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Crítica de Fireworks (Luces en el Cielo), de Selecta Visión principal - el palomitron

Basada en la obra de Shunji Iwai, creador de Love letter y Rip Van Winkle no hanayome (La novia de Rip Van Winkle), y con guion de Hitoshi One, director de Moteki y BAKUMAN, esta historia de amor nos presenta un día de verano que se repite, con el talento de estos dos artistas que no dejan de fascinar al público con sus numerosas obras tan inspiradoras. El director, Akiyuki Shimbo, se presentó en sociedad con Bakemonogatari y Puella Magi Madoka Magica (2011). Este extraordinario talento, que ha ejercido una notable influencia en el mundo de la animación con su expresión visual y su desbordante originalidad, une fuerzas con el estudio de animación Shaft para tejer un mundo repleto de imaginación. Y es ahí donde reside la verdadera magia de Fireworks.

El filme de Shimbo nos traslada, directamente, a las vacaciones de verano de una ciudad costera. Después de que se celebre el festival de fuegos artificiales, Nazuna Oikawa se trasladará a otro instituto como consecuencia del nuevo matrimonio de su madre. Agobiada y asustada ante tal cambio, trata de convencer a Norimichi Shimada para que se escape de la ciudad con ella, sin embargo, a causa de su madre, él se convierte en un simple observador y no la ayuda. Abrumado por el pensamiento de que debería haber actuado de forma diferente, Norimichi lanza una misteriosa bola al mar y regresa milagrosamente al momento en que Nazuna le hizo la propuesta. ¿Qué destino les aguarda a Norimichi y a Nazuna al final de un día que se repite una y otra vez?

Crítica de Fireworks (Luces en el Cielo), de Selecta Visión nazuna - el palomitron

La respuesta a tal pregunta la tiene este metraje de hora y media de duración donde el juego con el tiempo y con los sucesos parece un verdadero acertijo que puede llegar incluso a desorientar al espectador. Una apuesta bastante atrevida pero que tras el salto a la gran pantalla de Your name deberíamos poder entender bastante bien, ya que en esta ocasión —al menos para una servidora— los juegos temporales están mejor coordinados y se sitúan mejor en el espacio/tiempo que quieren representar en cada momento. Unas acrobacias transitorias cuyo eje principal se sitúan en una bola misteriosa que parece asentir a los deseos del joven Norimichi. Unos anhelos que residen en la bella Nazuna y su estancia junto a él. No sólo se atreven a jugar con el tiempo, sino que también lo hacen con las personas y sus decisiones. Una analogía que se interpola a múltiples obras y cuyo resultado no siempre es excelente.

Fireworks tampoco tiene la fórmula perfecta y su resultado no es el esperado, pero tampoco acaba siendo un fracaso estrepitoso. Puede que no dé solución a la pregunta planteada en primera instancia, pero juega con otros elementos que hacen que dicha ecuación tenga más valor para el espectador. Un valor que se encuentra en los momentos y los personajes. Piezas indispensables para la obra y que dan fuerza y sentido a nuestros protagonistas y sus acciones. Los hilos entre ellos no están perfectamente tejidos y se pueden encontrar pequeños agujeros en el camino, pero la base es sólida y su resultado lo demuestra. No es una historia de amor banal, va más allá. Tan allá que incluso llega a perderse en planos temporales que nadie podría llegar a imaginar.

Para conseguir tales planos el filme cuenta con el sublime trabajo de Shaft. No solo consiguen dar el merecido protagonismo a los personajes y los entornos que les envuelven —aunque en menor medida estos últimos— sino que saben dar vida a los saltos temporales y magia a los fuegos artificiales. Me atrevería a decir que la animación de Fireworks es uno de sus puntos fuertes, y pese a ciertos planos y momentos extrañamente implementados por un uso insólito del CGI, cobra poder magnífico en pantalla. Unos planos que —personalmente— he de decir que necesitan ser hechos en CGI para darles una mejor profundidad a la historia y trasladar al espectador el verdadero sentido de cada viaje. Pero todo ello no sería posible sin la perfecta compañía de la banda sonora de Satoru Kosaki y la melodía interpretada en varias ocasiones de Kenshi Yonezu. Piezas de música que casan a la perfección con cada momento de la historia y que te harán viajar junto a Norimichi y Nazuna en cada uno de sus saltos temporales.

Crítica de Fireworks (Luces en el Cielo), de Selecta Visión viaje - el palomitron

A día de hoy, sacar a la luz una obra de los 90 que no ha resultado ser un superventas en territorio nipón es algo arriesgado, pero teniendo en cuenta la ciencia ficción que nos rodea y cómo los directores se atreven a jugar con el tiempo me parece un acierto traer este tipo de historias a nuestro país. Algo con lo que también se ha atrevido Planeta lanzando la novela y que puede ayudar a todos aquellos que no acaben de entender en tu totalidad la película. Las historias basadas en el tiempo siempre han convivido con nosotros, como la halagada Boku Dake ga Inai Machi o All You Need Is Kill. Puede que Fireworks no acierte tanto como éstas con los saltos temporales, pero sí que es cierto que sabe infundir una magia única entre ambos personajes bajo un ritmo que dictamina perfectamente el paso de las horas y su mismo retroceso.

Está claro que Nazuna no es Rita Vrataski ni Norimichi Satoru Fujinuma, pero sus vidas tienen un mismo eje central basado en un día que se repite una y otra vez. En algunas obras existe el día final, pero en Fireworks estamos ante un final abierto. Una relación que no acabamos de saber hacia dónde va y unos fuegos artificiales que son planos a la vez que redondos. Un desenlace que evoca a la vida misma. Una vida donde el camino no está trazado y cuyo siguiente paso no existe ni en el corazón de las personas, tan sólo aguarda en manos del destino.

LO MEJOR

  • La persecución del amor.
  • Una animación espectacular de manos de Shaft cuyo juego de colores es magnífico.
  • Cómo Akiyuki Shimbo representa el paso del tiempo.
  • La presencia sonora de Satoru Kosaki.

LO PEOR

  • La historia, a veces, puede crear confusión.
  • Los momentos de CGI que no acaban de encajar.

Marisol Navarro

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