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Última jornada a competición en el SEFF, que mañana mismo da a conocer su palmarés, en la que se han presentado las dos últimas candidatas al Giraldillo de Oro: la austriaca Mister Universo y la búlgara Godless. Sin embargo, ha sido la comedia francesa In bed with Victoria la que mejores sensaciones nos ha dejado en el penúltimo día de festival. La película de Justine Triet ha convencido tanto a la prensa como a los espectadores en Sevilla.

In bed with Victoria

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(Por Pablo Herrera)

Enmarcada dentro de la sección de Las Nuevas Olas, Victoria, como se llama originalmente en francés, la tercera película de Justine Triet es una simpática comedia romántica que trata de reinventar la fórmula y aportar un punto de vista moderno y femenino en un género en el que abundan los clichés.

Protagonizada por una excelente Virginie Efira, seguimos la historia de Victoria, una prestigiosa abogada, divorciada y con dos hijas, que se queda sin niñero en el peor momento. En ese instante aparece un antiguo cliente, Sam (Vincent Lacoste), al que defendió por tráfico de drogas unos años atrás y que ahora trata de enderezar su vida. Totalmente embelesado por Victoria, se ofrecerá a ser su niñero y asistente personal, a la vez que las desgracias comienzan a llegar al mundo de la abogada.

Uno de los puntos más llamativos y positivos de la comedia romántica, que ha tenido una gran acogida de crítica y público, es que subvierte los roles tradicionales del género, dando a la mujer el lugar de la profesional fuerte, exitosa y con mayor edad, mientras que es el hombre el que está supeditado a ella, tanto laboralmente como en el aspecto sentimental. Victoria, además, es una mujer moderna e independiente, que vive el sexo con normalidad, trayendo a sus ligues a casa, y que no trata de ser la mujer perfecta que puede con todo ni se dedica a las tareas del hogar, para lo que necesita la ayuda de Sam.

La trama gira en torno a una falsa acusación de intento de asesinato por parte del mejor amigo y expareja de Victoria a su actual compañera. Este punto es, sin duda, el más polémico y problemático de la película de Justine Triet, ya que trata de poner en perspectiva el asunto de las falsas denuncias de malos tratos, a pesar de ser menos del 0,4 % de los casos. In bed with Victoria podría haber funcionado igual de bien sin servir de apoyo a aquellos que buscan reafirmarse en la idea de que las mujeres están histéricas y se inventan la violencia que sus parejas masculinas ejercen sobre ellas.

El punto de vista de la directora queda claro cuando el personaje de Victoria se encuentra con una testigo que le acusa de misoginia. Victoria responde que lo que es misógino es pensar que una mujer, por ser mujer, debe ser siempre la víctima. Esto parece ser uno de los hilos conductores de la película.

Victoria es una mujer caótica, con problemas y malos comportamientos. Gracias a la ayuda de Sam, consigue enderezar uno de los momentos más duros de su vida y empezar a ser consciente de esa ayuda en la sombra que siempre tuvo. Un argumento que podría ser típico si Victoria fuera un hombre.

Pese a todo, la película es divertida e hilarante, con grandes momentos cómicos y cumple, con creces, con las expectativas. Te hace salir del cine creyendo en el amor, eso sí, huyendo de los mitos del amor romántico, en el que ambas partes son imperfectas e independientes y no dos mitades que deben cuadrar para que todo funcione.

Mister Universo

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(Por Fon López)

El dúo artístico formado por los directores Tizza Covi y Rainer Frimmel aúna en su nuevo trabajo dos materias que ya había explorado anteriormente: el género documental y el mundo del circo. Aunque se trate de una película de ficción, Mister Universo plasma la cotidianidad de los trabajadores circenses descartando trabajar con actores profesionales y grabando a los protagonistas en sus hábitats naturales, limitándose a guiarles lo justo para que sigan el hilo narrativo.

Cuando acabamos de ver la película, no sabemos cuánto de realidad había en ella. La impresión es que muchas de las acciones y de los diálogos no partían de un guion que, probablemente, no dejó de reescribirse hasta finalizar el rodaje.

Covi y Frimmel vuelven a trabajar con Tairo Caroli tras La Pivellina, Mejor película en el Festival de Gijón en 2009 (entonces dirigido por Juan Luis Cienfuegos, actual director del SEFF, y que ya trajo a los directores a Sevilla en 2012 con The Shine of Day). Tairo, al igual que entonces, vuelve a interpretarse a sí mismo. En esta ocasión, lleva las riendas de esta road movie en la que emprende un viaje para buscar a Arthur Robin, el primer Mister Universo negro que, cuando era pequeño, le regaló una herradura de la suerte que él mismo había doblado con sus manos.

Tras el robo de su herradura, Tairo se niega a trabajar y aprovecha la búsqueda del antiguo Mister Universo para visitar a distintos miembros de su familia, todos trabajadores del circo. Así, conocemos la precariedad de las viviendas y los puestos de trabajo de estos artistas nómadas que respetan las supersticiones como si fueran mandamientos religiosos.

Pese a que la película nunca resulta aburrida, la ausencia de conflicto durante esta hace que la narrativa quede en segundo plano y sea el espectador el que decida si meterse de lleno en ella dependiendo del interés que le genere el universo que se retrata. Si lo único ficticio que hay en Mister Universo es la necesidad de encontrar el amuleto de la suerte por parte de Tairo, no sabemos hasta qué punto podemos considerarla una película de ficción. Sea como sea, la sensibilidad con la que Covi y Frimmel se acercan al mundo del circo hace que el visionado resulte disfrutable.

Godless

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(Por Pablo Herrera)

La película de la directora búlgara Ralitza Petrova ha sido la última en estrenarse dentro de la Sección Oficial. Ganadora del Leopardo de Oro a Mejor película y Mejor actriz protagonista en el Festival de Locarno, nos encontramos ante un filme gélido e inhóspito, en el que la decadencia que impregna todo traspasa la pantalla, con un ritmo lento y asfixiante, por no decir aburrido.

Seguimos la historia de Gana (Irena Ivanova), una enfermera que roba los DNI de los ancianos que cuida para venderlos en el mercado negro. Ayudada por su pareja, Ventzislav Konstantinov, y asociados con personas poderosas, son el último eslabón de una cadena de corrupción que afecta a todos los niveles, en un país que aún no se ha desprendido de las estructuras mafiosas que sucedieron al fin del comunismo.

La fotografía, el clima, los escenarios y los propios protagonistas ahondan aún más en este aspecto decadente, propio de los antiguos países soviéticos, que no da un solo respiro para mostrar algo bello o agradable. En Godless nada es bonito ni merece la pena, y todos están atrapados en una existencia en la que, a secas, sobreviven.

Incluso uno de los peces gordos, en una conversación en uno de los prostíbulos más decadentes del cine reciente, lo afirma mientras habla con su igual: a diario, cuando se despierta, ni siquiera quiere abrir los ojos, porque preferiría estar muerto. Esta sensación llena la pantalla y nos hace ver Bulgaria como el último lugar donde querríamos estar, un lugar sin esperanza donde tampoco hay hueco para la ilusión.

Con un final confuso y sorprendente, difícil de interpretar, cuesta hacer cábalas sobre cuál es el sentido último del filme, más que realizar una evidente crítica a la corrupción en Bulgaria y al estado de una sociedad que no sabe disfrutar de la vida y que se mueve por inercia.

La lentitud de Godless hace que tampoco queramos saber más sobre ese enigmático final y que deseemos huir lo más rápido posible de ese mundo desagradable. Si la intención de Petrova era conseguir esta sensación, lo logra con creces. A pesar de todo, al espectador le queda la impresión de que la trama ha sido desaprovechada y que podía haber dado mucho más de sí.

No parece que ninguna de las tres películas vayan a estar en el palmarés que conoceremos mañana mismo a mediodía. Ya fuera de competición, aprovecharemos la jornada para ver otro tipo de propuestas de las distintas secciones del SEFF, como la polémica Nocturama, que tanto dio que hablar en San Sebastián.

Fon López y Pablo Herrera

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