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El inminente estreno de Trumbo: La lista negra de Hollywood ha devuelto a la actualidad uno de los episodios más vergonzosos (y visto en perspectiva, más curiosos) que ha vivido el cine en general y la industria norteamericana en particular. No debería sorprender a nadie que el cine, como ejemplar medio de comunicación, sufra aquí y allá censuras y revisiones partidistas espoleadas por el poder dominante en la región en cuestión. Ejemplos cercanos en el tiempo (siempre ciñéndonos al ámbito cinematográfico) hay a patadas: en Irán, el caso de Jafar Panahi, que ha tenido que recurrir a formas muy creativas para superar la barrera de la censura en su país, o, sin ir más lejos, en España, durante la dictadura franquista, muchas películas no pudieron ver la luz y fueron censuradas completamente o editadas para cumplir con las exigencias de las autoridades. Pero quizá el ejemplo más llamativo (o de mayor repercusión de toda la historia del cine) fue esa caza de brujas que desde los estamentos de poder se llevó a cabo contra todo aquel sospechoso de ser comunista durante los años de comienzo de la Guerra Fría, una época convulsa y de pánico.

A partir de los años 50, en Estados Unidos se promulgaron varias leyes que limitaban y censuraban la participación en partidos o actos comunistas de la mano del senador Joseph McCarthy (lo que se conoce como macartismo). El pánico generalizado ante el comunismo debido a la Guerra Fría que sufría Estados Unidos propició un clima de total hostilidad en estos años contra todo y todos los que tuvieran algo que ver con ello, incluidos los artistas cinematográficos. Amparado en el poderoso Comité de Actividades Antiamericanas, el senador McCarthy puso en el punto de mira a algunos guionistas, actores y directores de Hollywood que eran sospechosos de haber pertenecido o pertenecer a partidos u organizaciones comunistas.

La lista negra de Hollywood

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Cuando el Comité de Actividades Antiamericanas puso el ojo en Hollywood, algunos de los primeros nombres que empezaron a sonar a través de la prensa fueron los de importantes actores como Humphrey Bogart o James Cagney. Con las acusaciones de los compañeros de trabajo (en la mayoría de los casos), se crearían listas negras que concentraban a sospechosos de pertenecer a organizaciones comunistas para que fueran públicamente conocidos, juzgados ante el Comité de Actividades Antiamericanas, o bien como medida de presión para que perdieran sus trabajos y fuera imposible contratarlos por medio a represalias o escarnio público.

A finales de los años 40 se publicó una lista en la que figuraban nombres como el de Dalton Trumbo, guionista de Vacaciones en Roma o Espartaco; Herbert Biberman, director de La sal de la tierra; Edward Dmytryk, director de El baile de los malditos y El motín del Caine, o Albert Martz, guionista de La casa roja, así hasta llegar a 10 nombres: los conocidos como Los Diez de Hollywood. A pesar de que una buena parte de la industria cinematográfica norteamericana se movilizó frente a este ataque a los derechos y las libertades más básicas formando el Comité de la Primera Enmienda (que integraban, entre otros, Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Bette Davis, Gene Kelly, Edward G. Robinson o Billy Wilder) en un intento de apoyar a Los Diez de Hollywood, no pudieron evitar que, finalmente, estos fueran a la cárcel. Fueron muy famosos los juicios de Los Diez de Hollywood, puesto que muchos no se celebraron, y los dos que sí lo hicieron alcanzaron gran repercusión, sobre todo el de Dalton Trumbo, debido a la explosiva personalidad que tenía.

No solo Los Diez de Hollywood fueron privados de sus empleos y encarcelados por sus ideas; muchísimos profesionales del cine vieron sus vidas truncadas o tuvieron que tragarse su dignidad y aceptar los términos de las majors, alineadas con el Comité de Actividades Antiamericanas, para poder trabajar en el cine.

También son reseñables los apoyos que tuvo el macartismo (o simplemente el anticomunismo) en las filas más conservadoras de Hollywood: casos muy famosos como el de Elia Kazan (que recuperaremos más adelante), John Wayne o Walt Disney evidencian la profunda fractura que tuvo Hollywood en todos esos años.

Las películas de la caza de brujas

Toda esta injusticia se combatió, durante y después de que ocurriera, visibilizando a los artistas y a los implicados desde el propio cine. Algunas películas rodadas en aquella época sirven de archivo histórico ejemplar, además de guardar valor como trabajo cinematográfico. Otras, posteriores (hasta llegar a Trumbo: La lista negra de Hollywood) son crónicas de lo que ocurrió en esa caza de brujas.

BIG JIM MCLAIN (1952)

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Esta fue una de las primeras películas en tocar directamente el tema del comunismo en Hollywood y quizá la única de la lista cuyo objetivo era hacer propaganda contra los cineastas acusados de militancia comunista. Dirigida por Edward Ludwig y protagonizada por John Wayne, su valor cinematográfico residía principalmente en ser un ejemplo de cine propagandístico motivado por políticos y estudios para frenar y ridiculizar lo que ellos consideraban una amenaza.

LA SAL DE LA TIERRA (1954)

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Dirigida por Herbert J. Biberman (uno de Los Diez de Hollywood) después de salir de la cárcel y en la que aparecen muchos otros nombres de cineastas encarcelados, es un drama de corte neorrealista (contaba con multitud de actores no profesionales) sobre una huelga minera en una región de Estados Unidos. La película fue ampliamente criticada por los sectores afines al macartismo de Estados Unidos, que consiguieron torpedear su distribución en salas y la acusaron de estar financiada por el régimen soviético. Denostada entonces, ahora es una de las pocas películas con el privilegio de estar guardadas en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos debido a su gran valor artístico y cultural.

ORDEN EN LA SALA (1964)

Joseph McCarthy in the documentary POINT OF ORDER (1964, Emile De Antonio)

El único documental de la lista corresponde a Orden en la sala, dirigido por Emile de Antonio, que reúne grabaciones originales de las vistas a las que asistió el gobernador McCarthy, acusado de haber realizado acusaciones sin pruebas y de haber dado trato de favor a miembros del ejército. Supone una de las primeras denuncias explícitas contra ese periodo en formato cinematográfico y, además, es un documento histórico de gran valor para entender ese convulso periodo y la desacreditación que comenzó a sufrir el senador McCarthy a mediados de los años 50.

LA TAPADERA (1976)

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El tono grave de los trabajos anteriores se aligera un tanto en esta comedia dirigida por Martin Ritt y protagonizada por Woody Allen, en la que este último firma algunos de los trabajos de guionistas acusados de comunistas a cambio de dinero para que estos pudieran seguir haciendo cine y estrenando guiones a pesar de estar acusados y aislados por el macartismo. Este tema será también muy mencionado en Trumbo: La lista negra de Hollywood, puesto que el guionista Dalton Trumbo hizo lo propio y ganó dos Oscar con películas guionizadas por él pero con otros nombres acreditados.

BUENAS NOCHES Y BUENA SUERTE  (2005)

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Una de las películas dirigidas por el siempre interesante George Clooney que trata sobre cómo una cadena de televisión se enfrentó al senador McCarthy exponiendo las pruebas de los delitos que había cometido. La película, en un elegante blanco y negro, recuerda en cierto modo a Spotlight: la narración periodística es el único eje de la película, todo lo demás pasa a un segundo plano. Ejemplar pues en el trato del periodismo, pero algo más limitada en un plano meramente cinematográfico, Buenas noches y buena suerte es, con todo, una interesante reflexión sobre el macartismo y el periodismo.

TRUMBO: LA LISTA NEGRA DE HOLLYWOOD  (2015)

Bryan Cranston in "Trumbo." (Bleecker Street/Hilary Bronwyn Gayle/TNS)

Y llegamos a la película más reciente sobre el tema, un biopic sobre uno de los más lúcidos y brillantes guionistas del cine, Dalton Trumbo. La película, en clave de comedia satírica, hace un repaso a toda la vida cinematográfica de Trumbo, y a los problemas que tuvo con la justicia a raíz de su ideología. La película, que en muchas de sus partes posee un tono de broma, usa esto como arma para criticar el ridículo del macartismo y de las acusaciones que sufrían algunos cineastas. Por esta razón, Trumbo va algo más allá del biopic y se posiciona como crítica ácida frente a la censura y sus motivaciones políticas.

Algunos nombres importantes

Al final, la clave de todo fueron los propios cineastas y sus acciones: delaciones, renuncias, trabajos en la sombra, arrepentimiento y lucha son las constantes en una época realmente importante para el cine y para la propia censura que ahora podemos mirar casi con paternalismo, pero que evidencia la gran volatilidad de la libertad de expresión cuando esta de algún modo pone en entredicho al propio poder. A través de estos cuatro protagonistas que mencionamos a continuación, podemos ver una pequeña radiografía de un conflicto gigante:

ELIA KAZAN

Elia Kazan, New York Jan 1967

Fue uno de los más grandes directores norteamericanos de la época, y también uno de los mayores protagonistas de la caza de brujas. Debido a que militó de forma breve en el partido comunista, Elia Kazan decidió exponer y delatar a algunos de los otros comunistas de Hollywood para así salvar su pellejo y poder seguir haciendo cine. Debido a su gran talento tras las cámaras, Kazan fue galardonado con el Oscar honorífico en el año 1999, y una buena parte del público no aplaudió ni se levantó en rechazo a las delaciones que realizó durante la época del macartismo.

Elia Kazan declaró arrepentirse de su delación y, de algún modo, la lucha interna entre lo que hizo y su justificación se ha visto plasmada en su cine (quizá la forma más clara fue hacerlo en su celebrada película La ley del silencio).

DALTON TRUMBO

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Otro de los protagonistas de esta época, comunista declarado y de una fuerte personalidad histriónica, fue uno de los mayores luchadores por la libertad ideológica que hubo durante el macartismo. Famosas fueron sus declaraciones ante el Comité de Actividades Antiamericanas (recordemos que solo dos de Los Diez de Hollywood declararon, y él fue uno de ellos), así como los dos Oscar que ganó bajo el nombre de otros guionistas. Fue famosa también su participación en la productora King Brothers, que aprovechó su pequeño tamaño para contratar a muchos de los cineastas que no podían trabajar por pertenecer a una lista negra. Para esa productora escribió, en 1956, el guion de El Bravo bajo el seudónimo de Robert Rich (película que ese año se alzaría con el Oscar a mejor historia). Años después sería recordado por haber escrito algunas de las mejores líneas de la historia del cine, incluidas las de la famosísima película Espartaco. Además, posteriormente entraría en el terreno de la dirección en otra gran película: Johnny cogió su fusil, un lúcido alegato a favor de la eutanasia y en contra de la guerra.

KING BROTHERS PRODUCTIONS

985484521King Brothers Productions

Además de a Dalton Trumbo, esta productora auspició a muchas otras víctimas de la caza de brujas. Debido a su condición de productora menor, de serie B, sufrió en menor medida el acoso de las majors y pudo, en cierto modo, esconder la participación de cineastas condenados por comunismo que, sin duda, sirvieron de mucho a una productora normalmente incapaz de contratar a nombres importantes debido a su escaso presupuesto.

PHILIP YORDAN

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Ganador de un Oscar a mejor historia por Lanza Rota en el año 1954, es conocido también por haber colaborado en otra gran lista de importantes películas, entre las que se encuentran el guion de Dillinger, el de Cuando ruge la marabunta o el de Johnny Guitar. Pero además, Philip Yordan es famoso por haber participado en la productora King Brothers reescribiendo y firmando guiones de otros artistas que no podían hacerlo por estar condenados. Debido al macartismo tuvo que emigrar a Europa, y pasó posteriormente buena parte de su vida en España.

 

Se pueden escribir muchas, muchísimas más líneas, sobre este convulso periodo, pero esto es solo una pequeña introducción para intentar entender motivaciones y acciones, y cómo el cine evolucionó desde el idealismo de los años 30 y 40 en Estados Unidos hacia un cine más real, surgido a partir de la propia realidad de la época, debido, en parte, a que ni la magia de Hollywood pudo ocultar el fango que salpica al mundo. La censura probablemente sea inevitable; si no es en un lugar, aparecerá en otro, pero la caza de brujas evidencia que intentar censurar el arte no solo es casi imposible, sino que, a la larga, pone en evidencia al censurador y eleva a las cumbres al censurado.

Guillermo Martínez

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