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La larga lista de segundas partes que no son necesarias ni van a cambiar el cine tal y como lo conocemos es tan kilométrica que hay quien se pregunta si realmente merece la pena seguir haciéndolas. Bien, a aquellos pesimistas que van con esa idea preconcebida, es importante recordarles que hubo ciertas ocasiones en el pasado en que las secuelas resultaron incluso más satisfactorias y relevantes que las primeras partes. Cierto es que se trata de un hecho muy aislado y tan poco común que algunos no conciben qué se siente cuando un largometraje es más trascendental que su predecesor. Pocos será capaces de tirar de toda la valentía posible para asegurar, por citar tan solo un par de ejemplos en un océano de secuelas mediocres, que GREASE 2 supera a GREASE o que EL MUNDO PERDIDO: JURASSIC PARK es más legendaria que PARQUE JURÁSICO. Sin embargo, sí hay momentos en los que una segunda parte se necesita y no precisamente para superar a la película original, sino todo lo contrario. Se requiere solo por el simple hecho de llegar al mismo nivel de disfrute que con la cinta anterior.

 

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Lo cierto es que ZOOLANDER Nº2 no parte con la intención de mejorar el pasado y hacer de ZOOLANDER: UN DESCEREBRADO DE MODA una película más absurda de lo que fue. No obstante, y a riesgo de llegar a esa comparación que siempre resulta inevitable, a ninguna se le puede pedir más de lo que son capaces de dar. Y esto no resulta obligatoriamente malo. De hecho, el filme que BEN STILLER dirigió y protagonizó en 2001 supuso una forma distinta de ver y hacer comedia, aunque finalmente resultase tan cargante como descerebrada. No provocó un cambio radical en un género marcado por la injusta importancia que se le da al drama, pero sí hizo que muchos se preguntaran si Derek Zoolander volvería a la gran pantalla para hacer de la estupidez la mejor manera de hacer reír. Por eso ZOOLANDER Nº2 es, a grandes rasgos y sin caer en las redes de la exageración, necesaria.

BEN STILLER, evidentemente, está destinado a intentar arrancar carcajadas al público y, si para conseguirlo ha de vestir con la ropa más ridícula posible y jugar la baza de la estupidez durante más de una hora y media, tengan por seguro que lo hará sin ningún reparo, aunque eso signifique repetir constantemente las fórmulas que le hicieron sublime en el pasado. Lo que sí ha ocurrido y es digno de agradecer en ZOOLANDER Nº2 es que ha modernizado el estereotipo que quiso satirizar en el pasado, ha incluido nuevos cameos con esas estrellas que solo les harán gracia en esta película y ha logrado que BENEDICT CUMBERBATCH se convierta en el mejor personaje con menor duración en pantalla más gracioso de los últimos meses. Reunir a tanto famoso cuestionable incluso es admirable y hace pensar que tan solo una persona con tanta cara como STILLER es capaz de conseguirlo. Lo curioso es que, lejos de todas las predicciones posibles, incluir a PENÉLOPE CRUZ en el reparto ha resultado un acierto tan inesperado que alguno se preguntará por qué esta actriz no ha dedicado sus esfuerzos a explotar esa faceta cómica que parecía tener escondida.

 

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ZOOLANDER Nº2 es un muy buen ejemplo de cómo la ambición no es la mejor de las virtudes en cuestiones cinematográficas. No se puede pretender buscar en este largometraje un trasfondo satírico en el que la inteligencia y los buenos chistes sean más protagonistas que el propio Derek Zoolander. No los hay, no pierdan el tiempo en buscarlos. Hay un número considerable de gags que no funcionan y harán al público fruncir el ceño. Pero, del mismo modo, sí hay varios momentos estelares en una película que ha tardado quince años en llegar a la gran pantalla. Quizá las expectativas decepcionen a quien esperaba algo mejor que ZOOLANDER: UN DESCEREBRADO DE MODA. Sin embargo, la mejor manera de meter la cabeza en este mundo esperpéntico como pocos es con la seguridad de que esta película tardará en desaparecer de la mente del espectador lo mismo que tardan en dejar de estar de moda uno de los tantos modelitos que desfilan por las pasarelas de ZOOLANDER Nº2.

 

 

LO MEJOR:

  • El aire de película de espías.
  • Como en la anterior, los cameos.
  • El vestuario, tan absurdo y ridículo como cabría esperar.

LO PEOR:

  • Ni de lejos es tan graciosa y divertida como ZOOLANDER: UN DESCEREBRADO DE MODA.
  • Algunos chistes pueden provocar esa vergüenza ajena tan común en las comedias absurdas.
  • Que se busque en ella más de lo que puede ofrecer al público.

 

 

Sheyla López

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