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LOS ANTECEDENTES

El divorcio es una práctica social habitual, como también lo es desgraciadamente el gravísimo problema de la violencia de género. En España tenemos un largo historial en rodar películas sobre esta temática, siendo Te doy mis ojos (dirigida por Iciar Bollaín y escrita a cuatro manos con la excelente guionista Alicia Luna) el mayor referente. Xavier Legrand, que debuta en el largometraje con Custodia compartida, ya había dado muestras de su afán por poner el foco en la violencia doméstica en su cortometraje Antes que perderlo todo, por el que fue nominado al Oscar. Los premios en Venecia (Mejor director y Mejor ópera prima) y San Sebastián (Premio del público a la Mejor película europea) hacían presagiar que su paso al formato largo iba a dar, como mínimo, una película notable.

LA PELÍCULA

Lo que nos encontramos no es una película notable, sino una sobresaliente. Dura. Asfixiante. Brutal. Un estilo de cine que se apoya en el realismo para hacernos temblar de miedo y rabia. Que no necesita recurrir a artificios para mostrar el infierno de los malos tratos. Que está escrita con tanta inteligencia como corazón.

En ella, un matrimonio de mediana edad tramita su divorcio. Ella (Léa Drucker) pide la custodia completa de su hijo menor (Thomas Gioria), ya que la mayor (Mathilde Auneveux) está a punto de cumplir la mayoría de edad. Alega malos tratos por parte de su exmarido (Denis Ménochet) y aporta el testimonio de su hijo, que no quiere ver a su padre. Sin embargo, la jueza encargada del caso no ve indicios de peligro y falla en favor de la custodia compartida.

Los maltratadores acostumbran a poseer la habilidad de tergiversar los hechos y aparentar cordialidad frente a terceros. Pero el demonio habita en cada reproche silencioso, en cada palabra amenazante, en cada puño en alto. Legrand sabe que un grito en pantalla puede hacer saltar de su butaca al espectador, pero que un silencio prolongado, un silencio cargado de violencia, puede hacer que el espectador se encoja, que se sienta intimidado, que experimente el terror en su piel.

Y es que Legrand ha rodado, inevitablemente, una película de terror. Dirigida con austeridad y pulso narrativo, Custodia compartida no solo es un logro dentro del cine social; es un logro cinematográfico en general. Una película que no ofrece nada necesariamente novedoso pero en la que cada elemento está perfectamente ensamblado.

ELLOS Y ELLAS

Thomas Gioria, como el hijo cuya custodia está en disputa, es una revelación prodigiosa, a la altura de la Brooklynn Prince de The Florida Project o el Jacob Tremblay de La habitación. Sus escenas en el coche junto al padre son las más tensas y las mejor interpretadas. Sus llantos reprimidos, su miedo contenido, sus esfuerzos por ocultar a su progenitor los detalles privados de su vida… Thomas Gioria está tan bien que resulta creíble hasta el punto de no parecer que está interpretando un papel.

La pareja de la discordia, Denis Ménochet y Léa Drucker, también destaca por su brillantez. Drucker otorga a su personaje una fortaleza singular, dando a entender que las víctimas de malos tratos no siempre son mujeres débiles, ni sumisas, ni cobardes; son mujeres perfectamente normales con maridos que son perfectos monstruos. Ménochet, por su parte, resulta algo más obvio en su caracterización (es el prototipo de hombre grande, retraído, irritable), pero consigue con sus miradas exasperadas y cargadas de ira que sintamos escalofríos ante su presencia.

LA SORPRESA

No es cine social al uso. Custodia compartida nos ofrece la posibilidad de contemplar la historia como un thriller sin por ello despegarse de la realidad de la que habla. La otra sorpresa es Thomas Gioria.

LA SECUENCIA/EL MOMENTO

El decimoctavo cumpleaños de la hija mayor. Canta Proud Mary sobre un escenario ante amigos y familiares. El público aplaude y corea, pero ella está inquieta. Observa el ir y venir de su madre y su hermano pequeño. Algo sucede en el exterior, pero desde el escenario es incapaz de saber de qué se trata. El público, inconsciente, no se percata de la tormenta que se ha desatado en el centro de la fiesta. Y ella no puede más que seguir cantando.

TE GUSTARÁ SI…

…eres de los que no aparta la vista cuando la realidad se vuelve desagradable.

LO MEJOR

  • Los actores, con mención especial para Thomas Gioria.
  • La tensión asfixiante que sostiene la narración.
  • La escena final, una de las más terroríficas del año.

LO PEOR

  • Nada que objetar.

Alex Merino

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