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Aquí viene la segunda parte del análisis que hemos realizado desde El Palomitrón sobre el Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona, con cinco películas más que han dado mucho que hablar.

Podéis repasar la primera parte del análisis aquí.

EL PERDUT, de Christophe Farnarier

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Febrero de 1994. Un hombre se refugia en la montaña con la intención de suicidarse, pero no se ve capaz y decide quedarse a vivir en la naturaleza. Christophe Farnarier dirige una obra de una radicalidad admirable, pues en la película hay un solo personaje, no hay diálogos y la única interacción del protagonista es con un perro.

Adri Miserachs hace un gran trabajo poniéndose en la piel del hombre perdido; aquí no tiene que memorizar unas líneas de diálogo, tiene que vivir el personaje y ciertamente lo consigue. Aunque El perdut desprende verismo y está filmado de forma más que correcta (con un par de planos bellamente fotografiados), quizás el guion está construido pensando demasiado en evitar todo artificio, y con ello se ha perdido en términos de implicación emocional con el personaje. A pesar de lo dura que es la vida en la naturaleza, no vemos al protagonista en situación grave de peligro y no podemos empatizar con él.

Con todo, subyace en El perdut (o así lo ha creído ver quien escribe estas líneas) un certero discurso: el hombre moderno es incapaz de vivir en la naturaleza sirviéndose únicamente de los medios que esta nos ofrece. Aunque al principio (cuando aún le queda munición) caza un jabalí para alimentarse e incluso fabrica un arco, nunca lo llega a utilizar, y acaba por robar alimentos de casas que parecen abandonadas. Que robe una revista llamada “actualidad” es una constatación de la imposibilidad de, no ya de “sobrevivir”, sino de “vivir” en la naturaleza. Se puede disfrutar de El perdut como una reflexión sobre la naturaleza o simplemente como obra radicalmente diferente, pero quizás hubiera estado bien trabajar un poco más el guion con tal de implicar más al espectador en el devenir de este hombre perdido, pues entre el puro artificio de El renacido y la autenticidad radical de El perdut existe un término medio.

CALLBACK, de Carles Torras

Biznaga_Oro_Festival_malaga_callbackCallback es otra de las películas españolas que se vieron en el festival, y, probablemente, la mejor de todas ellas. Cuenta la historia de Larry, un mozo de mudanzas de Nueva York que quiere convertirse en actor de anuncios. Es un personaje frío, con quien es muy difícil empatizar, y, sin embargo, aunque lleguemos a odiarlo, lo seguiremos con interés en una cinta que no deja ni un respiro.

Carles Torras, director, y Martin Bacigalupo, actor principal y coguionista con Torras, construyen aquí una divertida desmitificación del sueño americano, un thriller con aires a Taxi Driver que encandiló al público del festival. Martin ofrece una grandiosa interpretación en la que no vemos al actor, solo al personaje, y transmitirá de forma genial su locura y frialdad, pero también sus matices. El resto de actores, incluso los más secundarios, también hacen un buen papel, y la dirección sobria de Torras juega a favor de la película. Los estallidos de violencia son mostrados en pantalla de forma seca, nada explícita o gratuita, lo que ayuda a dar solidez a la seriedad del discurso y, por ende, de la película. Pese a ello, Callback no abandona un oscuro sentido del humor, por lo que algunos espectadores podrán considerar al filme de Torras como una comedia negra, y otros un thriller sombrío de difícil digestión.

KAILI BLUES, de Bi Gan

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De un thriller ambientado en Nueva York pasamos a la ópera prima de Bi Gan, un cineasta chino que está dando que hablar con esta su primera película. En Kaili Blues seguimos los pasos de Chen Sheng, que emprende un viaje para buscar a su sobrino Weiwei. Su hermano, padre de Weiwei, apenas presta atención a su hijo, e incluso amenaza con venderlo, así que Chen Sheng decide hacerse cargo de su sobrino, que se encuentra pasando unos días con un conocido.

Por el camino, para en Dang Mai, un pueblo en medio de la nada al margen de la civilización. A pesar de tener momentos ciertamente tediosos, una vez el protagonista llega al pueblo, la película se convierte en una experiencia hipnótica, con un plano secuencia larguísimo que consigue captar la vida del pueblo con un lirismo conmovedor. De pronto, conocemos varios personajes, y, sin presentación alguna, cobran vida. Todos los actores hacen un trabajo genial, llegan a mimetizarse con los personajes que interpretan como pocas veces vemos en una película. La naturalidad de unos actores en estado de gracia, una rigurosa planificación, una cámara que filma magistrales retazos de vida y un guion sencillo pero veraz consiguen que, como espectadores, nos adentremos en la vida de esos lugareños de Dang Mai sin ningún esfuerzo.

Aunque el principio se puede hacer aburrido y hay varios momentos en los que la cámara se mueve de forma demasiado brusca (lo que nos saca un poco de la película), Kaili Blues es una estupenda ópera prima, una película mágica de un director que, si consigue pulir su estilo y remendar las flaquezas aquí vistas en próximas películas, se convertirá en uno de los cineastas más importantes de la cinematografía asiática.

600 MILLAS, de Gabriel Ripstein

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Interesante ópera prima de Gabriel Ripstein, una aproximación al mundo del contrabando de armas en la frontera EE. UU.-México con una perspectiva realista, alejada de los clichés que pueden asomar en la mayoría de cintas estadounidenses de la misma temática.

La película empieza con varias escenas en las que uno de los personajes compra armas en varias tiendas de Estados Unidos. Como si fuera el documental de Michael Moore Bowling for Columbine, vemos la facilidad con la que se pueden comprar armas, y más alarmante resulta, si cabe, al tratarse de un joven más bien desequilibrado como el que se describe en la película. Ripstein retrata la hipocresía del negocio cuando el joven compra una de las armas y el dependiente de la tienda le dice algo así como: “Ahora tienes un arma. Úsala con precaución”.

Más allá de esa necesaria crítica a la industria armamentística, la película ofrece también dos buenas interpretaciones de sus dos protagonistas —entre ellos Tim Roth, que también produce—, una historia que se siente auténtica y un par de estallidos de violencia mostrados sin cortes y sin artificios. A pesar de la sobriedad narrativa y de dirección, el filme tiene un buen ritmo y solo se puede echar en cara, quizás, un final algo apresurado y confuso. Pese a ello, 600 millas es una gran ópera prima que nos hace esperar grandes cosas de Gabriel Ripstein.

ALOYS, de Tobias Nölle

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Procedente de la poco conocida cinematografía suiza, el joven director Tobias Nölle Aloys ofrece un curioso retrato de dos almas perdidas, una pequeña pero entrañable película que se hace grande en su modestia.

Cuenta la historia de Aloys, un detective que acaba de perder a su padre y que no consigue seguir adelante. Se dedica a grabar a la gente con tal de descubrir lo que esconden y luego repasa horas y horas de grabación. Todo cambiará cuando un día se emborrache en un bus y una mujer robe sus cintas de vídeo.

Con un inicio en el que se nos presenta al protagonista de la cinta (Aloys) y en el que no sabemos muy bien qué tipo de película estamos viendo, cuando Aloys empiece a hablar con la ladrona de cintas la película tomará unos derroteros completamente distintos, abandonando la frialdad inicial por una entrañable excentricidad, con varios momentos cómicos que alivian el tono melancólico del filme.

Aloys es una pequeña película con un curioso sentido del humor que emociona sin necesidad de artificios ni manipulaciones; es el ejemplo perfecto que justifica la existencia de un festival como el que aquí se ha analizado, pues nos descubre pequeñas joyas que nunca hubiéramos descubierto en los circuitos comerciales.

Pau Garcia

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