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Este documental, que se puede ver actualmente en Movistar+, está teñido de azul (el azul Tiffany, claro). En el catálogo de color de Pantone es el conocido como 1837 (precisamente el año en el que Charles Lewis Tiffany fundó en Nueva York su tienda) y, según explican los historiadores de la joyería, su elección por este tono de turquesa vino derivado por ser el escogido por la «chica de moda» del momento, la emperatriz Eugenia de Montijo, como su color oficial: el color azul del huevo del mirlo. Curiosidades sobre la marca, relaciones con personajes históricos, su actual estatus en el imaginario occidental… Eso es lo que nos trae este documental, dirigido por Matthew Miele (director y guionista de, entre otros, Esparcid mis cenizas en Bergdorf), una especie de anuncio de larga duración en el que solo se enseña lo maravillosa que esta marca y como, supuestamente, toda mujer sueña con ser agasajada con una caja de Tiffany’s.

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Lo más interesante del documental es, sin duda, cómo se alimenta el mito de Tiffany’s gracias a su relación con la literatura, el cine, la televisión o la música. Algo que comenzó con Desayuno con diamantes (Breakfast at Tiffany’s), el libro de Capote, pero, especialmente, con la película protagonizada por Audrey Hepburn. Curiosamente, se explica cómo se suavizó la profesión de la bella Holly para no escandalizar al público biempensante de la época. Pero hay muchos más ejemplos, entre los que destacan alguna escena de Sexo en Nueva York, la pedida de mano de Sweet Home Alabama o la canción de los Deep Blue Something. Espectaculares resultan las joyas que se diseñaron para El gran Gatsby, de Baz Luhrmann, y ciertamente frívolas las afirmaciones de que a las estrellas caprichosas se las convierte en colaboradoras si se les propone usar joyas de la firma en la pantalla o se le hace un bonito obsequio envuelto en la cajita azul.

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Muchas imágenes bonitas, mucho rico, mucho famoso, muchos personajes relacionados con el mundo de la moda y del diseño, más historia de la firma, repaso a creaciones míticas, colaboraciones con famosos artistas para crear escaparates, relación con el deporte a través de los trofeos de las más importantes competiciones estadounidenses… y la aparición de algunas damas de la alta sociedad neoyorquina y de sus hijas, que parecen salidas de Gossip Girl, y que con no más de catorce años afirman, sin ningún reparo, que el amor se mide en el tamaño del diamante. Unas niñas que analizan obsesivamente el catálogo de la joyería, el famoso “libro azul de Tiffany’s”, y que quizá tengan entre sus libros de cabecera el Manual de buenos modales en la mesa para adolescentes de Tiffany’s.

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Solo hay un mínimo momento para la crítica en los 83 minutos de documental para decir que a algunos jóvenes no les gusta Tiffany’s porque representa a una parte demasiado blanca y privilegiada de la sociedad. Pero se excusan diciendo que eso ya está cambiando y que fueron de los primeros en poner un anuncio de alianzas matrimoniales protagonizado por una pareja homosexual. Puede que ellos no hagan la crítica a lo que representa, pero el espectador sí que echará en falta la variedad en los entrevistados o que todos afirman tener una relación especial con la firma o con alguno de sus diseñadores, y resulta que no siempre es así. Se avisa de los errores de estos, algunos en el mismo momento de la entrevista, lo que hace que las caras que pongan sean como de «Tierra, trágame».

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En resumen, un publirreportaje que revela anécdotas de la firma (como que realmente no venden tantos anillos de compromiso y que la gente va a verlos para luego comprar copias más baratas en la calle 47), que explica el éxito basado en una buena publicidad y en posicionarse de ese lado del que todo el mundo querría estar, junto a estrellas del cine más clásico; que nos enseña, por unos instantes, cómo debe ser eso de no tener que preocuparse por nada más que elegir la pulsera adecuada para ese vestido de firma. Pues eso, mucha frivolidad y cosas bonitas, solo apariencia y nada más.

Rocío Alarcos

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