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El estilo narrativo de los hermanos Coen se ha esmerado durante muchos años en representar lo que, de ridículo, se vuelve triste: la comedia dramática envuelta en sátira, envuelta en tragedia, envuelta en farsa, envuelta en thriller, envuelta, una vez más, en sátira. Dicen sus actores que los Coen nunca ruedan de más: siempre exactamente lo que necesitan. No se quedan recursos en la sala de montaje, no se ruedan secuencias que luego no llegan al montaje final de la película. El acabado será mejor o peor (aquí quizás entran más los gustos personales), pero uno no puede negarles personalidad, dedicación y genuinidad a sus producciones. Una película de los Coen, entonces, es como una máquina Goldberg: un engranaje perfecto, que puede ser más o menos espectacular, pero que siempre trasmite al público la satisfacción de su fluidez orgánica.

El guion de Suburbicon, o al menos una versión que nunca veremos ni leeremos del mismo, lo escribieron los hermanos Coen a finales de la década de los ochenta. En él, se habla de una estafa al seguro, de una pareja de matones que trabajan para la mafia, y de un pobre y patético pardillo, un habitante medio de los Estados Unidos de América que tiene bastante más de lobo que de cordero, perseguido por dichos matones. ¿Les suena? A esta hermana bastarda y algo tonta de Fargo, George Clooney le ha añadido una subtrama de temática racial (basada en hechos reales ocurridos antes de la escritura de la Ley de Derechos Civiles del 64), acomodándola así a su discurso político anti-Trump. A la sombra de las vallas de madera que separan las casas unifamiliares de la urbanización de Suburbicon se esconden las entrañas podridas de los Estados Unidos, los Estados Unidos Intolerantes, los Estados Unidos de la Xenofobia.

Así, mientras la comunidad familiar del vecindario se une contra el enemigo común, una familia afroamericana que solo desea vivir en paz, en la casa de su vecino acontecen toda clase de maldades. Y ese es exactamente a la reflexión a la que nos quiere llevar de la mano Clooney (a veces con demasiada insistencia, como si el espectador no fuera capaz de sumar dos más dos), que los criminales blancos escapan de la justicia mientras la sociedad vive obcecada en xenofobia ciega. El problema es que las dos partes nunca llegan a interactuar entre sí: el drama profundo de la multitud enfebrecida por el odio nunca presiona las teclas dramáticas adecuadas, la comedia negra del texto de los Coen es difícil de llevar a la gran pantalla y ambos tonos son difíciles de equilibrar. Y aquí es donde entra la falta de ritmo del Clooney director. Además, ya no es que su ojo aparque para esta película las florituras visuales a un lado, es que la posición de la cámara parece muchas veces una decisión al tuntún que poco tiene que ver con su utilidad desde un punto de vista narrativo, y ni el trabajo de los ya legendarios Robert Elswit o Alexandre Desplat (dirección de fotografía y compositor de la banda sonora respectivamente) destaca en el global de la película, que se encuentra atrapada en una “tierra de nadie” entre la sátira y el realismo llamada mediocridad tonal.

critica Suburbicon

Suburbicon es sorprendentemente poco divertida, principalmente por esta dirección deformada y también por las actuaciones sin vida de Matt Damon y Julianne Moore. Esta última podría ser una decisión consciente como comentario sobre ese “patetismo del hombre medio estadounidense” del que hablábamos al principio. En manos de Clooney, el protagonista no es el adorable antihéroe que los Coen sobresalen en representar, sino un odioso, insoportable y asqueroso asesino sin moral alguna. Quizás por eso la película se cuenta (y hasta a veces se ve) desde la perspectiva de un niño, que acaba descubriendo que todos sus vecinos son unos racistas y violentos y que su familia no es para nada lo perfecta que aparenta. Y dejen que les haga un spoiler: si no hay personajes con los que empatizar, ni un poco de humor con el que tragar la crudeza (mal desarrollada) de su proposición, es una mala premisa para una película.

Quizás fue problema de las expectativas, rameras despiadadas de las que, como espectadores, y por muchos años que llevemos viendo cine, nunca conseguimos librarnos del todo: uno espera, de una película con guion de los hermanos Coen, ciertos requisitos que aquí no se cumplen. Suburbicon sufre de los defectos de un director que ha sido incapaz de captar la esencia de la historia que sus guionistas estaban intentando contar, y cuyo pecado capital es la falta de cohesión entre sus dos hilos narrativos. Sus fotogramas se perderán en nuestra memoria tan rápido como llegue el cambio de cartelera.

LO MEJOR:

  • La actuación de Oscar Isaac, una bocanada de aire al final del segundo acto.
  • Su voluntad de compromiso social.

LO PEOR:

  • La dirección de George Clooney y su falta de habilidad para entrelazar las dos películas tan diferentes que cohabitan en Suburbicon.
  • Las actuaciones de Matt Damon y Julianne Moore.
  • Es imposible empatizar con ningún personaje.

Pol Llongueras

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