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UNA PALOMA SE POSÓ EN UNA RAMA A REFLEXIONAR SOBRE LA EXISTENCIA fue la ganadora del León de Oro (máximo galardón otorgado a la Mejor Película) en la pasada edición del Festival de Cine de Venecia. En ella, cada viñeta (historia, capítulo o retablo) está urdida con precisión quirúrgica en un plano fijo de larga duración, en un alarde de imaginativa composición de espacios (que iguala la fría escenografía de algunas pinturas hiperrealistas, ahora en movimiento) y de dirección de actores. Su leitmotiv es claro: la falta de preocupación de unos personajes (que somos nosotros mismos) por los otros, la soledad y el hastío en sociedad. Porqué “me alegra oír que estás bien” es la frase más repetida, y a la vez la mentira más grande que sale de la boca de todo ser humano retratado: ninguno se alegra ni se encuentra bien, ni parece importarle lo más mínimo ninguna de las dos cosas.

 

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Los personajes principales del relato son dos marginados parias sociales que intentan vender artículos de broma tan arcaicos y grotescos como ellos mismos. Dos personajes de tez blanca (característica compartida por toda la carne muerta que divaga por el mundo que propone el autor) que se mueven por un mundo que no comprende su justificada tristeza ni tampoco lo intenta. De lo universal a lo concreto, ANDERSSON también aprovecha para estudiar el pasado de su sociedad, moviéndose desde la derrota de las tropas del rey Carlos XII en el siglo XVIII hasta el día de hoy, y pasando por el final de la primera Guerra Mundial, con sucesos que comparten espacio, nostalgia y a veces incluso tiempo, para el asombro de personajes y audiencia a partes iguales.

 

Así, entre personajes perdidos en su día a día, personajes atemporales y personajes anacrónicos, el trabajo de ROY ANDERSSON en esta película está claramente enfocada a explorar la condición humana, pero despojando de coherencia y bañando en el absurdo nuestro comportamiento para poder explicarnos: elaborar aberrantes tableaux vivants (valga el gafapastismo) de nuestra especie, representándonos como seres solos en la multitud, confusos con nuestro propio comportamiento y frustrados con nuestro día a día y con nosotros mismos. Una radiografía terriblemente real que, eso sí, no renuncia al humor (del más negro al más blanco, del más absurdo al más cítrico), al menos en gran parte de la película. Porque es inevitable que algo que habla de la existencia humana acabe por resultarnos irremediablemente triste y nostálgico por cómo somos: sin humor, una película como UNA PALOMA… sería un palo demasiado duro y demasiado seco.

 

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Si algo debemos llevarnos del visionado de esta tercera y última parte de la ‘trilogía existencial’ de ANDERSSON (completada con VOSOTROS LOS VIVOS y CANCIONES DEL SEGUNDO PISO), es el mensaje de atención y (a la vez) desesperación que contiene toda la película: la falta de empatía nos convierte a nosotros en bestias asesinas y frías, y a la sociedad en una jungla en la que la única manera que se contempla para sobrevivir es pisotear a los demás. Con una maravillosa mezcla de humor y tristeza, nos saca del posible suicidio y nos invita a la pertinente reflexión.

 

LO MEJOR:

  • El trastorno de las unidades clásicas de tiempo, lugar y argumento.
  • La dirección de actores en sus larguísimos planos fijos.
  • La composición de espacios.

 

LO PEOR:

  • Debido a su humor absurdo y su invitación a la reflexión, le costará encontrar a su público.

 

Pol Llongueras

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