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Necrofilia: sexo con una persona muerta. Sólo leer la palabra ya provoca repulsión, ¿no es cierto? Pero, ¿y si el artista de nuestros sueños yaciera muerto y desnudo delante de nosotros sin nada ni nadie que nos impidiera rozarle? Acariciar su cara, sus brazos, sus muslos… Sigue sonando igual de repulsivo, ¿verdad? ¿O no? Lo cierto es que nunca sabremos cómo reaccionaríamos en una situación así si no nos enfrentamos a ella y precisamente ésa es la premisa y consecuente reflexión moral de la que parte EL CADÁVER DE ANNA FRITZ, presentada en nuestro país en la 48ª edición del Festival de Sitges
La opera prima del hasta ahora guionista de géneros tan alejados del thriller y el terror como EL COR DE LA CIUTAT o LOS LUNNIS, HÈCTOR HERNÁNDEZ, nos presenta esta cinta de bajo presupuesto que demuestra de principio a fin esa archiconocida verdad de que no hacen falta grandes medios para hacer grandes películas. Sólo hacen falta ganas y, por supuesto, talento. Y de esto, el filme que nos ocupa, va sobrado.

 

 

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Mediante un travelling (quizá de los planos más interesantes y originales de todo el filme) que sigue a un celador de hospital llevando una camilla, una voz en off nos presenta a la glamurosa, talentosa y bellísima actriz Anna Fritz (ALBA RIBAS, conocida en el panorama nacional por su papel en EL BARCO): nos habla, mediante varios extractos de cortes de voz, de su carrera, sus premios, su vida personal… y su muerte. Medio mundo acaba de quedar consternado ante el hallazgo de su cadáver en la bañera de una habitación de hotel y el hospital que alberga su cuerpo sin vida a la espera de la autopsia queda en el absoluto secreto para evitar curiosos. Excepto para Pau (ALBERT CARBÓ), el celador que conduce su camilla hasta la morgue.
Con la excitación que conlleva ver a una de las actrices más cotizadas del panorama mundial delante de él, Pau no se lo piensa y envía una foto a sus amigos Iván (CRISTIAN VALENCIA) y Javi (BERNAT SAUMELL) que, tampoco se lo piensan, y hacen un alto en su camino hacia una fiesta para, primero, animar a Pau a que salga con ellos y, segundo, ver a su idolatrada Anna Fritz. Y ahí, amigos, comienza la gloria y posterior pena de este grupo de amigos.
Anna Fritz es famosa… Anna Fritz es preciosa… Y nadie les está viendo. ¿Qué pasaría si se dejaran llevar y dieran rienda suelta a todas sus fantasías? Como ellos mismos bromean, seguro que ella no se va a negar. Ni siquiera se va a enterar, ¿no? 

 

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Pero como efectivamente imaginábamos, se equivocaban: con sus brillantes ojos azules bien abiertos, quizá representando la única pureza del filme, y sin mediar palabra mientras hacen lo que quieren con ella, ALBA RIBAS logra expresar tan solo con su mirada el sufrimiento, miedo y confusión que su personaje está atravesando. Y, a partir de ahí, cuando se dan cuenta de que Anna Fritz ha despertado, es cuando el largometraje empieza a tomar un ritmo que no decae en ningún momento de sus setenta y seis minutos de duración.
Lejos de aburrir al espectador al tener prácticamente una única localización, la morgue del hospital, y un elenco de tan solo cuatro actores, EL CADÁVER DE ANNA FRITZ cuenta con unas interpretaciones sorprendentemente a la altura (teniendo en cuenta su corta experiencia en cine) de jóvenes actores de nuestro panorama español (en su mayoría, poco conocidos a nivel nacional) con ínfulas de convertirse en talentosos nombres del cine patrio. RIBAS, por una parte, y VALENCIA, por la otra, llevan excepcionalmente gran parte del peso de las actuaciones. Digno de contrastar es, precisamente, el papel de cabecilla sin escrúpulos de VALENCIA con la timidez y falta de personalidad perfectamente expresada de CARBÓ (Pau), así como con los intentos de sensatez de SAUMELL (Javi), personaje con el que quizá más parte del público podría sentirse identificado. A excepción de ALBERT CARBÓ, que ya había tenido un papel protagónico en la no muy bien parada BULLYING (JOSETXO SAN MATEO, 2009), nadie diría que estos jóvenes se enfrentan a sus primeros papeles protagónicos en la gran pantalla.

 

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Aislando las interpretaciones, EL CADÁVER DE ANNA FRITZ cuenta con aciertos en el plano técnico que ayudan a conformar su más que aceptable cómputo global: su agónica y lúgubre fotografía, que apenas muestra colores más allá de fríos azules, grises y verdes, así como sus igualmente turbias música e iluminación, hacen referencia en todo momento al propio frío y agonía de la que toda la atmósfera de la película está rodeada. Tanto es así, que incluso el apellido de la difunta actriz, Fritz, parece querer advertirnos del lúgubre y perturbador ambiente en el que vamos a adentrarnos.
Si bien la necrofilia es sólo la excusa para dar pie al dilema al que después protagonistas y público se van a enfrentar, es tan cierto como destacable que, lo que podría haber sido una cinta llena del festín gore que suele reinar en títulos con premisas semejantes, se ha convertido en un sutil y cuidado thriller que apenas tiene que recurrir a sangre, vísceras y demás casquería gore para transmitir la tensión que un argumento como éste debería transmitir. Al contrario de lo que podría pensarse partiendo de la idea de tener sexo con un cuerpo sin vida, tampoco la explicitud del sexo, a la que el cine español se enfrenta desde el principio de los tiempos como uno de sus tópicos más arraigados, tiene cabida en EL CADÁVER DE ANNA FRITZ. Ni falta que le hace. Ya se sabe: ‘mejor insinuar que mostrar’… ¡La imaginación es muy poderosa!

 

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Si queréis despedir a la difunta actriz y poneros en la piel de estos tres jóvenes con ganas de traspasar los límites, EL CADÁVER DE ANNA FRITZ se estrenará el próximo 30 de octubre en salas de toda España. Nosotros, por nuestra parte, les deseamos la mejor de las suertes. Intriga, buenas interpretaciones, perfecta ambientación y, encima, de nuestro país… ¿Qué más podemos pedir?

 

LO MEJOR

  • Su elenco protagónico
  • La atmósfera de intriga es constante durante absolutamente toda la cinta logrando no bajar ni un ápice el ritmo de su argumento
  • Conseguir ser un thriller de calidad sin derramar litros de sangre

LO PEOR

  • Se hace corta
  • Podrían haber ahondado en qué le ha ocurrido a Anna Fritz para acabar viva en una morgue
  • El público más morboso puede sentirse decepcionado al ver la cinta y esto podría jugar en su contra a la hora de cosechar espectadores en las salas de cine

 

 

Silvia Martínez

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