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En junio de 2013, en una habitación del hotel Mira de Hong Kong se cocinaba una de las bombas de los últimos tiempos. Pero la preparación había empezado meses antes, en Enero de ese mismo año…

EDWARD SNOWDEN es uno de los últimos héroes antiamericanos. Para aquellos que anden despistados, este joven es un ex trabajador de la CIA y de la NSA que en el verano de 2013 salió del anonimato armando un torbellino a escala mundial por hacer públicas documentos que hablaban sobre la vigilancia de Washington dentro de su propio país. Tal documentación evidenciaba que La agencia de Seguridad Nacional había espiado millones de correos, reuniones telefónicas, mails de ciudadanos poniendo como excusa la defensa del terrorismo.

Así el mundo entero conoció al americano, pero LAURA POITRAS le había conocido personalmente en enero de ese mismo año. La documentalista comenzó a recibir correos cifrados de un tal “Citizenfour” (el propio SNOWDEN). Meses más tarde se reunió con él, y el resultado es este proyecto, que pese a su espíritu apátrida (como muchos podrían tachar), se ha llevado el pasado 22 de febrero el Oscar a Mejor Documental, lo que no quita que la seguridad de sus creadores estén en peligro tras desatar la controversia.

 

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Gracias a las preguntas del periodista GLENN GREENWALD, el consultor iba desenmascarando uno de los escándalos sobre la vigilancia masiva a los ciudadanos. Y como bien se explica nada más empezar este documental, el chico también se puso en contacto con la directora. La realizadora firma el manifiesto de cómo fue la mayor filtración de la historia. La misma POITRAS guiará con su voz en off el relato, que sitúa en la semana previa a que la bomba mediática explotase.

Como si de una película policíaca se tratase, tanto su protagonista como la directora se exponen a un alto riesgo. Bajo esa misiva se mueve este reportaje, con carácter solemne y sincero. Pero inmiscuyéndose en un terreno muy peligroso. El resultado final es impactante por la delicada frialdad que emana: SNOWDEN declara los hechos con absoluta parsimonia, mientras que de su boca sale uno de los casos más polémicos de la época actual. A eso hay que añadir la vacilación con la que el ex analista habla de su porvenir…

La producción viene con partes muy bien divididas: una introducción para poner en situación, un nudo (el corazón de la película) que es el testimonio del joven, y una terminación que explica las consecuencias de las revelaciones. Muy alegórico es ese plano final, donde unas manos se deshacen de pedacitos de papel.

 

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POITRAS relata su documental como SNOWDEN narra su experiencia: con mimo pero con la seriedad que requiere. Sin titubeos, sin excentricidades y sin desviarse del camino. Sin embargo, y sin mermar la calidad de este testimonio, hay varias partes dispersas en las que algún espectador, ese que anda perdido de la actualidad internacional, se pierde ante tan alta dosis de datos como conceden en CITIZENFOUR.

Aun así, el documental abre indiscutiblemente enigmas sobre el futuro ¿Qué será de SNOWDEN y sus colaboradores en esta confesión? ¿Qué será de nosotros? De momento, si no se ha hecho, hay que revisar los anteriores trabajos de su directora, THE OATH y MY COUNTRY MY COUNTRY, donde habla sobre Guantánamo e Irak respectivamente.

Lo que SNOWDEN manda es un mensaje claro: Cuidado y vigilad quién os puede vigilar. Así que mejor que preocuparse por si tu madre o tu novio/a te lee el Whatsapp, preocúpate por el hecho de que alguna entidad superior tiene controlado cada paso que das.

 

LO MEJOR:

  • La fuerza extrema que posee dentro de una narración en la que domina la parsimonia.
  • Es un trabajo MUY valiente.

LO PEOR:

  • El ritmo se pierde de vez en cuando.
  • El final se hace denso.

 

María Aller

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