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Todos los actores que conforman cuerpo de élite. El Palomitrón.

Las obras que tienen como protagonistas a las fuerzas del ley han sido numerosas, y las que han usado su institución como blanco de la parodia también han sido unas cuantas. El filme dirigido por Joaquín Mazón es una comedía que elige este segundo camino, y vuelve a suponer una nueva incursión del cine patrio en un subgénero que vivirá siempre a la sombra de la popular saga de Loca academia de policía. Por desgracia, su homóloga española no alcanza ni de lejos a la versión norteamericana. La película retrata, sin demasiado tino, a varios cuerpos policiales pertenecientes a la península ibérica.

El ministro del Interior recupera un cuerpo de élite creado durante la transición para erradicar los peligros que asolaban entonces España. Un cuerpo que cuenta con diferentes miembros del sector policial: una guardia civil, un ertzaina, un legionario, un mosso d’ esquadra y un agente de movilidad. Ellos serán los encargados de poner fin a una cédula terrorista que amenaza con poner en peligro la seguridad del país.

Cuerpo de élite intenta salvar España. El Palomitrón.

Esta brigada de élite representa diferentes pueblos españoles de forma parecida a Ocho apellidos vascos. El mayor rasgo distintivo de todos los personajes es su lugar de origen. El humor no es del tipo “caca, culo pedo, pis”, pero tampoco ofrece mayor profundidad. No esperen acidez o tintes negros. Muchas de las bromas están cargadas de prejuicios, y casi todas resultan innecesarias. Muy pocas terminan funcionando. El gag físico tampoco está explotado y quizá lo que mejor acabe funcionando es la crítica a la clase política, que queda retratada a la perfección. Pese a que existe algún intento por introducir algo de frescura en algunos momentos, lamentablemente hablamos de momentos muy escasos y puntuales. Parece que finalmente ha vencido la falta de arrojo y originalidad a la hora de querer divertir al espectador.

Todos estos problemas pertenecen al guion, un guion que acostumbra (este mal hábito es característico de las obras que anteponen la producción frente al guion) a flaquear, y busca constantemente soluciones sencillas que resultan artificiales. Así, los personajes son presentados de forma fácil a través de flashbacks que los definen (recurso muy utilizado últimamente), y no falta el trauma insulso e innecesario para definir al protagonista, y que poco o nada aporta a la trama.

Carlos Areces. El Palomitrón.

Pero no todo iba a ser un pequeño desastre. La producción es colosal. Pero sus explosiones, escenarios con cientos de figurantes y sus bien planificadas escenas de acción no consiguen disimular la enclenque historia, aunque sí salvar los muebles en un momento dado. Un increíble trabajo que ha podido realizarse gracias al estimado Fernando Bovaira, encargado de producir grandes obras del cine español. Los efectos están muy bien hechos: no hay pegas en los apartados visuales y técnicos. Este logro no es ostentado por muchos filmes de su categoría y es un gran punto a favor.

En el plano interpretativo, Carlos Areces sobresale (algo habitual si tenemos en cuenta su talento), junto con María León y un sorprendente Jordi Sánchez. El actor catalán dota de un carisma especial a su personaje, le confiere ritmo, y consigue eclipsar a sus compañeros más experimentados. Y es que pesar de las repetitivas bromas que posee su personaje, Areces consigue sacar una sonrisa gracias al calor de su interpretación (aspecto que no consigue la brigada de élite en conjunto).

Cuerpo de élite es una opción perfecta para aquellos que disfrutan de las risas y la acción. Afortunadamente, posee un gran elenco y equipo técnico (algo tenía que salvarse). Existen buenas ideas, pero estas se quedan en meras pretensiones y no son llevadas a buen término. Una lástima.

LO MEJOR:

  • Su plantel de actrices y actores.
  • Las labores en los apartados técnicos de la cinta.

LO PEOR:

  • Chascarrillos pesados y casposos.
  • El guion opta casi siempre por recurrir a lo fácil. Parece que no pensaron más de dos veces algunas cuestiones.

 

Isabel García

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