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Asphyxia, la obra que firma Cö shu Nie y que —con gran acierto— abre los capítulos de Tokyo Ghoul:re cita, en sus últimos compases SchadenfreudeEste término alemán hace alusión al sentimiento de felicidad hacia el sufrimiento ajeno. Es un término que suele identificarse con el sadismo y que, sin duda alguna, encaja a la perfección en la obra de Sui Ishida.

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Pero que encaje en la obra del maestro Ishida no quiere decir, necesariamente, que haga lo propio en la de Pierrot. Porque si bien, ambas obras narran el mismo contenido, siento que la segunda difiere tanto del sentimiento de la original que apenas pueden compararse. Como si el uso de Cö shu Nie en su pieza fuese, al final, una suerte de metacomentario sobre el desarrollo del anime.

Sensaciones infieles

Aunque es algo que hemos mencionado a lo largo de nuestras críticas de Tokyo Ghoul:re, Pierrot se ha alejado de los inventos obtusos a la hora de adaptar la secuela de la obra original. Pero su fidelidad es una vacía, insulsa. Si en la primera crítica se abría hablando sobre el paradero del alma de Ishida resulta triste afirmar, ya en su quinto episodio, que su esencia aún dista mucho de encontrarse aquí representada.

De hecho es su primera escena, esa en la que se muestra a Mutsuki atemorizado, casi la única en la que se consigue captar algo de su magia. Miedo, desesperación. Un atisbo de locura incluso. Sui Ishida es oscuro, obsceno. Como la propia Asphyxia. Pero su adaptación —incluso manteniéndose fiel a su argumento— pierde gran parte de todos esos matices para ofrecernos una versión descafeinada de la misma.

Los segundos que preceden a esa primera escena lo demuestran. El escuadrón quinx se enfrenta a Kanae pero la animación es simple. No tiene peso, no existe la kinestesia. Los movimientos van y vienen pero no se sienten. Tampoco el chocar de las armas ni el esfuerzo de sus personajes más allá de incluir una y otra vez (a lo largo de todo el episodio) el clásico plano de la boca derramando sangre tras un duro golpe.

Guerra abierta 

Las escenas se suceden con rápidez. Se sienten atropelladas, casi incompletas. Los cortes son demasiado consecutivos y resultan en una adaptación entrecortada, formada por pequeños fragmentos de muchas cosas diferentes. Pero, sin querer rendirse, el episodio continúa.

Takizawa aparece de nuevo en escena, trasportando con él la discordia y la locura. Como ya sucedía con la dicotomía Sasaki-Kaneki, su entrada viene acompañada del brote de notas de piano retorcidas, como la propia personalidad del que —como se revela finalmente— fue antaño un inspector de ghouls. Su forma de traer consigo la locura es loable, un tinte clásico de la obra.

Crítica de Tokyo Ghoul:re 05

Y, sin duda, ayuda a ofrecer cierto dinamismo al capítulo. Pero vuelve a sentirse frío. Quizás sea por la propia censura —aunque no cuesta achacarlo a una falta de amor por la obra que trata o a una supuesta falta de presupuesto en el mejor de los casos— pero pierde toda su fuerza. No es impactante, tampoco desgradable. El momento en el que el ghoul destroza a Togi casi parece un capítulo exagerado de Nichijō, como si el único hecho importante fuese el de respetar una charla. Se pierde en si mismo.

Por lo demás, el capítulo ilustra la guerra abierta entre CCG y  el Árbol Aogiri, que se muestra dispersa entre todos los frentes activos. Mado muestra su capacidad para usar a Fueguchi por un lado mientras Nutcracker destroza con plausible facilidad al escuadrón de Oshiba sin fijarse siquiera en el uso de los tempos.

Destaca, entre todo el caos que se genera en el edificio, el encontronazo entre Urie y Suzuya. No tanto por el encuentro en sí, sino por como Urie sigue con esa evolución egoista (incluso arriesgando la vida de Mutsuki) que representa al personaje y que se ve completamente aplastada al final del episodio, dando paso al drama en la siguiente entrega.

Reconstruyendo sobre el pasado

El desarrollo del episodio se ve salpicado por la aparición de antiguos conocidos. Algo que la serie lleva ya haciendo desde su propia obertura pero que insiste en ignorar el uso del fanservice para darle un uso fructuoso a esa forma de recordar el pasado. Aunque no dedique un gran espacio a ello, resulta interesante el como lo ilustra.

Queda claro que ha pasado tiempo, que han habido cambios. Y, sin necesidad de explicarlos, podemos ver a Uta y Roma combatiendo contra la CCG. Hinami de fondo y Ayato lanzándose en picado a proteger a Naki y los suyos, quien también hace aparición con su particular sentimentalismo. Da la impresión de que su desarrollo quiere poner todas las piezas en su sitio, conectar de nuevo a todos sus personajes, antes de dar pasos más grandes.

El propio capítulo acaba con una sensación similar. Mezclada, de igual forma que como empezaba, con cierta despeseración. Mientras los inspectores combaten como pueden contra Aogiri, el escuadrón Quinx se ve dividido. Sin embargo, es Sasaki quien se ve en la peor posición, enfrentando en solitario a Takizawa, categorizado provisionalmente como rango SS~.

La adaptación de Tokyo Ghoul:re demuestra no estar a la altura a lo largo de todo el episodio. Es fría, débil, rápida y atropellada. Las secuencias estáticas y los combates insustanciales restan mucho de lo que siente su manga. Sin embargo, ese último golpe, la confrontación entre dos cíclopes, si que se siente. Hay un impacto, una sensación. La esperanza de que el sexto capítulo logre lo que sus anteriores no han conseguido.

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Óscar Martínez

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