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Estados Unidos ha sabido exportar como nadie algo tan, a priori, complicado de hacer funcionar en el extranjero como es el patriotismo. En Wisconsin no tienen ni idea de quién es TORRENTE, pero aquí en España sabemos quién liberó cada ciudad norteamericana de los alienígenas de turno, quién salvó a los aliados en cada rincón del mundo en la Segunda Guerra Mundial o, en este caso, quién protegió un puesto de inteligencia de la CIA frente a las inmisericordes hordas de musulmanes.

En esto de plasmar y exportar el patriotismo en el cine hay pocos como MICHAEL BAY, capaz de convertir en cuestión de estado la llegada a la Tierra de unos robots que se transforman en coches. Pese a la inmensa cantidad de detractores que tiene, ha conseguido revalorizarse como director de cine comercial gracias a las extraordinarias taquillas que tienen sus películas normalmente, tocando géneros como la ciencia ficción, la acción o la comedia negra. Por otro lado, es complicado responder a la pregunta de si bajo toda esta mercantilización obscena del cine existen valores cinematográficos (no ya éticos o morales) que podamos destacar en su cine. La respuesta, para nosotros es sí, existen, pero MICHAEL BAY no pone fácil su defensa. En 13 HORAS: LOS SOLDADOS SECRETOS DE BENGASI, MICHAEL BAY retoma el cine de acción más tradicional, alejado de invasiones alienígenas, para narrar la complicada defensa de un puesto fronterizo de Estados Unidos en territorio enemigo por parte de un pequeño grupo de soldados de élite, que tendrán que sufrir y matar lo indecible ante el inmisericorde ataque de los enemigos. Un reparto televisivo y mucha acción son los reclamos para el más que evidente público al que va dirigido esta película.

 

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Ahora la pregunta que hay que realizar es si cumple con las exigencias de su público y si, además de eso, es un buen trabajo cinematográfico. La primera pregunta es fácil de contestar: sí. MICHAEL BAY es un excelente director de acción y en esta película entiende perfectamente las dimensiones del conflicto, mucho menores que las de TRANSFORMERS, y plantea unas escenas de acción cortas y numerosas, muy bien hiladas con la trama de la película y dirigidas con buen gusto y con talento.

No obstante, en un plano más puramente artístico, que es el que nos interesa, es mucho más complicado defender 13 HORAS. Arte y política nunca van separados (aunque intenten hacernos entender lo contrario), pero pueden separarse en parte a la hora de valorar una obra de arte. Aun así, en este caso eso se antoja algo complicado, pues toda la película está supeditada a los valores más arraigados que, asumimos, posee el ejército de Estados Unidos (y gran parte de este cine). El patriotismo exacerbado de la película distorsiona lo que podría ser un mero divertimento de acción y lo dota de una dimensión política de la que es difícil despegarse, haciendo que la película funcione a veces como panfleto o anuncio de alistamiento de las fuerzas armadas. Una mayor equidistancia, autocrítica o sutileza habría bastado, pero es evidente que MICHAEL BAY nunca ha sido un director sutil, o incluso irónico, como PAUL VERHOEVEN, a la hora de tratar temas políticos.

 

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De todos modos, 13 HORAS es (muy) moderadamente salvable en tanto que su propuesta de acción funciona bastante bien (muchísimo mejor que en TRANSFORMERS: LA ERA DE LA EXTINCIÓN, por ejemplo) por ser comedida pero contundente. Pero si una película como 13 HORAS decide salir del camino de la acción para tocar temas más políticos, debería exigirse que sea algo más crítica con lo que cuenta, aunque en este caso queda claro a quien está dirigido el mensaje, así que, en el fondo, no debería sorprendernos.

 

 

LO MEJOR:

  • MICHAEL BAY dirige acción como pocos.
  • El desarrollo interesante e intrigante de la película.

LO PEOR:

  • Entra en temas políticos con desatino.
  • El exacerbado patriotismo que enfoca la película a un público muy concreto (casi inexistente en nuestro país).

 

 

Guillermo Martínez

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