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El género de terror está especialmente en auge en esta última temporada, y además este año hay unas cuantas propuestas cinematográficas patrias para atestiguarlo. Y es que recién pasado Sitges, y con Halloween a la vuelta de la esquina, ¿a quién no le apetece una de miedo?

El secreto de Marrowbone llega en el mejor momento, y con el mejor respaldo. Su solo tráiler y puesta en escena recuerdan al más puro estilo Juan Antonio Bayona, quien produce el debut en la dirección de Sergio G. Sánchez, guionista de El orfanato y Lo imposible. Para los seguidores de Bayona, esta película supone una apuesta segura, casi una garantía de que nada podría salir mal. Pero puede que os pase como a nosotros, y tengáis la inevitable sensación de que os falta algo cuando las luces del cine se enciendan (o incluso mucho antes).

Un relato de terror gótico. Una siniestra casa en la que suceden cosas extrañas haciendo eco de eventos pasados allí acontecidos. Cuatro hermanos que deben subsistir por su cuenta. Todo ello lo tiene El secreto de Marrowbone, y no le decimos que no. Siempre nos gusta adentrarnos en este tipo de historias que nos ponen los pelos de punta. La materia prima está, pero nos debatimos en la butaca en la eterna búsqueda no de la sorpresa, sino de algo que la haga diferente de otras cintas ya vistas, que la desmarque de los manidos estereotipos que toma como punto de partida. Y ese es el mayor de sus errores: que no consigue aportarnos lo necesario para que la recordemos como memorable.

Lo que El secreto de Marrowbone nos cuenta no es en absoluto un descalabro, pero la forma de abordarlo y los recursos utilizados para ello acaban produciendo cierta desconexión por parte del espectador. Desde el principio de la película, tiene una importancia capital mantener la atmósfera de misterio y preservar el secreto del que nos habla el título hasta prácticamente el final. Si bien esto es algo del todo comprensible, aquí está llevado al extremo a través de continuas incógnitas que solo suman y siguen y siguen sumando, hasta llegar a un clímax en el que acabamos desembocando algo desinflados e incluso con una pizca de incredulidad. Hay dos motivos fundamentales para llegar al giro de guion de esa forma tan “fatigada”: en primer lugar, que se nos plantean demasiadas preguntas y se nos dan pocas o ninguna respuesta a lo largo del metraje que ayuden a ir “de la mano” de la película hasta su último tramo. Queriendo ocultar tanto, se consigue justo el efecto contrario al buscado, y en ese aspecto, Marrowbone cae en su propia trampa.

Por otro lado, retomamos la idea de que echamos de menos algo novedoso. Los Marrowbone tienen una pizca de los Baudelaire de Lemony Snicket, y la historia bebe de relatos de Edgar Allan Poe y de otras tantas películas del género de las últimas décadas (cuyos títulos no mencionaremos o “el secreto” se desvelaría solo). Sergio G. Sánchez toma todo aquello que ha funcionado en esas otras cintas y configura la suya, sin lograr aunar un conjunto con identidad propia. De nuevo, las referencias son un muy buen recurso con el que apelar al espectador, pero esto solo se sostiene como debe si hay en el guion una nueva vuelta de tuerca que enriquezca el resultado final. Lamentablemente, en este caso no ocurre así.

El secreto de Marrowbone tiene mucho de correcta, pero poco de arriesgada. Nos quedamos a medio gas con un proyecto del que teníamos muchas ganas, y al que probablemente le demos el beneficio del segundo visionado, creyendo que tal vez así mejore, aunque sea un poco esa sensación agridulce con la que nos dejó en el 65SSIFF.

LO MEJOR:

  • Los más jóvenes del reparto, entre los que destacan los prometedores Anya Taylor-Joy y George MacKay.
  • El diseño de producción.
  • Sergio G. Sánchez apunta maneras…

LO PEOR:

  • …pero por desgracia su ópera prima no tiene detrás uno de sus guiones más redondos.
  • El guion da muchas vueltas para ganar tiempo, haciendo que la película se nos haga más larga de lo que en realidad es.
  • Evoca demasiado a otras obras ya vistas.
  • Está plagada de influencias, pero no arriesga en ir un paso más allá por sí misma.

Aitziber Polo

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