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Primera imagen - Criando ratas - El PalomitrónEl pasado lunes, 29 de enero, El Paracaidista nos invitó a la proyección de Criando ratas. La película, de bajo presupuesto, lleva ya unas semanas en nuestras salas… de casa, pues es de distribución gratuita. Un proyecto que le ha llevado seis años a Carlos Salado y su equipo, y al que autodefinen como cine neoquinqui, ya que supone la vuelta a un género que narra la vida del barrio y su gente, recuperado de las décadas de los 70-80. Entre sus calles asistiremos a distintas historias de un barrio manchado por la polvareda blanca del narcotráfico.

Probablemente lo más destacable de la película sean las actuaciones, pues la mayor parte de los intérpretes son gente del mismo barrio que juega a representarse a sí mismos, incluido Ramón Guerrero, a quien pudimos conocer junto al director y productor, Rubén Fernández. Carlos Salado nos explica que la sinergia entre los actores y él mismo era total, que la mayor parte de los diálogos no estaban en papel, sino que fluían de sus intérpretes, así como las historias que surgían en ocasiones de manera espontánea, lo cual podía significar la reestructuración de ciertas partes del guion. Tampoco existió un casting al uso, sino que fue el mismo director quien recorrió las calles alicantinas en busca de sus musas. ¿Con qué objetivo? El de un cine hiperrealista, una ficción que interprete la realidad para, en este caso, hacer denuncia social. Un espejo que refleje aquello que está ocurriendo mediante una fábula ficcionada. En manos del espectador quedará decidir si el artificio le resulta convincente o, en cambio, le aleja del propósito del filme.

Actores principales - Criando ratas - El Palomitrón

Durante la rueda de prensa pudimos preguntarle a su director por qué consideró que la ficción podía ser más efectiva que el documental para este relato social. “En ningún momento nos planteamos hacer un documental, soy un apasionado del género quinqui y llevaba años pensando en un proyecto así. Hay imágenes que nosotros mostramos aquí que jamás podrían aparecer en un documental. Pensemos también en la música, por ejemplo, que tiene una intencionalidad muy clara, y no podría tener cabida en un documental”.

La pregunta quedó un tanto en el aire y nos deja con la idea de que quizás algunos podrían considerar más convincente este mismo relato desde el punto de vista del documental, donde pese a un velado subjetivismo, las situaciones están directamente arrancadas de la realidad. Criando ratas nos ofrece un cuento verosímil, pero un cuento al fin y al cabo. También lo hacía el cine quinqui, que ahora vuelve de la mano de Carlos Salado, respetando muy bien fórmulas pasadas, un cine de bajo presupuesto (un presupuesto de 5000 € en este caso) y crítica social. Una revisita al género que quizá no es conveniente llamar neoquinqui, pues no significa una revolución del género, manteniendo su esencia, pero que homenajea al cine quinqui en la actualidad. Un proyecto sin retorno económico (incluso su canal de Youtube ha sido desmonetizado) que nos ofrece una historia de final abierto, que nosotros mismos deberemos cerrar.

Ramón Guerrero 2 - Criando ratas - El Palomitrón

Fue muy especial contar con Ramón Guerrero, protagonista de la película, y poder escuchar sus batallitas. Guerrero nos explica que él mismo se dedicaba a trapichear y robar cuando Salado le propuso grabar la película. Guerrero, que en un comienzo se lo tomó a broma, se vio cada vez más involucrado en el proyecto. En el momento de comenzar a rodar, la policía le llevó a prisión. “El primer día de visita, Carlos vino a verme. Lo primero que le dije fue que se buscara a otro actor, que capaz que tenía para un par de años. Carlos me dijo que no, que yo era su actor e iba a esperarme. Eso me ayudó mucho”. Ramón consiguió escapar de, en palabras de Carlos, “la tragedia pura y dura que es el mundo de las drogas”. La película se grabó en los momentos en que Ramón estaba de permiso; él mismo asegura que la cárcel le hizo madurar: “Al final conseguí salir de permiso después de año y medio. Y fue por buena conducta, me pinté la cárcel enterita yo solo y me dijeron que vale, que podía irme”. Fue emocionante escuchar a Ramón sobre su día a día actual, feliz de levantarse a las 7 de la mañana y volver a casa por la tarde, de poder dormir tranquilo por las noches. Su testimonio, fuera y dentro de la película, es sin duda uno de los puntos fuertes de Criando ratas. Su compromiso fue tal que afirmó: “Yo estaba de permiso y no podía ni beber alcohol. En una de las escenas me hice una raya de Gelocatil y de la emoción del momento me la esnifé hasta dentro. Esa noche dormía en la cárcel. Dolor de cabeza no tuve”.

Una película que, como puede verse, toma un rumbo más de los que vive el cine. Es la segunda vez que damos con el término “hiperrealista” en menos de una semana: el Billy Lynn de Ang Lee, con su 3D, a 4K y 120 fps, también aboga por un cine hiperrealista. Dos experimentos que comparten término, pero que, en el primer caso, viven un hiperrealismo interpretativo, mientras que en el segundo es más bien de carácter técnico. No sabemos cómo seguirán desarrollándose ambas propuestas, ni si lo harán. Ahora os toca a vosotros valorar Criando ratas:

Eloy Rojano

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