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Crítica de Golden Kamuy 07 Shiraishi - el palomitron

La obra de Satoru Noda está más presente que nunca gracias al trabajo de Geno Studio. Tal y como comentábamos hace unas semanas puede que el punto fuerte de esta adaptación no sea especialmente la animación —sobre todo por la mala implementación del CGI— pero lo que nos dejaron totalmente claro fueron sus intenciones narrativas. El dúo protagonista ya está en marcha y el tesoro está deseando ser encontrado. Un camino a través de las tierras de Hokkaidō cuyos pioneros serán Asirpa y Sugimoto. ¡La carrera por el oro ha comenzado!

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Los compases finales del episodio de la semana pasada incidían en el duelo entre el cazador y el cazado. Una encrucijada o trampa que tenía un objetivo muy claro. La presa era Retar, el último lobo de Hokkaidō. Pese a sus consumados conocimientos y habilidades como cazador, Nihei se ve acorralado por aquel que no le teme a la muerte. Hablamos, como no podía ser de otro modo, de Sugimoto. El majestuoso animal se salva, pero varios miembros amputados revolotean y manchas rojizas de sangre impregnan la pantalla. El duelo ha comenzado.

El viejo y la montaña

El intercambio de golpes entre el ex militar y el cazador es continuo, un solo descuido es suficiente para terminar formando parte de la naturaleza eternamente. Entre el estruendo de la contienda, Shiraishi aprovecha la oportunidad para hacerse con un fusil y apuntar a Nihei con él. Sin embargo, el brazo de Tanigaki sobre Asirpa y su mano sosteniendo el rifle que la amenaza tienen un mayor peso. El filo de cualquier arma podría cortar la gran tensión existente en escena. Una tirantez que termina con la rendición de Sugimoto. La vida de la joven Aynu vale más que cualquier oro. Tanigaki se lleva a Asirpa lejos de la zona, dejando tras de sí a un Sugimoto y un Shiraishi encadenados a merced de los caprichos del legendario cazador. Un final que deja poco margen a la imaginación, pero que consiguen revertir gracias a las artimañas del “Rey de la huida”.

Crítica de Golden Kamuy 07 Nihei - el palomitron

Entonces, el plano se cierne sobre el descendiente de los matagi y Asirpa. El aviso de que los dos hombres del trío protagonista ha escapado y van tras la joven es el estímulo necesario para escapar lejos. A pesar de todo lo ocurrido, la humanidad y bondad de Asirpa brillan al intentar evitar y, posteriormente, salvar la vida del soldado cuando éste es herido de gravedad por una trampa. Tal vez sea su enemigo pero, al fin y al cabo, es una vida humana. A pesar de la muerte de su padre y la condición de su grupo étnico, ella aún conserva gran afabilidad y preocupación por los demás. Es un personaje que rezuma humanidad. Es la total antítesis de Nihei, quien no muestra un ápice de duda en utilizar a Asirpa como cebo para atraer a Retar. La lucha por la extinción de la especie llega al clímax.

En mitad del gélido páramo rocoso aguarda el cazador esperando a su presa. El bello pelaje blanco de Retar comienza a atisbarse, casi fundiéndose en la nieve. Los ojos de la bestia humana confrontan el intenso color amarillo que caracterizan los de la bestia animal. Retar ofrece el primer movimiento, el primer sprint. Nihei lo tiene en el punto de mira, tan solo ha de apretar el gatillo, una acción simple. Sin embargo, la inteligencia del mamífero sorprende; moviéndose en zigzag logra abalanzarse sobre el hostil humano y herirle. Acción, reacción. El cañón del fusil de Nihei penetra el pelaje del majestuoso lobo, una pulsación de gatillo y todo habrá terminado. De repente sangre, solo sangre. La aparición de una loba de pelaje gris asestando el golpe definitivo al cazador pone fin al cruento duelo. No es una victoria, es supervivencia. Retar no es el último lobo de Hokkaidō, tiene una familia. Entre aullidos, cuatro pequeños cachorros de lobo emergen sobre la estepa nevada. Las lágrimas de alegría y emoción de Asirpa eclipsan el momento, uno donde los protagonistas se reúnen bajo el compás de la banda sonora. Una serie de acordes acústicos para solemnizar el momento, para que Tanigaki despida al legendario cazador. «Renace en el más allá y escucha sólo agradables sonidos…»

Crítica de Golden Kamuy 07 Retar - el palomitron

Cuenta la leyenda…

Otra piel, otro tatuaje. El grupo pone rumbo a la aldea de Asirpa para reposar y salvaguardar al herido Tanigaki. Una idea descabellada para muchos pero, como hemos mencionado anteriormente, una obligación moral para la joven Aynu. Momentos culinarios y de sosiego marcan el ritmo de esta parte del metraje, olvidándose de la tensión vivida poco tiempo atrás. Entre ricos manjares, risas y mordiscos animales en la cabeza de Shiraishi, el espectador conoce algo más acerca del tesoro, de la leyenda del pueblo Aynu. La casi total certeza de la existencia de mil veces más cantidad de oro que la que sabían los presos originales. Una desmesurada cuantía capaz de cambiar el mundo.

A través de Tanigaki el espectador también es conocedor del objetivo del teniente Tsurumi. Tras la guerra, la primera división cae al más absoluto ostracismo. Degradados y sin una miserable recompensa por su labor en combate, ni siquiera un espacio para honrar a aquellos que perecieron por el bien de su país. Tsurumi concibe el tesoro Aynu como una oportunidad, la fuente de ingresos capaz de cimentar un régimen militar con él al mando. La construcción de una fábrica de armas para proveer. Proveer esperanza para algunos y muerte para otros. Una auténtica sublevación ante los estratos más poderosos del país nipón.

Como alma que lleva el diablo

Los derroteros de Golden Kamuy 07 se centran en mostrar las andanzas del viejo Hijikata y sus hombres. Correrías que, en esta ocasión, les llevan de nuevo a la ciudad de Otaru. La urbe portuaria parece ser uno de los lugares de encuentro de la serie, un punto donde los tres claros bandos de la ficción tienden a converger. Así pues, el fantástico recurso humorístico de la serie, Shiraishi, se topa frente a frente con Ushiyama. Las calles de Otaru viven una persecución más, aunque en esta ocasión diurna. El indómito carácter del que es subordinado —y también fugitivo— de Hijikata le lleva a perseguir a Shiraishi a través de las transitadas vías de la ciudad. La velocidad y el ingenio del segundo no son suficientes para dar esquinazo al primero, otra auténtica bestia humana capaz de lanzar por los aires a cualquiera, hacer pedazos kilos y kilos de hielo o, incluso, tumbar a un caballo. Ushiyama roza lo inhumano, lo fantástico, pero le queda un último obstáculo que superar. Un pelotón de hombres armados de la primera división que saben que porta un tatuaje en su piel.

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