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Al fin ha pasado. La 88.ª edición de los Oscar será recordada, sobre todo, por el Oscar que la Academia tanto le había negado a Leonardo DiCaprio. También como otro año en el que una actriz principal se ha llevado el premio a la Mejor secundaria. O el año en que Sylvester Stallone estuvo nominado a algo que no fuese un Razzie. Porque, en general, los cuatro premios dedicados a los actores cada año son lo más comentado en todas las ediciones y, al margen de polémicas como Crash vs. Brokeback Mountain, lo que más causa debates (y enfados) entre el público. A todos nos gusta más comentar las grandes interpretaciones del año y no tanto cuál ha sido el mejor maquillaje y peluquería.

A continuación hemos seleccionado una pequeña muestra de casos en los que las opiniones de los académicos y el pueblo llano general difirieron y fueron estos últimos los visionarios. Las siguientes interpretaciones se fueron de vacío en sus respectivas galas, pero consiguieron trascender en la historia del cine, lo cual es mucho más complicado:

 

1951: 23.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Judy Holliday sorprendía a propios y extraños cuando recibió la estatuilla a Mejor actriz por su papel en Nacida ayer (George Cukor, 1950) en un año de competencia feroz. Su Billie Dawn era simpática y su gamberro (y luego domesticado) personaje cayó muy bien al público.

¿Quién debería haber ganado? Aquel mismo año la legendaria Bette Davis estaba nominada por su impecable interpretación en la no menos célebre Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), y habría sido una dignísima vencedora, pero aquel Oscar tenía otro nombre: Gloria Swanson volvía al cine por la puerta grande con un valiente (y decadente) personaje que parecía tener mucho de autobiográfico en El crepúsculo de los dioses  (Billy Wilder, 1950). Su Norma Desmond es historia, y era la oportunidad perfecta para reconocer la labor de una de las intérpretes más populares del cine mudo norteamericano.

 

1955: 28.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Ernest Borgnine se llevó los premios más importantes de aquel año por Marty (Delbert Mann, 1955), donde era un solterón que salía todas las noches con sus amigos para intentar encontrar al amor de su vida (o lo que surja…) en la era pre-Tinder.

¿Quién debería haber ganado? James Dean conseguía la primera nominación póstuma de la historia por Al este del Edén (Elia Kazan, 1955), una película irrepetible donde interpretaba a la oveja negra de una familia que lo único que deseaba era amor paternal. El mítico actor creó un personaje incomprendido y solitario que sería imitado hasta la saciedad. Ni consiguiendo una de las mejores interpretaciones que se han visto en pantalla logró el mayor reconocimiento de Hollywood, tal vez porque los académicos pensaron que era absurdo premiar a alguien que ni podría agradecerlo ni acudir a la gala.

 

1963: 35.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Anne Bancroft se hacía con el premio a Mejor actriz por El milagro de Anna Sullivan (Arthur Penn, 1962), donde interpretaba a una maestra que ayuda a una niña sorda y ciega a adaptarse al mundo real, y de paso intenta redimir sus traumas pasados.

¿Quién debería haber ganado? Aunque Bancroft era digna de elogio por su Anna Sullivan, el Oscar de ese año debería tener otro nombre grabado: Bette Davis. Su interpretación en ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962) era un salto al vacío para cualquier actriz, pero en una época en la que ya no tenía nada que perder, consiguió uno de los papeles por los que más se la recuerda. No hay descripción posible para su Baby Jane: lo mejor es que corráis a verla y comprobéis lo que es ser una estrella en todas sus vertientes. Sus peleas con Joan Crawford dentro (y fuera) de la pantalla todavía nos hacen vibrar.

 

1977: 49.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Richard Dreyfuss era reconocido como Mejor actor por La chica del adiós (Herbert Ross, 1977), donde interpretaba a un actor fracasado que se ve obligado a compartir piso con una mujer y su hija. Pero aquel año había un rival (mucho) más fuerte.

¿Quién debería haber ganado? Marcello Mastroianni estaba superlativo en Una jornada particular (Ettore Scola, 1977). Es mejor no revelar demasiado de su personaje para hacer de la cinta una experiencia plena, pero el actor tiene tantos momentos de lucimiento que uno solo puede achacarle a la incómoda temática de la cinta que los Oscar no premiasen semejante interpretación.

 

1989: 61.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Jodie Foster ganó el primero de sus dos Oscar a Mejor actriz por interpretar a Sarah Tobias en Acusados, una joven que denuncia haber sido asaltada sexualmente por un grupo de hombres. Foster estaba estupenda y tenía un personaje que daba muchas oportunidades de lucimiento, pero ese año había una competidora de otro nivel.

¿Quién debería haber ganado? En Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988) no hay ni rastro de Glenn Close. La actriz se funde en un icónico personaje, la marquesa de Merteuil, que no necesita de grandes escenas para demostrar que se puede ser una villana muy comedida (al menos hasta el clímax) y sus últimos 5 minutos en pantalla se quedaron grabados en la retina de todos los espectadores. Su derrota solo puede ser denominada como ultraje. Años atrás también sufrió la misma suerte en la ceremonia cuando se fue de vacío por Atracción fatal.

 

1993: 65.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Marisa Tomei se hacía con una amarga victoria como Mejor actriz secundaria por Mi primo Vinny (Jonathan Lynn, 1992) cuando medio mundo puso en duda su premio al establecerse la leyenda urbana de que Jack Palance no había leído el nombre que aparecía en el sobre. Aunque ese rumor fue desmentido posteriormente, el auténtico Oscar para Tomei debió conseguirlo por En la habitación (Todd Field, 2001).

¿Quién debería haber ganado? Judy Davis se adueñaba de cada (largo) plano en Maridos y mujeres (Woody Allen, 1992); además, tenía las mejores líneas de diálogo y ofrecía un recital divertidísimo sobre los problemas del matrimonio (y la separación). Segunda, y última, nominación de una actriz con una filmografía que, en general, no está a la altura de su enorme talento.

 

2001: 73.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Julia Roberts conseguía el Oscar que Hollywood estaba deseando proporcionarle gracias a su Erin Brockovich (Steven Soderbergh, 2000), cinta en la que la actriz ejercía de salvadora para un pequeño pueblo norteamericano.

¿Quién debería haber ganado? En una de las mayores injusticias de la Academia, Ellen Burstyn se quedó sin premio por Réquien por un sueño (Darren Aronofsky, 2000) en favor de la estrella femenina más popular de los 90. No había excusa posible para semejante ultraje, pero el tiempo lo pone todo en su lugar y hoy son muchos más los defensores de Burstyn que de la ex-Pretty Woman.

 

2004: 76.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Renée Zellweger se llevó el Oscar a Mejor actriz secundaria y casi todos los premios de la temporada por interpretar a una paleta de buen corazón que enseñaba a Nicole Kidman a subsistir en medio de la guerra de Secesión en Cold Mountain (Anthony Minghella, 2003) y tenía una complicada relación con su padre. ¿Le ha servido de mucho? Al contrario. Zellweger solo ha participado en una película decente desde entonces: Cinderella man, hace ya once años.

¿Quién debería haber ganado? No puede haber discusión posible: lo que hizo Shohreh Aghdashloo (bueno, y el resto de actores) en Casa de arena y niebla estuvo tan por encima de cualquier premio que todos la ignoraron. Si en los Oscar son reticentes a premiar actores negros, mucho más con los iraníes.

 

2006: 78.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? Reese Witherspoon se alzaba con el premio a la Mejor actriz por interpretar a June Carter en el biopic de Johnny Cash, En la cuerda floja. Una interpretación muy del gusto de la Academia (ríe, canta, llora), a pesar de ser realmente un personaje secundario.

¿Quién debería haber ganado? Felicity Huffman, en pleno apogeo de Mujeres Desesperadas, interpretaba a un transexual que descubre haber tenido un hijo cuando todavía era un hombre en Transamérica. La actriz estaba gigantesca en un complicadísimo rol por el que recibió un montón de premios, pero no el más codiciado de Hollywood. En cualquier caso, aunque no ha tenido demasiadas ocasiones para brillar en la pantalla grande, actualmente podemos disfrutar de Huffman en American Crime.

 

2012: 84.ª edición de los Oscar

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¿Quién ganó? La mayor leyenda viva de nuestro tiempo, Meryl Streep, se llevaba su tercer Oscar por interpretar a Margaret Thatcher en la poco realista La dama de hierro (Phyllida Lloyd, 2011), y, aunque no hay queja posible ante semejante interpretación, ese año había una rival más fuerte.

¿Quién debería haber ganado? Rooney Mara fue la revelación de aquel año. Si poco antes nos había horrorizado (en el sentido más despectivo) en el remake de Pesadilla en Elm Street (Samuel Bayer, 2010), en la revisión norteamericana de Milllennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011) desaparecía la actriz a favor del personaje. Aquí solo vemos a Lisbeth Salander. Conseguir semejante papel fue una odisea para la actriz, pero no pudo tener mayor vehículo de lucimiento para demostrar que de verdad viene de otra galaxia.

 

¿Qué hay mejor que los encendidos debates acerca de por qué fulanita ganó un Oscar por recibir un botellazo en la cabeza por parte de Sarah Paulson o por qué menganito ganó el premio solo porque se lo debían? En el fondo, y gane quien gane, los Oscar son una farsa. Todos los sabemos y todos entramos igual en el juego. Ganar no significa la gloria. Nadie te recordará por ganar un Oscar (¿cuántas nominaciones logró Marilyn Monroe? Cero) y tu carrera puede irse a pique con o sin él. Pero qué felices somos cuando gana nuestro favorito. Todas las horas que pasamos reivindicando gente que ni siquiera ha estado nominada o a otros que han ganado por no hacer nada (ejem, Sandra Bullock) son horas hablando de cine.

 

 

José Cruz

4 Comentarios

  1. Muy cierto el ejem final a Sandra Bulock. Y sí: Felicity Huffman debería tener su Óscar por Transamerica, a Reese ya la premiarían en otra ocasión… En cuanto a 1950, dos grandes se quitaron puntos entre sí por dos de las mejores interpretaciones de la historia, qué mala suerte que coincidieran (la propia película, ‘El discurso de los dioses’, habría ganado muchas más estatuillas de participar en otra edición… Pero ‘Eva al desnudo’ se lo puso taaaan difícil…).

    • Sí, que Eva al desnudo y El crepúsculo de los dioses coincidiesen el mismo año fue una catastrófica desdicha, porque ambas son superlativas. Lo de Reese Witherspoon siempre me costará entenderlo, porque la Academia nunca le ha debido nada.