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Es cierto que la obra de Federico García Lorca y su simbología han planeado de manera constante en el cine como una sombra que, durante 40 años, recordó al régimen franquista, que tenía todas las de perder en su empeño de sepultar la figura del poeta y dramaturgo español más influyente, más popular y más reconocido de nuestra literatura en el siglo XX. Y es cierto que su obra, si bien ha influido de manera indirecta en numerosas películas a lo largo del franquismo de manera velada y siempre al abrigo de la creatividad en tiempos de censura (con la excepción de DOÑA ROSITA LA SOLTERA, que dirigida en 1965 por ANTONIO ARTERO supone el único texto llevado a la pantalla grande por nuestro cine durante la dictadura), no ha sido abordada de manera directa y con libertad hasta la llegada de la democracia. JAIME CHÁVARRI, MARIO CAMUS o JUAN ANTONIO BARDEM son solo algunos de los directores españoles que durante finales de los setenta y los ochenta rindieron homenaje con mayor o menor fortuna a LORCA, en el cine y también en la televisión.

Pero lo que también es cierto (y ojo que empezamos a entrar en materia) es que LA NOVIA supone un punto y aparte en el tratamiento de la obra de Lorca en el cine. El segundo largometraje de PAULA ORTIZ, una directora por la que ya apostamos en nuestro especial 2.º aniversario y que reunió al futuro de nuestro cine (podéis recuperarlo aquí), adapta Bodas de Sangre, una tragedia en verso en la que la pasión campa a sus anchas conduciendo a sus personajes por los senderos del amor, del deseo, de los celos y, finalmente, de la venganza y la muerte. Y lo hace desde el más profundo respeto al universo de Lorca, otorgando un cuidado y especial protagonismo a la simbología lorquiana y apostando por una factura visual que se aleja de cualquier trabajo que podamos recordar en mucho tiempo.

 

la novia. critica en el palomitron

 

Porque LA NOVIA suda en cada fotograma una exquisita puesta en escena que alberga toda la información que necesita el espectador. Es una historia contada con imágenes en la que apenas hay texto. Tal es la fuerza de su lenguaje visual (hablamos de la mejor fotografía del año sin duda), que el texto queda relegado a un papel de refuerzo, porque es en la composición de cada plano donde reside el alma de este regalo con el que PAULA ORTIZ ha honrado al maestro granadino, un apabullante ejercicio visual que secuestra la atención del espectador para sumergirle en un magnífico retrato costumbrista de la España rural de la época, cuyos arquetipos están perfectamente representados tanto en los personajes como en las líneas de diálogo. Todo ello aderezado con generosas raciones de simbolismo. que otorgan al conjunto un carácter extraterrenal que resulta definitivo para aupar por momentos al conjunto a cotas de lirismo realmente formidables.

El trabajo del reparto está a la altura. Todos los actores han asimilado el espíritu de los arquetipos de sus personajes en un despliegue en el que brilla con luz propia, sin desmerecer el trabajo coral de interpretación, una INMA CUESTA que firma el mejor papel de su carrera armando un personaje capaz de transpirar embrujo y tragedia, capaz de amar y también de traicionar, vencido por la pasión y desencadenante de la tragedia. Imposible olvidar tampoco el enorme papel de LUISA GAVASA como la madre del novio, la más sabia y también la más hostil.

 

la novia. critica en el palomitron

 

Y envolviéndolos a todos, el universo de Lorca. El caballo y su jinete, la luna, la mendiga, los puñales y los cuchillos… todo ello filmado (y subrayado) con un preciosismo formal y un detalle en su puesta en escena que hacen imposible para el espectador no caer cautivado durante los escasos 95 minutos de metraje. Y decimos escasos (sin complicarnos mucho en las teorías temporales de la relatividad) porque será muy complicado apartar la vista de la pantalla, y esto no pasa todos los días.

Una película valiente, de raza, universal en sus planteamientos, y por tanto al alcance de todos los públicos. Una película que debe ser disfrutada en una sala de cine y que confirma que hay una generación de directores que están llamados a cambiar muchas cosas en nuestro cine, a reconciliar al público con este, y que saben cómo hacerlo: con valentía, sin complejos y con mucho, mucho talento. Totalmente imprescindible.

 

 

LO MEJOR:

  • La sensación con la que muchos abandonaréis las salas.
  • Su fuerza visual (una gozada) y la valentía (y el acierto) que supone apostar por una historia que avanza y transmite a través de sus imágenes.
  • Supone un gol por la escuadra para nuestro cine. Un ejemplo (como lo fue el año pasado LA ISLA MÍNIMA) del camino que ha de seguir nuestra industria.

 

LO PEOR:

  • Lo mal que lo van a pasar visionando LA NOVIA todos aquellos que por sistema buscan argumentos para atacar nuestro cine.

 

 

Alfonso Caro

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