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cadena de favores

En manos de otro director, CADENA DE FAVORES habría sido un magnífico largometraje. Pocas veces hemos visto una película tan bien armada, y tan regularmente resuelta; y me explico: el reparto es un lujazo para cualquier director, y la idea que presenta la película es una de las propuestas más refrescante, humana, y tristemente contemporánea, que el cine nos ha transmitido en los últimos años.

Basada en la novela homónima de Catherine Ryan Hide, la película narra la historia de un profesor de ciencias sociales, que carga con muchas cicatrices, las externas las más superficiales, que propone un trabajo atípico a los jóvenes alumnos de su clase: tienen todo el curso para desarrollar una idea que mejore la vida en el mundo.  Trevor es uno de sus alumnos, y se toma muy en serio la propuesta. El plan de Trevor consiste en hacer tres favores a tres personas, tres favores que consisten en ayudarles a lograr algo que éstas personas no serían capaces de realizar por sí mismos. A cambio, cada una de estas tres personas, deberá seguir el patrón de Trevor, haciendo otros tres favores a otras tres personas, y así sucesivamente, hasta que la cadena de favores pueda extenderse de manera viral, sin límites, sin fronteras, sin discriminación de sexos, razas, ideologías, o creencias religiosas.

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Realmente conviene pararse un momento a pensar en lo que la cinta nos plantea. Seguramente muchos de nosotros hayamos ayudado alguna vez a algún familiar, amigo, o compañero de trabajo, grupos de personas que son muy cercanos a nuestro entorno cotidiano, pero seguro que no hemos ayudado tanto a gente que está fuera de este círculo de rutina que supone el día a día de cada uno de nosotros, y probablemente a más de uno se le haya pasado por la mente que no puede ayudar a todo el mundo justificándose en que no posee ni la capacidad, ni el tiempo, ni los recursos económicos que supone que ello implica. Hasta aquí todo normal, porque esta línea de pensamiento es universal a casi toda la población como punto de partida. Lo brillante de CADENA DE FAVORES es que nos enseña, a través de Trevor, lo equivocados que estamos, que el valor muchas veces  de ayudar a alguien a quien apenas conocemos, o no conocemos absolutamente de nada, puede ser hasta superior que ayudar a nuestra gente más cercana. La idea de Trevor podría ser algo tan gratificante que no podríamos obviar la cadena de favores, si algún día ésta llegara hasta nosotros.

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El otro puntal de CADENA DE FAVORES, que se rodó en 2000, es un cast de primera línea conformado por estrellas que vivían su mejor momento. KEVIN SPACEY, el profesor Eugene Simonet, se había consagrado un año antes con AMERICAN BEAUTY, estupendo filme de SAM MENDES que le valió el OSCAR, el BAFTA, y tropecientos premios más. HELENT HUNT, la madre de Trevor en la película, también recientemente oscarizada por MEJOR IMPOSIBLE, era considerada una de las mejores actrices del momento. HALEY JOEL OSMENT, que interpreta al pequeño Trevor, disfrutaba de una carrera con un futuro más que prometedor gracias a EL SEXTO SENTIDO (1999) y al nuevo proyecto de SPIELBERG, A.I. (2001), que ya estaba tomando forma en el momento del estreno de CADENA DE FAVORES. A estos tres cabezas de cartel tenemos que sumarles el popular músico, aunque él crea que también es actor, Jon Bon Jovi, y la veterana y siempre extraordinaria ANGIE DICKINSON, peso pesado en la lejana década de los sesenta.

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¿Cuál es el problema entonces? La directora, MIMI LEDER, una talentosa directora de televisión a la que el repartazo y argumento de la cinta le venían muy grande. A partir de los cincuenta minutos el pulso de la directora baja en picado y se rinde al telefilme, desembocando en un final demasiado emotivo y dolente de exceso de moralina y lágrima fácil.

Es la idea que plantea el filme, y el trabajo de sus inmensos actores los que salvan CADENA DE FAVORES, y elevan el resultado de la película muy favorablemente, convirtiéndola en una experiencia necesaria de conocer y descubrir. Película de visionado obligatorio en cualquier colegio público, privado, o concertado para formar a las nuevas generaciones en esto de los valores cívicos más básicos.

LO MEJOR:

  • LA POTENCIA DE LA IDEA. Que la trace un niño es ejemplar por su sencillez, pero también por su efectividad.
  • Todas las escenas que comparten HELEN HUNT y KEVIN SPACEY.

LO PEOR:

  • Sin lugar a duda, MIMI LEDER, la directora.
  • Un final que capitula ante la lágrima fácil.

 

Crítica a petición de  V.C.F.

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