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Directores de éxito se han enfrentado durante 19 largos años a las diferentes entregas de una de las sagas más famosas del cine contemporáneo. BRIAN DE PALMA creó una oda a la tensión cinematográfica y al material original en 1996, JOHN WOO llevó la franquicia al hastío mediante saturación de cámara lenta y palomas, y con absurdas justas de motos y aburridos dramas románticos, y J.J. ABRAMS le devolvió prestigio dirigiendo la tercera parte (con un PHILIP SEYMOUR HOFFMAN excelso y algunas secuencias asombrosas) y produciendo la cuarta, que dirigió con solvencia BRAD BIRD. Con ésta y la quinta, la saga vuelve al nivel de calidad que estas películas de puro cine evasivo (ahora parte de la cultura popular) merecen.

 

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En NACIÓN SECRETA, un ejemplo perfecto de cine de entretenimiento en estado de éxtasis, no falla prácticamente nada. TOM CRUISE aparece mimetizado absolutamente con su personaje, SIMON PEGG cumple con su característico rol cómico, y tanto RENNER como RHAMES aportan sus respectivas carismas en un reparto principal sin fisuras que completan ALEC BALDWIN y REBECCA FERGUSON. El guión y la dirección de MCQUARRIE brillan sobretodo en las escenas de acción: tanto su montaje como su planificación son una maravilla, evitando a toda costa pérdida de información y la edición emborronada. También es remarcable la fotografía una vez más de ROBERT ELSWITT, que cuando no está ocupado satisfaciendo las necesidades de flare lens de J.J. ABRAMS (MISIÓN IMPOSIBLE 3), es capaz de retratar de forma bella las múltiples localizaciones por las que se mueve el héroe de la función, Ethan Hunt. Risas, emoción e ingenio son los ingredientes que convierten a NACIÓN SECRETA en (quizás) la parte más disfrutable de toda la saga.

 

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Y es que en esta quinta entrega, la franquicia parece (lejos de la realidad que concierne a otras sagas de éxito) haberse revitalizado y, hasta cierto punto, pulido lo que ya se había encaminado en su predecesora PROTOCOLO FANTASMA: ha conseguido encontrar el tono adecuado, acercándose más a la comedia, sin alejarse del espíritu del cine de espionaje que hizo grande a la original de DE PALMA (1996) y añadiendo al cocktail unas secuencias de acción que son fuerza pura (visual, conceptual y en coreografía). En mi ímpetu de intentar definir en pocas palabras las sensaciones finales que transmite la película, las primeras que aparecen (por la condición de cine sin pretensiones metafísicas) siempre serán vacía y predecible. Pero no caigamos en el engaño: MISIÓN IMPOSIBLE: NACIÓN SECRETA es deliciosamente absurda y endiabladamente entretenida. Porque, como en todas las misiones (imposibles) de la saga, lo importante no es el desenlace (ya escrito y conocido), sino cuál va a ser la complicada estratagema del FMI para llegar hasta él.

 

LO MEJOR:

  • El pulso de MCQUARRIE en las escenas de acción.
  • El asentamiento de la saga y el encuentro con el tono adecuado.
  • La fotografía de ROBERT ELSWITT.

LO PEOR:

  • Los que busquen algo más que cine de evasión, es mejor que se busquen otra opción.
  • Predictibilidad de los acontecimientos.

 

 

Pol Llongueras

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