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El cine italiano contemporáneo sabe perfectamente adaptar historias a su cultura nutriéndose de un estilo de vida que, dentro de lo que cabe y sabiendo las desavenidas situaciones que vivimos en estos tiempos, unifica el lujo con la tradición. Debemos situarnos en una Sicilia soleada, eclipsada por el deseo, la desconfianza y la traición.

Luca Guadagnino se aventura a realizar el remake de La piscina, de Jacques Deray. Parece que últimamente las historias francesas están sirviendo a los cineastas italianos a la hora de utilizar una cinta para completarla con su propio estilo (si no, véase la recién estrenada El nombre del bambino, de Francesca Archibugi). Guadagnino se consagró como director tras su segundo filme, Yo soy el amor, que ganó el BAFTA a Mejor película de habla no inglesa, fue nominado a Mejor vestuario en los premios de la Academia y participó en numerosos festivales internacionales.

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En Cegados por el sol, el director italiano imaginó una película sobre amor, belleza, sexo, sensualidad y deseo, unificado con el peligro que supone reencontrarse con el primer amor. Una bomba de relojería que solo dejará los restos y la destrucción tras la onda expansiva. Para ello, vuelve a contar con la portentosa Tilda Swinton en el papel de Marianne Lane, una estrella del rock que pasa sus vacaciones en la localidad de Pantelaria con su actual pareja, Paul (Matthias Schoenaerts). Allí quedarán con Harry Hawkes (Ralph Fiennes), el descubridor y amante de la cantante, y con su sensual hija Penélope, a quien dará vida Dakota Johnson (estos dos últimos completan el elenco principal de caras conocidas). La unión de los cuatro supondrá la ruptura entre un mundo que ya no existe —el rock ’n’ roll de finales del siglo XX— y el nuevo conservadurismo que, de algún modo, nos gobierna hoy en día.

La película se mantiene estable y lineal durante todo el metraje, permitiendo que los actores se explayen en sus interpretaciones, sobre todo Fiennes, que se envuelve en un halo de locura y demencia, así como la fragilidad y sutileza en los movimientos de Dakota. Aunque bien es cierto que Guadagnino ha querido demostrar cómo el pasado lleva a los personajes a alcanzar la versión más real y presente de sí mismos, se queda en un intento, por lo que no termina de explotar sus características y personalidades al cien por cien.

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Reconocido por el director, la inspiración que le llevó a desarrollar la película se basa en Roberto Rossellini, en la energía de Martin Scorsese y el profundo conocimiento humano que presentan todas las cintas de Jonathan Demme. Casi nada. Y aunque también es cierto que existen tintes y una intención acertada, puede ser que la inspiración se quede en algo efímero, puesto que tales referencias resultan enormes y desmesuradas a la hora de construir una cinta que más bien se acerca a los trabajos de los escritores Paul Bowles y Patricia Highsmith, sobre todo por la visión de crear personajes propios del cine negro con la habilidad de posicionarlos en un mundo extraño al suyo.

Cegados por el sol es el enredo que conduce a lo más oscuro del ser humano, alimentado por el deseo y el sexo, que se torna en un drama moderno de las relaciones psicológicas. De esta forma, el clímax se sitúa en el desenlace, repleto de inquietud y dinamismo.

LO MEJOR:

  • El tándem creado entre los protagonistas hollywoodienses y la visión de la Europa más mediterránea del director es perfecto, utópico y convincente.
  • La escena en la que Ralph Fiennes se mete en el papel de Mick Jagger bailando Emotional Rescue.
  • La banda sonora, completamente genial, se alza con otro papel principal en el elenco de la película, sobre todo la voz de St. Vincent.

LO PEOR:

  • Todo metraje que no esté incluido en el prólogo y en el epílogo resulta insustancial, quizá por el hecho de querer pisar sobre suelo firme sin arriesgar. Guadagnino convierte lo inexpugnable en tedioso.

 

 

Josué Brühl

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