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Canibal en El PalomitrónCANÍBAL, de MANUEL MARTÍN CUENCA (LA FLAQUEZA DEL BOLCHEVIQUE) es una película de cine negro con señas de identidad que, según las palabras de su propio director, se adapta a los tiempos que corren, tiempos de crisis moral, en los que el déficit de sentimientos hace que la gente se haya olvidado de cómo amar. Todo esto se expresa a través de un cine perturbador y que debe conmocionar. Y Caníbal conmociona, pero lo hace desde la perspectiva del interior que muestra una cara de normalidad. No es la ostentación del crimen o la exhibición de sus horrores. A través de  su personaje ANTONIO DE LA TORRE (GRUPO 7, BALADA TRISTE DE TROMPETA) nos muestra la esencia de un mal que vive entre nosotros, oculto entre paisajes próximos, se mueve a nuestro ritmo y comparte  nuestra cultura. No nos permite distanciarnos de él porque somos nosotros mismos.

 

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Carlos, reputado sastre de Granada, tiene una profesión tradicional que desempeña con la exquisitez de la experiencia heredada; vive en una ciudad, un barrio y en una casa que le vinculan con un pasado y con un modo de vida establecido por siglos; y tiene el comportamiento cortes de la educación del que vive en sociedad y sabe cuál es su sitio. Pero Carlos no sabe amar. Y deducimos que nunca ha sido amado. Un sentimiento como el amor es algo que llevamos impreso en nuestro código genético, necesita expresarse, forma parte de nuestra experiencia vital y Carlos lo saca de la forma más primitiva, devorando. Recuerda MARTÍN CUENCA las palabras de Jean Genet  “el beso es la forma de la primitiva ansia de morder, incluso de devorar”, el canibalismo es la forma de amar de Carlos que le convierte en un “depredador”. Trata a las mujeres como las telas con las que trabaja, extendiéndolas con delicadeza, precisión y elegancia, para ser cortadas, despiezadas como un traje hecho a medida, con la pulcritud del que conoce su trabajo.

 

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ANTONIO DE LA TORRE realiza una interpretación contenida, profunda, donde el gesto se somete a la mirada, una mirada llena de información. Consigue comunicar casi telepáticamente, con la quietud y la corrección de movimientos, sensaciones tan poderosas que no pueden ser actuadas sólo transferidas. Todo esto acompañado de una fotografía y una ambientación sugerente, perfectamente cuidada, pensada y calculada que contribuye a esa sutilidad que envuelve todo el mensaje de una película que se atreve con lo más prohibido. La multitud de símbolos y mensajes ocultos de sus expresivas imágenes son los ingrediente sugestivos que se exponen sin aclarar, como carga inconsciente de un mismo mensaje.

 

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La catarsis de este mundo de horror escondido vendrá de la mano del descubrimiento del auténtico amor, el que mira al otro no como objeto de auto satisfacción, sino deseando dar, hacer la felicidad del que se ama. Este será el motor de cambio del protagonista y su descubrimiento del sentimiento de culpa, “el amor le hace juzgarse”, le hace cambiar. MARTÍN CUENCA aclara “cuando encuentra ese sentimiento, lo vive desde el asombro, no como un melodrama, no con la mirada desde el pasado”, es la mirada de un presente que transforma, desconcierta y puede redimir. Pero la pregunta queda en el aire ¿puede realmente el amor redimir el mal? La actriz rumana OLIMPIA MELITE (SEVEN ACTS OF MERCY) encarna a las dos hermanas gemelas que luchan sin saberlo por esa redención, lucha que necesariamente  renace de una en la otra. Pero al final, ante el desenlace de los hechos, nos plantea otra pregunta ¿puede el amor resistir la verdadera cara del mal?

CANÍBAL “trata sobre la dialéctica entre el Mal y el Amor”. Vuelve a poner ante nuestros ojos el mito de la bella y la bestia de forma descarnada, actualizando el mal escondido en un mal camuflado y barnizado por una sociedad que ha ido perdiendo los valores y los pervierte sin permitir mirar más adentro.

 

LO MEJOR: 

  • El tratamiento elegante y simbólico a un tema supone un tabú social.
  • La interpretación de Antonio de la Torre que hace convivir la atrocidad con la normalidad en un personaje sorprendentemente creíble.
  • La ambientación y la fotografía con encuadres y paisajes sugerentes y simbólicos que potencian la belleza ambigua de Granada.
  • El ritmo de la narrativa que se toma el tiempo necesario para transmitir lo que necesita con las palabras justas.

LO PEOR:

  • No hay nada a destacar.

 

 

Marina Calvo

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