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La definición del arte y sus límites, es decir, qué es arte y qué no, ha sido un conflicto que ha tenido enfrentados a teóricos y estudiosos durante siglos. Quizá uno de los casos más célebres sea el de Duchamp y su famosa Fountain. El artista francés introdujo un urinario en un museo bajo la premisa de que todo es arte si se observa desde un contexto adecuado, en este caso un museo, e inició una revolución que cambiaría para siempre el mundo del arte: Duchamp, sin saberlo, había inaugurado el vanguardismo.

Precisamente sobre arte moderno gira la trama de The Square. En la plaza de un museo de arte contemporáneo se instala un cuadrado, delimitado simbólicamente por luces led, y dentro de él las reglas son muy sencillas: cualquiera que entre está obligado a comportarse de manera totalmente altruista y obligado a actuar y reaccionar si alguien necesita ayuda. No necesitas saber más acerca de The Square, porque no hace falta; lo mejor de la película es dejarse sorprender por ella. Más de dos horas de un cine de riesgo, impredecible y atrevido; una montaña rusa donde soltar los brazos justo antes de caer y disfrutar.

Pero no todo es diversión. En una especie de ejercicio metarreferencial, The Square sitúa al espectador dentro de ese pequeño cuadradito de luces led y lo enfrenta a sí mismo. ¿Qué haríamos nosotros en esa situación? The Square plantea preguntas necesarias sobre la vanidad, nuestra ética y la confianza en el prójimo, y lo hace además con una elegancia envidiable. Detrás de toda esa cortina de ingenio y situaciones absurdas se esconde una valiosísima reflexión sobre la sociedad del bienestar que nos invita a pensar sobre lo que somos. The Square encuentra ese equilibrio tan difícilmente alcanzable entre la seriedad y la comedia; es una película que se toma tan en serio que no le queda otra que reírse de sí misma.

Porque The Square es una fiesta donde todo el mundo se lo pasa bien. Es un caos terriblemente bien organizado; todo encaja a la perfección en esta película tan absurda por momentos y tan racional por otros: los planos fríos y calculados del cine nórdico, la música de Justice, y los Claes Bang y Elisabeth Moss (Mad Men), que están gigantes en sus interpretaciones. A The Square le pueden sobrar algunas cosas, pero no le falta de nada. Una experiencia cinematográfica en la que sumergirse hasta la asfixia.

Crítica The Square

Un ejercicio sobresaliente del sueco Ruben Östlund, que se postula definitivamente como uno de los directores más prometedores del panorama europeo actual. Estamos ante una de las mejores películas del año, y ahí tiene la Palma de Oro que se llevó en el último festival de Cannes. The Square es un must. Es cierto que el último cuarto de película se le hace algo cuesta arriba y que puede resultar algo intensa para los paladares más sobrios, pero nada que nos haga cuestionar si ver o la película o no. Es un sí, rotundo.

The Square es excesiva y desbordante; provocativa y sobrecogedora. The Square es cine contemporáneo, sin reglas, sin métodos. The Square es muchas cosas. A veces un documental, otras una comedia finísima y, algunas veces, una película; pero siempre, por encima de todo esto, es una radiografía de la sociedad tan real que asusta, con toda nuestra hipocresía y nuestra falsa moral. The Square es un espejo en el que mirarse… para taparse la cara después.

LO MEJOR:

  • Las interpretaciones.
  • El equilibro perfecto entre drama y comedia.
  • Que todo encaje perfectamente.
  • Su particular absurdo.

LO PEOR:

  • Le sobran minutos.

Víctor Camarero

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