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La definición de thriller, quizá en demasiadas ocasiones, envuelve la construcción de una cinta que no solo se alimenta de suspense si no que, para justificar todo lo que el argumento ofrece, debe introducir elementos disuasorios que completen una historia que no llega a lograr esa tensión propia de un género que ha pasado por múltiples transformaciones a lo largo de los años. Es posible que el thriller como tal ya no tenga cabida en un mundo cinematográfico en el que la incertumbre que ofrecían estos largometrajes parece haberse difuminado para dar paso a los vacíos argumentales y a un efecto tenso que dura algo más que un pestañeo. Si bien es cierto que son muchos los ejemplos de películas que han logrado anclar al espectador en su butaca, son todavía más aquellos que prometían un exceso de infiltraciones angustiosas para, finalmente, ofrecer al público una sesión de pequeños retazos de angustia argumental, eliminando cualquier futura intención de volver a pasar por semejante tortura visual.

 

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ASESINOS INOCENTES no se queda lejos en esta descripción. La ópera prima del director GONZALO BENDALA lleva a la gran pantalla un guion que, disfrazado de obra de gran complejidad, cae en la más absoluta sencillez a medida que este avanza. Este hecho le aleja de ese homenaje a ALFRED HITCHCOCK al que BENDALA parece querer venerar, haciendo de este un thriller que resulta un tanto insulso y, en ocasiones, nacido completamente de la ficción más absoluta. Quizá el tropiezo más relevante de toda la cinta es la inverosimilitud que se respira en cada minuto de metraje, alejando al espectador de lo que contempla en pantalla y haciendo del largometraje una obra que se inclina más hacia el esperpento que hacia la propia construcción de unos hechos creíbles. De hecho, son pocos los elementos que pueden ser destacados positivamente de ASESINOS INOCENTES, bien por la cuestionable calidad e incoherencia de la trama que presenta o bien por la entremezcla de géneros sin sentido alguno a fin de rellenar una historia que se encuentra defectuosa prácticamente desde el principio.

Resulta curioso como, a pesar de la apariencia dramática y de las desmesuradas situaciones que se dan en la historia, incluso podemos encontrar ciertos momentos cómicos que nos indican que no estamos ante una película corriente, sino ante una especie de experimento cinematográfico cuyo objetivo parece enfocarse hacia la inusual reacción del público que hacia su propio disfrute, lo que nos lleva a recordar cómo llamar thriller a cualquier obra que presente un pequeño resquicio de suspense no resulta del todo acertado. Es posible que parte de esto tengan la culpa las actuaciones irregulares de los actores que dan vida a los protagonistas, debido posiblemente a que los propios personajes resultan anodinos y, en ocasiones, un tanto ridículos lo que resta la credibilidad necesaria a unos individuos condenados a vivir en una trama que aporta más tosquedad que angustia. Incluso el actor con más trayectoria de la cinta parece esforzarse enormemente al dar vida a un personaje que, a pesar de ser totalmente necesario para el largometraje, no parece encontrar su sitio en la cinta.

 

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La incoherencia que ASESINOS INOCENTES presenta es, con toda seguridad, el elemento más destacado de una película que resultará, a grandes rasgos, decepcionante a pesar de sus intenciones y del esfuerzo por lograr un efecto propio de un clásico del cine de suspense. No se trata únicamente de la falta de sentido en muchas de las secuencias que en conjunto conforman el largometraje, sino que es la falta de credibilidad la que en todo momento parece sobrevolar el guion de una película que hará que más de uno se pregunte qué quedó de este género.

 

 

LO MEJOR:

  • El esfuerzo que se denota por incluir algún elemento que realmente despierte suspense.
  • La estética visual de la película.

LO PEOR:

  • El guion resulta totalmente inverosímil y, a ratos, incluso puede parecer cómico.
  • El reparto resulta un tanto sobreactuado.

 

 

Sheyla López

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