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Pongamos que nos vamos de vacaciones a Riviera Maya. Hemos escuchado tantas veces hablar sobre ese lugar, sobre sus paradisíacas playas, sobre sus fiestas… Pongamos, también, que llevamos esperando ese viaje durante más de medio año y tenemos tantas ganas que queremos que todo salga perfecto. ¡No queremos desperdiciar ni un solo minuto! Pero ahora, pensemos… ¿Qué pasaría si llegamos, el clima no acompaña y no nos podemos dar un baño en sus aguas cristalinas? ¿O si nos pusieran problemas en la habitación de hotel y acabáramos en una de menor categoría que la que nosotros teníamos pensada? Probablemente nos decepcionaríamos, echaríamos la culpa a las expectativas y diríamos: ‘Bueno, Riviera Maya no estaba mal… pero me esperaba más’. Exactamente esto, por curiosa que pueda resultar la comparación, es lo que nos ha ocurrido con MACBETH.

Teníamos muchas esperanzas puestas en ella, no tanto por su director JUSTIN KURZEL (SNOWTOWN) al que no dominábamos demasiado, sino por sus dos protagonistas MICHAEL FASSBENDER (12 AÑOS DE ESCLAVITUD) y MARION COTILLARD (DOS DÍAS, UNA NOCHE) en sendos papeles de Macbeth y su esposa. Por supuesto, no solo de un buen casting se alimenta un filme, pero es un aliciente a tener más que en cuenta a la hora de decidir por qué ver o no ver una película. Y si por sí sola MACBETH ya llamaba la atención por ser una adaptación de la tragedia escrita por Shakespeare, con sus dos colosos principales, se convertía en una cita ineludible.

Pero lo cierto, es que hoy por hoy, ya no estamos tan seguros de esta afirmación…

 

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No vamos a decir que su conjunto total no es de una calidad excepcional, porque mentiríamos: su batalla inicial en slow motion es el primero de sus aciertos. Ir seleccionando momentos de tal cruenta batalla para reproducírnoslos a cámara lenta, silenciados, pero apreciando hasta la última salpicadura de sangre, convierte un combate en algo delicado, casi bello. Por supuesto, digno de ver. Como dignas de ver son prácticamente la totalidad del resto de sus escenas gracias en buena parte al impecable trabajo de fotografía de ANDY ARKAPAW, viejo conocido del respetable por su trabajo en TRUE DETECTIVE, que le valió reconocimiento internacional en los Creative Emmy de 2014. Si tuviéramos que destacar alguna otra de sus potentes escenas, sería justamente la batalla que cierra el filme con la misma esencia que la inicial pero rodeada de tonos naranjas como el atardecer y rojizos como la sangre que otorgan de más dramatismo si cabe a dicho conjunto de fotogramas.

Por supuesto, el trabajo de ARKAPAW no es el único que contribuye a lograr el cómputo perfecto técnicamente hablando. Una notable fotografía en este tipo de cintas no sería absolutamente nada si no fuera acompañada de una música que ayudara a que todas las imágenes cobraran sentido. De la misma manera que no podemos imaginarnos nuestra vida sin determinados sonidos a nuestro alrededor, a veces tan bruscos que nos descentran de nuestra tarea inicial y otras veces prácticamente imperceptibles si no agudizamos el oído y nos dejamos llevar por ellos, en la ficción es tan importante o más el saber escoger la música adecuada para cada momento. Aun más si hablamos de una película de estas características, donde la guerra clama por un aumento de dramatismo que una desafortunada elección, ya no de sonidos, sino de música, podría arruinar por completo. Por suerte, JED KURZEL (BABADOOK) impide que esto ocurra y nos traslada de lleno a las duras contiendas de inicios del siglo XI con su perfectamente escogida música mientras RICKY BUTT (28 DÍAS DESPUÉS) y el resto de equipo de foley se encarga de conseguir el resto. Sobra destacar, en este sentido, el logradísimo vestuario que consigue diseñar JACQUELINE DURRAN (ORGULLO Y PREJUICIO) ayudando a contribuir a que, junto con la ambientación y los ya mentados profesionales, MACBETH se traslade a épocas pasadas con la misma facilidad y naturalidad con las que MICHAEL FASSBENDER blande su espada.

 

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Sin embargo, si nos adentramos en el aspecto argumental que, en buen medida, es el que interesa a la mayoría del público a la hora de calificar una cinta como ‘buena’ o ‘mala’, es donde podemos empezar a notar que el proyecto no es tan exitoso como habríamos deseado. Si bien no tenemos absolutamente nada que reprochar a MICHAEL FASSBENDER, metido de lleno en su personaje con una evolución constante desde el primer minuto de filme en parte influenciado por la magnífica Lady Macbeth (COTILLARD); otorgar todo el peso del filme a la magistral actuación de su pareja protagonista, no salva su conjunto argumental final. Ni siquiera cuando secundarios como SEAN HARRIS (Macduff), DAVID THEWLIS (Duncan), PADDY CONSIDINE (Banquo) o JACK REYNOR (Malcolm) se encuentran casi tan a la altura interpretativa como los implacables Macbeth y señora. Y es que quizá parte de la culpa de que MACBETH no haya brillado tanto como desearíamos se debe a su guion, que, originalmente recitado como si de una obra de teatro se tratase, se hace en ocasiones excesivamente pesado y lento, incluso diríamos que demasiado denso para tratarse de una película y no de una representación teatral. No nos malinterpretéis: este tipo de diálogo nos parece totalmente justificado y más tratándose de la obra que se trata (véase la reciente LA NOVIA, inconcebible sin haber capturado de manera tan brillante la esencia lorquiana en su guion), pero quizá esta vez estamos ante un género que a la hora de ser adaptado cinematográficamente, requiere de una acción que los versos no pueden darle continuamente y que no todo el público sabe apreciar. Quedó constancia de ello cuando gran parte del mismo durante su proyección en el Festival de Sitges perdió el interés a partir de la primera hora de la película.

Con todo, a pesar de considerar el conjunto de la cinta como correcto, nuestra mayor decepción es pasar del notable o sobresaliente que quisiéramos haberle podido otorgar, a quedarnos en un simple aprobado interesante por considerar todo un desaprovechamiento de medios y talento la práctica mayoría de los 113 minutos de metraje, debido en grandísima parte a la falta de ritmo que denotamos en MACBETH. No obstante, esta no deja de ser una obra de cuya adaptación se ha de disfrutar alguna vez en la vida (y de su novela original, también), ya sea a modo de teatro o a modo de largometraje. Y como tal, la de KURZEL es un buen momento para intentarlo.

Ansiosos esperamos la nueva colaboración del cineasta con la pareja protagonista de este filme en ASSASSIN’S CREED. Aunque en esta ocasión, dejaremos un pelín más bajo el listón de expectativas para ver si, esta vez sí, disfrutamos plenamente de lo nuevo de JUSTIN KURZEL.

 

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LO MEJOR

  • Lo de FASSBENDER venía no teniendo nombre desde hace tiempo. Ahora, en MACBETH, seguimos descubriendo el porqué: su talento es, sencillamente, grandioso
  • MARION COTILLARD está espléndida como Lady Macbeth, llegando en ocasiones a ser más oscura, implacable y manipuladora que el propio Macbeth. Aunque de COTILLARD, este derroche de talento, tampoco nos extraña
  • Podríamos disfrutar de su fotografía y música en bucle sin cansarnos
  • Su fidelidad a la obra original transmitida a través de su guion

LO PEOR

  • Su ritmo es innecesaria e injustificadamente lento, pausado y demasiado denso
  • Podemos perder fácilmente el hilo entre sus versos que contribuyen, en parte, al ya citado lento ritmo
  • No es un tipo de filme que cualquier público pueda apreciar debidamente

 

 

Silvia Martínez

 

 

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