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Uno de los géneros musicales que menos representación ha tenido en el mundo del cine es el rap. Debido a su escasa edad y a su condición de música minoritaria (en el pasado, por supuesto), ha pasado de puntillas por la historia del cine reciente, siendo el caso más llamativo el de OCHO MILLAS (CURTIS HANSON, 2002). En sus escasos cuarenta años de existencia, el rap ha tenido oportunidad de ver cómo algunos intérpretes o grupos se han rebelado ante lo establecido en la música y en sus propias vidas. N.W.A. es un claro ejemplo de esto y base de la historia de STRAIGHT OUTTA COMPTON, película biográfica coral sobre los integrantes de este revolucionario grupo de rap.

Al mando de la película está FELIX GARY GRAY, director famoso no solo por sus previas películas, sino también por su predilección a la hora de dirigir videoclips (en algunos ha colaborado con artistas que ahora aparecen en representados en su película). Esta faceta está muy presente en STRAIGHT OUTTA COMPTON: la narración discurre a golpes y las escenas están salpicadas con imágenes más propias de videoclips o conciertos en directo que de una película. Algunas de ellas esconden un poder visual apabullante; otras no están tan inspiradas. En cualquier caso, toda la película está repleta de canciones de rap para acompañar estos momentos y subrayar el discurso. Aunque la elección y el uso de estas no es malo, para el profano en el género o, simplemente, para quien no le guste el rap, puede resultar un tanto cargante o reiterativo.

 

Straight Outta Compton

 

Esta reiteración se traslada a veces a la propia narración de la película, provocando que ciertos momentos de la segunda mitad de la película parezcan ya vistos con anterioridad. Aunque es posible que esto sea por culpa de la propia historia de los personajes en la realidad, lo cierto es que no ayuda a que la película fluya como debe a su final. Esto es un problema cuando el metraje tiene una duración de 147 minutos y a los 100 parece que no queda mucho más que contar de este pintoresco grupo de personajes.

No obstante, este es quizá el mayor fallo de una película que tiene una gran cantidad de virtudes, la mayor parte de ellas encuadradas en el subtexto político que desprende la cinta. En una época en la que los delitos de odio por racismo en Estados Unidos están en niveles alarmantes, parece ingenuo pensar que el estreno y la factura de STRAIGHT OUTTA COMPTON no se han hecho pensando en ellos. Aun así, el abuso de poder de las autoridades hacia los negros de barrios marginales (como es el caso de Los Ángeles), está descrito despojado de todo maniqueísmo y con gran sentido de la realidad. Hace pensar, por ejemplo, por qué los propios negros pertenecientes a los cuerpos de policía no veían como iguales a los más marginados de la sociedad, a aquellos que vivían en barrios como Compton.

 

LwoaE

 

Así, en determinados momentos, el rap es desplazado por la realidad más dura. Y es a la vez esta la que da forma a esas canciones, que es cierto que son muy polémicas, pero que narran una realidad desmaquillada y a la que una gran parte de la sociedad hacía oídos sordos. STRAIGHT OUTTA COMPTON es cine sobre música y política, en tanto que este no puede separarse de esas canciones. Habría sido un error separarlo, y esta unión es quizá la mayor virtud de la película. Tiene muchas notas y la mayoría las toca sin desafinar, con virtuosismo. Es una lástima que la sinfonía se alargue tanto (algunos no estamos acostumbrados a tanto exceso).

 

 

LO MEJOR:

  • Gran estudio de la marginalidad y del papel de la música en ella.
  • Solvente dirección, visualmente contundente.

LO PEOR:

  • Historia algo reiterativa y alargada, lo que lastra la película.

 

 

Guillermo Martínez

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