir del armario, cómo habían conseguido contar a sus padres que eran lesbianas, cómo, de pronto, se habían dado cuenta de que no estaba mal lo que estaban sintiendo. Me confesaban que el enfoque de la webserie, su naturalidad, les hacía sentirse bien. Imagínate esto día tras día, desde el pueblo más recóndito de Estados Unidos hasta el rincón más remoto de Polonia. Fue un factor decisivo para que Celia, Ruth y yo viésemos que teníamos una responsabilidad que afrontar y nos dijimos: ¿Por qué no? ¡Vamos a hacerlo, a intentarlo!”, apunta Sonia Sebastián.

Ante esta avalancha de mensajes, era prácticamente imposible dar la espalda a una realidad que involucra a tanta gente. Surge la necesidad de aportar en la construcción de una sociedad tolerante, y surge la necesidad de tender la mano a todos aquellos cuya orientación sexual viva ahogada por razones de entorno, o personales. Surge la responsabilidad social con estos colectivos. ¿Y cuánto pesa este nuevo papel de responsabilidad a la hora de afrontar un proyecto? ¿Hasta qué punto esta responsabilidad contraída influye en la toma de decisiones?

De chica en chica El palomitrón
Celia Freijeiro y Sonia Sebastián en un momento de la entrevista

Celia Freijeiro lo tiene claro: “El arte, la cultura, el cine, la televisión… al final tratan de poner un espejo delante de la sociedad y de reflejar cómo vivimos, cómo nos amamos, cómo nos entendemos. Chica busca chica surgió de la necesidad de reflejar una realidad que estaba pasando en Madrid en aquellos momentos. Si bien yo me embarqué en el proyecto porque me pareció una idea sensacional y porque Sonia me contagió su ilusión por contar una historia que nunca se había contado, el éxito, que fue totalmente inesperado, nos descubrió que había una demanda, una necesidad que, en un principio, no fuimos capaces de calibrar. Nos creemos que somos muy modernos y que todo está completamente integrado, y nos equivocamos. El lesbianismo sigue siendo un tabú”.

Para Miguel Lafuente, director de contenidos de LesGaiCineMad, tampoco hay duda de que existe un público muy importante que encontró en la webserie algo más que una ficción de entretenimiento, algo que se ha traducido en la buena acogida de De chica en chica: “Cuando la programamos en el festival, la cinta ya se había estrenado en cines, y aun así, resultó uno de los pases más fuertes del festival. Mucha gente se quedó en la calle. Eso es una señal”.

Una señal que el equipo de Chica busca chica no tardó en captar: “De repente, la serie saltó a Estados Unidos, donde se editó en DVD y se exhibió en numerosos festivales: Filadelfia, Palm Springs… En todos había unas colas tremendas para ver la serie. Estábamos colapsadas, porque nos veíamos dobladas al brasileño, subtituladas al chino, al tailandés… Realmente empezamos a darnos cuenta del potencial de algo que habíamos concebido como algo muy pequeñito. Recuerdo un pase muy discretito que hicimos en la sala Costello, al que acudieron 4 o 5 chicas que, entre lágrimas, nos contaron su historia. Son momentos que marcan y que, finalmente, te convencen de que hay que hacer algo más”.

Además, y como acertadamente indica Miguel Lafuente, hay que actuar (cuanto antes mejor) para poder ayudar a las personas que necesitan una mano en su entorno que les ayude a comprender lo que sienten, lo que experimentan, especialmente en edades tempranas. “LesGaiCineMad lo organiza Fundación Triángulo, una ONG que lucha por los derechos de los transexuales y, en el caso de la transexualidad infantil, se está haciendo mucho junto a Crhysalis, se están dirigiendo muchos esfuerzos. Porque es muy importante que para que una persona se sienta realizada se actúe pronto, que se descubra pronto este plano, que se acepte su transexualidad pronto, su verdadero sexo. Cuanto antes se inicie este proceso de cambio, mucho mejor será el resultado, tanto a nivel físico como psicológico“.

No cabe duda de que el papel del cine o la televisión en la sociedad actual es clave para alcanzar esta ansiada normalidad. Su potencial es espectacular y su naturaleza masiva los convierte en canales de excepción para trasmitir mensajes a la sociedad, y que esta los somatice, construyendo así un mundo mucho más tolerante, un mundo para todos.

SACANDO ADELANTE UN PROYECTO LGTB

De chica en chica y el uso de la etiqueta LGTB en nuestro cine. El Palomitrón
Carla Freijeiro y Sonia Sebástián lo respondieron todo

Con toda la razón del mundo, Celia Freijeiro apuntaba que nuestra sociedad peca a veces de un exceso de tolerancia que, finalmente, se queda en un mero escaparate. En el caso de la homosexualidad, si bien es cierto que la masculina ha sido abordada por el cine en innumerables ocasiones, el plano lésbico siempre ha sido mucho más ignorado (o silenciado) en la ficción. En nuestro cine, sin ir más lejos, pocos son los roles lésbicos que hemos visto en pantalla, y si excluimos de esta lista aquel cine que presenta el lesbianismo bajo la mirada masculina, con un fuerte componente sexual (hablamos del cine de terror de bajo presupuesto de la década de los 70 y de ese cine liberado y desatado que se rodó en albores de la democracia), pocos ejemplos nos quedan si hablamos de un tratamiento riguroso que busque la concienciación colectiva. Quizá Carne apaleada (Javier Aguirre, 1978), Entre tinieblas (Pedro Almodóvar, 1983), Extramuros (Miguel Picazo, 1985) o A mi madre le gustan las mujeres (Inés París, 2002) sean algunos de los ejemplos más claros a la hora de señalar cintas que han incorporado esta condición en su discurso fílmico, apelando directamente y sin tapujos a la construcción de una identidad lésbica colectiva.

chicaenNo obstante, De chica en chica se aleja mucho de los cánones porque apuesta por la comedia, y deja atrás a los personajes lésbicos tradicionales, acostumbrados a vivir su condición sexual como un problema o una consecuencia que les distancia de la sociedad, y que se afronta en la intimidad del hogar normalmente. De chica en chica se distancia (y acierta) porque sus protagonistas viven, celebran y disfrutan el lesbianismo en una comedia de situación que, pese a su frescura y fortalezas, también tuvo que toparse con los inexorables escollos que acompañan a este cine, porque idearla es una cosa y hacerla realidad, lamentablemente, otra.

Celia Freijeiro recuerda con mucha amargura el proceso de búsqueda de financiación: “Cuando nos pusimos a hacer la película fue cuando realmente nos dimos de bruces con el problema que acompaña a las producciones de esta naturaleza. Las cadenas no querían producir la película porque les daba miedo. Leían el guion y se tronchaban delante de nosotras, pero a la hora de la verdad no se comprometían a proponerlo en sus comités si no hacíamos cambios notables en la película. Cuando hablo de notables hablo de hacer una película con protagonistas heterosexuales y relegar la condición homosexual a los secundarios, o cambiar la fiesta por la que todos se reúnen (la celebración de la llegada de la menstruación a una joven) por un cumpleaños. ¡Esa no era la película que queríamos hacer!”. Y prosigue: “El problema fundamental de este tipo de películas es la exhibición y que el dinero para hacer una buena campaña de comunicación brilla por su ausencia. ¿Cómo hago ahora para que la gente la vea? ¿De qué salas disponemos? Hay que competir con los carteles de Almodóvar o Paco León, pero sobre todo con el cine norteamericano, que tiene petadas las salas. De chica en chica la hemos distribuido nosotras, porque hemos llamado a muchas puertas, pero las condiciones eran insostenibles. ¿Cómo vamos a poner nosotras el dinero y luego repartir con la exhibidora los beneficios?”. 

Para Ruth Franco, una de las productoras de la película, la entrada de las televisiones en el tablero del cine ha sido totalmente clave, ya no solo para la financiación, sino también para la propia distribución: “Nosotros debemos dar la gracias a TVE por apostar de forma unánime por nuestro proyecto y apoyarnos en los derechos de emisión. El problema es que, al tratarse de una cadena española y que atraviesa una situación delicada, el apoyo no ha podido ser mayor. Tampoco debemos olvidar que no entró a producir, pero su apoyo en derechos de emisión ha sido muy importante para nosotros. Sin las cadenas produciendo es imposible tener empuje o tener visibilidad.”

Sonia Sebastián tampoco duda en afirmar que si, además, el proyecto se engloba en el cine LGTB, la cosa empeora: “Si es difícil para todos, cuando hablamos de cine LGTB la barrera es sin duda mayor. Ellos funcionan por ratios y piensan: a ver, ¿pero cuántos son, un 5 % de la población, un 1 %? Para ellos, solo la población LGTB está interesada en ver la cinta”.

Una realidad que, desgraciadamente, afecta a casi todas las películas que no comulgan con los requisitos necesarios para ser producidas por cadenas o productoras reconocidas. Una realidad que reduce el circuito de exhibición en muchos casos a las decenas de festivales que, gracias a Dios, campan por nuestra geografía, y que cada año van sumando nuevas pantallas para que el público, especialmente el de ciudades medianas y pequeñas, tenga acceso a historias fuera del circuito comercial, muchas veces las más interesantes y cercanas.

¿QUÉ HACEMOS ENTONCES CON LA ETIQUETA LGTB?

Alfonso caro sanchez de chica en chica el palomitron
La mesa redonda, casi al completo

Queda claro que la realidad LGTB es una asignatura pendiente aún en nuestro país y en otras muchas sociedades occidentales que presumen de haber superado hace tiempo el camino hacia una igualdad verdadera, y es por ello por lo que debemos preguntarnos entonces si el uso de esta etiqueta beneficia o, por el contrario, puede llegar a perjudicar.

A la hora de plantear las bases de la comunicación, el equipo de De chica en chica tuvo que plantearse el uso de esta etiqueta. “Por un lado, teníamos claro que había que usarla. ¿Cómo no vamos a decir que es una película LGTB? ¡La comunidad LGTB tenía que enterarse! Pero también es verdad que no me convencía mucho el uso de la etiqueta. Creo que hay que explicar las cosas siempre. La cinta tiene su espíritu, no hay duda, pero no está dirigida exclusivamente a este tipo de público. La familia, el amor, la mujer, la sanidad, la inseminación artificial… Se habla de tantas cosas que limitarlo a una “comedia de lesbianas” se nos antoja muy injusto”.

La etiqueta LGTB es polémica en este sentido. Efectivamente, ayuda a que sus colectivos conozcan y disfruten obras como De chica en chica, pero también pueden funcionar como freno para que un público más amplio decida interesarse por una película. No es extraño, a estas alturas, toparse con esta categoría en los catálogos de VOD, y que este tipo de cintas acaben en esta clasificación nos parece algo muy natural, pues hay también público que acude a estas categorías para llevar a cabo una primera criba sobre lo que va a ver. Si a alguien le apetece ver cine de acción o de autor, entendemos que pase lo mismo con el cine LGTB, y que un espectador pueda encontrar en sus películas no solo una historia que vivir, sino también una serie de planteamientos o situaciones con las que identificarse. Quizá lo correcto en estos casos es que una película como De chica en chica no solo habite en el universo LGTB, sino también en el de la comedia, junto a cintas tradicionales en las que la orientación sexual de los protagonistas no supone en sí una característica que destacar.

Para Miguel Lafuente: “La etiqueta debería sumar siempre, nunca restar. Gran parte del problema reside en las personas que tienen el dinero y los medios para que estas películas lleguen a la gente. Ellos no creen que vayan a gustar. Y, desgraciadamente, su aprobación o rechazo son vitales para que muchas iniciativas (no solo hablo de cine) lleguen a buen puerto o no. Una de las sedes que teníamos cerradas para LesGaiCineMad la perdimos por la presión hacia los propietarios de la sala. Con argumentos muy poco sólidos y asegurando que eso en su barrio no iba a gustar acabamos perdiendo el espacio”.

Juan Roures, como periodista de cine especializado, advierte que: “El problema de la etiqueta LGTB es que la gente lo ve como un contenedor de temática, sin importar la temática de las películas. Hace unos meses han coincidido Carol y La chica danesa en las carteleras y la gente hablaba de ellas como si fuesen cintas parecidas solo por estar etiquetadas como cine LGTB. Recuerdo que se hablaba de ellas como complementarias u opciones para el espectador. ¡Como si tuvieran algo que ver! Y no acaba ahí el problema de la etiqueta: lo que más preocupa es que esta tiene un carácter excluyente. Una película de violinistas cuenta con el favor del público en general y, en concreto, de los aficionados a este instrumento o la música clásica. En el caso de la etiqueta LGTB esto no pasa, porque una gran parte del público piensa: “Esta película no es para mí”. Con todo esto, creo que es una etiqueta necesaria, porque es necesario especificar que existen películas que escapan al modelo clásico heterosexual para que su público lo encuentre”. Además, Juan Roures también encuentra en la función social de esta etiqueta un desvirtuamiento progresivo: “Hay un error muy usual al categorizar las películas LGTB. Hace poco, el British Film Institute hizo un listado de las mejores películas LGTB de todos los tiempos, y sí, efectivamente, la mayoría de las películas eran muy originales e independientes, pero no estoy muy de acuerdo con esa lista. Entiendo que, por cuestiones artísticas, muchas de esas películas gusten a la crítica, pero de esa lista tal vez solo 3 títulos me hubiesen ayudado a aceptar la homosexualidad, a naturalizarla, a entenderla”.

La falta de riesgo, instalada en muchas áreas de la sociedad (y especialmente en el cine) es también otro de los factores que condenan la etiqueta LGTB a ser bandera de un cine minoritario, tanto en títulos como en público. Encontramos, en definitiva, la etiqueta necesaria (pero no excluyente) de otro tipo de clasificaciones, en este caso la comedia, por ejemplo, o aquella que englobe también al cine español, sea cual sea el género. De chica en chica es, por encima de todo, una comedia. Perdérsela por entender que solo va dirigida a un colectivo determinado por la etiqueta LGTB es renunciar a una de las comedias más frescas del cine español de los últimos años.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS EN LA DIFUSIÓN

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Nuestro redactor Fon López, junto a Miguel Lafuente y Juan Roures

No solo la sociedad está perdiendo su clase media. En el cine español parece que ya no hay sitio para las producciones medianas, y la proliferación de los medios digitales especializados ha supuesto un apoyo extraordinario para la industria, en especial para los pequeños proyectos.

Este papel de difusores y canalizadores asumido por los blogs de cine de manera natural resulta vital para que muchas películas tengan visibilidad. Si bien es cierto que en el caso de las películas etiquetadas como LGTB los festivales especializados muchas veces suponen la mejor plataforma para la difusión de estas cintas, es importante tener en cuenta el papel de los medios para que las películas puedan superar este acotamiento y llegar a un público más amplio. En este sentido, es interesante detenerse y reflexionar acerca del papel que juega el creador de contenido en los medios, porque en su mano está dar la espalda al producto y contribuir a su invisibilidad o darle una oportunidad para poder compartir con sus suscriptores las sensaciones y las opiniones que tras el visionado son modeladas con espíritu crítico.

Pero ¿hasta qué punto puede estar condicionado un crítico por su compromiso con una causa o realidad que viva (o le afecte) de una manera activa? ¿Es posible perder la objetividad a la hora de valorar una cinta en beneficio de un bien colectivo?

Juan Roures lo tiene claro: “Hombre, desde luego que mi orientación sexual me empuja a intentar dar toda la visibilidad que puedo al cine LGTB, pero como crítico no soy necesariamente más benévolo con estas películas. Al revés, justo porque estoy muy metido en el tema sé cuándo una cinta aporta algo, y quizá incluso soy más riguroso. Mi condición sí ayuda a valorar aspectos, o incluso frases o expresiones, que seguramente pasarían desapercibidas para la crítica en general. Creo que es muy importante en este sentido que la crítica entienda no solo los productos LGTB, sino también a su público. Que definitivamente se pongan en el lugar y adopten nuevas perspectivas. Nosotros llevamos toda la vida visionando títulos dirigidos a heterosexuales, y es justo también pedir un esfuerzo a la crítica a la hora de juzgar las películas más allá de los parámetros clásicos estrictamente fílmicos en estos casos“.

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Nuestro redactor Alfonso Caro, conductor de la mesa redonda

Como hemos apuntado al principio de este especial, y uno de los motores que nos ha empujado a darle forma, es la reacción por parte de muchos medios (algunos de ellos muy conocidos) ante la convocatoria de prensa, que en muchos casos no obtuvo respuesta o fue rechazada directamente por tratarse de una convocatoria que presentaba un filme LGTB.

Para Sonia Sebastián, este episodio atesora algunas de las peores experiencias vividas por el equipo desde que se lanzaron a la aventura con el proyecto. “Pues hombre, te sienta mal. ¡No lo vamos a negar! Te preguntas el porqué de esta discriminación… Sin ir más lejos, en el pase de prensa una señora de un medio que no me quisieron ni decir se levantó a mitad de proyección diciendo textualmente que no podía más con tantos maricones. ¡Una persona de prensa! ¡Enviada por un medio de comunicación! Alucinante… Da mucha rabia“.

En la misma línea habla Miguel Lafuente: “LesGaiCineMad es probablemente el festival más grande de Madrid. Es el que más películas tiene, al que acude más público, el que cuenta con mayor número de secciones… y la prensa nos ignora totalmente. Es verdad que nunca nos han contestado con una negativa directa pero sí con su silencio. Y destaco que, últimamente, ya desde las últimas ediciones, sí estamos notando un mayor apoyo por parte de los medios especializados en Internet que no necesariamente son medios LGTB. Y es una pena, porque nuestro festival programa películas que han estado en Cannes, en Berlín… Títulos que la gente está esperando y se pierde por esta falta de apoyo por parte de los medios. Es un cine que interesa a todo tipo de público y que, lamentablemente, pasa muy desapercibido“.

Quizá todavía haga falta algo más de tiempo para que la sociedad sea realmente honesta y termine por reconocer lo mucho que falta por hacer para caminar por los senderos de la verdadera integración. Quizá también tengamos todos que trabajar un poquito más para alcanzar metas que deberían estar conquistadas hace ya tiempo, y poder presumir así de tolerancia y modernidad mirando a los ojos a todos los colectivos, sin confiar en que esta tarea corresponde a otros. Quizá algún día todos nos levantemos de la cama orgullosos de una sociedad que hemos contribuido a construir. Y quizá, y esto es lo mejor de todo, ese día no esté tan lejos.

Mientras tanto, desde El Palomitrón os animamos a descubrir De chica en chica, una película cuya frescura y falta de complejos acaba arrinconando los prejuicios sexuales en favor del cine. Porque De chica en chica es comedia en estado puro. Y sí, esa actriz que aparece brevemente en el tráiler es Jane Badler, la lagarta más famosa de la historia de la televisión.

¿Os animáis y compartís vuestra experiencia con nosotros?

 

 

Alfonso Caro

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