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Como colofón a unos meses en los que nos hemos encontrado con la noruega KON-TIKI y la francesa EN SOLITARIO, los amantes del mar tienen una cita con el nuevo filme de J.C. CHANDLOR (MARGIN CALL, 2001). CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO se aleja de las dos primeras porque su carácter (y su alcance) es mucho más comercial, y por ello más espectacular y mucho más mediática. Aunque comparte temática y protagonista no acreditado con las anteriores (el mar), la estela que sigue no es la misma. CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO es un filme que juega en la liga de los grandes, algo que queda patente si consultamos la marea de premios y nominaciones (incluso las que no fueron) que confluyen en torno a esta nueva vuelta de tuerca dentro del subgénero de supervivencia, que tan en boca de todo el mundo ha estado en los últimos meses gracias al fenómeno GRAVITY.

J.C. CHANDLOR se arriesga mucho y plantea una premisa tan aséptica, economiza al máximo la información, que el espectador no podrá hacer otra cosa más que observar, privado de opciones que le inviten a involucrarse o emitir  juicios de valores. La película arranca con nuestro protagonista (del que por no saber no sabemos ni el nombre) ya en alta mar. Su letargo se verá alterado cuando su embarcación choca con un contenedor comercial que flota a la deriva, evento que sirve de pistoletazo de salida para el festival de infortunios que acechan al Virginia Jean, el velero que nuestro protagonista luchará por mantener a flote. Todas las medidas para hacer frente a la adversidad serán mostradas pero no explicadas, transformando esa economía de información de la que hablábamos antes en casi un dogma. Esta invitación es verdad que resulta muy interesante siempre que el espectador entre en el juego, pero si éste no abraza la propuesta corre el riesgo de perder el interés. Es el riesgo que asume CHANDLOR y también su principal punto conflictivo. CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO no es para todos los públicos.

 

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El personaje que interpreta ROBERT REDFORD comulga a la perfección con el planteamiento del director norteamericano. Prácticamente tiene tres líneas de texto durante toda la película, y estamos hablando de 108 minutos, lo que unido a la falta de información que tenemos sobre él provoca un distanciamiento notable con el espectador. Este alejamiento de él también se ve acentuado por un comportamiento excesivamente controlado y calmado en todas sus reacciones (ojo al momento que elije para afeitarse), aspecto que le deshumaniza y sirve como obstáculo definitivo para que el espectador se implique emocionalmente en todo lo que está viendo. Mientras la reciente GRAVITY nos presentaba al personaje de la doctora Stone, una mujer que acababa de perder a su hija y que llegaba a perder las ganas de vivir para luego recuperarlas, estableciendo un formidable vínvulo emocional con el público de medio mundo, el protagonista de CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO es tan frío (hay que esperar 80 minutos para oirle gritar una exclamación que más de uno hubiésemos gritado nada más empezar la película) y se descuelga tanto del plano emocional que termina obstaculizando un disfrute mucho mayor de la película, y quizás, quién sabe…, estemos hablando de un punto que puede haber pesado para que REDFORD se haya quedado finalmente sin su anhelada nominación.

 

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Las buenas noticias para todos lo que aceptéis el guante de CHANDLOR es que os espera una película muy bien rodada, sin prisas, en la que la cámara disfruta de total libertad para asomarse a todos los rincones del velero. En el terreno técnico destacan algunos planos que subrayan la soledad del Virginia Jean en la inmensidad del oceano, una recreación bastante realista de cómo se las gasta una tormenta en mar abierto, una potente B.S.O. (ganadora del Globo de Oro) y un sonido realmente tan trabajado y conseguido que la ha valido la nominación a los Mejores efectos de sonido, y aquí los norteamericanos no se andan con tonterías. Si está nominada es por algo.

Para los aficionados a la naútica y los espectadores sin prisas es una cinta muy recomendable. Para los incondicionales de ROBERT REDFORD es obligada.

 

 

LO MEJOR:

  • ROBERT REDFORD, que con 77 años soporta toda la película y sale airoso de un rodaje que echaría para atrás a muchos actores bastante más jóvenes que él.
  • La sensación de verosimilitud que desprenden casi todas las situaciones de la cinta.

 

LO PEOR:

  • EL planteamiento del director. Su decisión de anular cualquier vínculo emocional con el protagonista.
  • Que algún despistado la confunda con LA TORMENTA PERFECTA y no sepa disfrutarla.

 

 

Alfonso Caro

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