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Norma Editorial ha apostado por un fuerte catálogo de lanzamientos este año. Con todo, la editorial está logrando un gran éxito con la publicación de Yona, Princesa del Amanecer (Akatsuki no Yona). Tras su anuncio en el pasado XXIII Salón del Manga de Barcelona, la obra ya cuenta con tres tomos recopilatorios de los 25 que ha lanzado en Japón desde su estreno en 2009.

Mizuho Kusanagi, la autora original de su dibujo y apartado narrativo nos puso, en su primer tomo, en la piel de Yona. Una joven princesa rodeada de lujos y comodidades que poco sabe del mundo exterior y de sus crudezas hasta que el asesinato de su padre la expulsa de los muros que le daban cobijo y la empuja a una nueva vida. Dura y peligrosa. La chica deberá sobrevivir a desafíos mortales en un camino que ni ella misma conoce todavía.

Una vez superada esta toma de contacto, comenzamos la reseña de Yona, Princesa del Amanecer #2 y #3. Una reseña no exenta de algunos destripes argumentales o spoilers, ya que suponemos que quien proceda a realizar dicha lectura debe estar al corriente de lo acontecido en el desarrollo de la obra. ¿Logrará Kusanagi introducirnos en el mundo inhóspito que planea para su protagonista?

El primer tomo terminaba con determinación. Con una Yona aún hecha pedazos pero con la esperanza de verse resurgir, gracias a la ayuda de un imponente Hak. La vista imponente de la Tribu del Viento se alza ante ellos, majestuosa, como el único bastión que queda en pie ante la traición de Soo-Won. La estancia se vuelve corta y pasada por la desgracia. La insistente presión política por parte del nuevo soberano —a la que se suma la violencia de la tribu del Fuego— obliga a la chica, cargada de determinación al ver los actos que trae consigo su presencia, a abandonar el lugar con una única meta: la de perseguir una leyenda de antaño.

Con eso Kusanagi introduce el factor fantasía en la obra que, de alguna forma, parecía querer centrarse en los acontecimientos políticos y en el crecimiento de Yona. Un trasfondo que, a falta de ver como se seguirá desarrollando la obra, puede ayudar a aderezar el argumento. Obviando el fuerte carácter oriental del mismo, que funciona de maravilla con su historia.

Por suerte, no olvida el punto más importante de la obra: la evolución de Yona como personaje. Al verse rodeados por una avanzadilla de la Tribu del Fuego —comprados por la influencia de Soo-Won— la pareja no tiene más que luchar. Esto marca un punto de inflexión en el que Yona decide que quiere vivir y que, por encima de ello, no quiere perder también a Hak. Su autora lo ilustra con toda la fuerza que le permite el uso de la tinta, plantando a una Yona fuerte, llena de determinación y con un objetivo claro. El hecho de que corte su pelo para escapar del yugo de su captor no solo supone el cambio definitivo en la chica, sino que marca la despedida de la antigua Yona. Ahora sí, comienza su viaje.

Con un hábil dominio del cliffhanger, la acción se aleja de los protagonistas para situarse sobre Soo-Won, de forma que su guión afirma que el triángulo no se ha roto, sino que cada uno tendrá su peso argumental. Así el usurpador demuestra ser incluso más fuerte que la princesa a la que ha destronado y exiliado, dejando claro que nada ni nadie se interpondrá en su reinado, un legado que resulta justo para él. Y es que, por muchos recuerdos que afloren en su mente, las páginas siguientes a los flashbacks muestran a un hombre duro y seguro de si mismo. La viva imagen de su padre. Mientras los gritos de “Viva el Rey” resuenan en el palacio de Kouka, Yona despierta desorientada en en un lugar apartado de la civilización, dando cierre al segundo tomo.

Con las bases sentadas, Yona, Princesa del Amanecer #3 se puede permitir el lujo de avanzar de forma más calmada, prestando más atención a los detalles y priorizando los sentimientos antes que la acción. El encuentro de Yona y Hak con el sacerdote Ik-Soo les marca el principio de su nueva empresa.

Haciendo uso de las leyendas de antaño, un recurso que la desmarca de obras como La Leyenda de Arslan y que aporta un notable aderezo, Yona se ve en necesidad de partir en búsqueda de la reencarnación de los cuatro dragones. Una forma de desmarcar a la chica, divinizarla y convertirla en algo especial de la forma más humana posible. Sin poderes mágicos ni habilidades especiales, simplemente como la elección de un cruel destino. Con todo, da la impresión de que la intención del manga es rodearla de hombres capaces de protegerla. Algo que resulta completamente racional —ya que sus enemigos cuentan con ejércitos enteros— pero que podría llegar a eclipsar a la chica.

Sin embargo, lejos de cumplirse esta realidad, Yona explora su lado más fuerte durante los siguientes capítulos. Pese a su torpeza con el arco la chica se esfuerza con toda su determinación. Es una evolución poco marcada pero rápida e importante. En un espacio relativamente corto Kusanagi consigue enfrentarla a todo tipo de adversidades y convertirla en una sombra de lo que algún día será. Una mujer fuerte, capaz de levantar un reino con sus propias manos.

No faltan los momentos de romance, acompañados por su particular uso del humor — algo que además se ve influenciado por la dinámica incorporación de Yoon al reparto de personajes. En menor medida lo hace Kija, el primero de los cuatro dragones, que se une al grupo en el último capítulo del tomo, ofreciendo un punto que promete ofrecer dinamismo a las relaciones entorno a Yona. Algo que, de nuevo, podría eclipsar su protagonismo. Sin embargo, no parece que su autora quiera prescindir de su importancia por el momento, un punto que refuerza la obra en gran medida.

Con todo, si el apartado argumental de la obra parece haber madurado con el lanzamiento de sus nuevas recopilaciones, también lo ha hecho su apartado artístico. Yona #2 y #3 apuestan por un estilo más firme, que hace incluso más uso de los planos generales, insistiendo siempre (y por encima de todo) en el diseño de sus personajes.

El dinamismo y la acción que caracterizaban parte de su primera entrega se ven apartados en estos lanzamientos para mostrar de forma detallada el desarrollo de Yona, así como el pasado de Yoon e Ik-Soon. Pese a todo, la escena que protagoniza el cambio definitivo de su protagonista brilla por encima del resto de elementos, con un magnifico uso de tramas y sombras que empoderan a la princesa de forma brillante, consiguiendo una cohesión perfecta con su argumento, donde se asegura que sus ojos brillan como si las llamas danzasen en su iris.

Por otro lado, parece que los cambios de diseño que se han llevado a cabo en los ropajes de Yona —que pasan a ser de la más fina seda a materiales más convencionales— permiten a su autora aplicar diferentes detalles entorno al resto de elementos de su dibujo, logrando unas escenas más cohesivas y fuertes. Destaca especialmente, de nuevo, la fijación por ilustrar a Yona por encima de las viñetas, convirtiéndola siempre en el principal referente de la obra.

Tras el anuncio de su publicación durante el pasado durante el pasado XXIII Salón del Manga de Barcelona quedó claro que Yona, Princesa del Amanecer, llegaría con una edición al nivel de la obra a tratar. Su primer tomo fue prueba fehaciente de ello, con un trato perfecto y algunos detalles que difieren de su edición japonesa (en el buen sentido, claro) , un punto positivo para sus seguidores.

Su segundo tomo, que llegó en conjunción con el primero, conserva el diseño de su portada, que toma la extensión completa del tankoubon como lienzo para la ilustración que lo presenta. El mismo, igual que su antecesor, llegó con un precio reducido de 4€ como promoción especial. Nos encontramos con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. El diseño escogido para esta entrega se centra en Yona (aún con su peinado original) y Hak sobre una imagen de la nación de la Tribu del Viento. Un pequeño adelanto de lo que encontraremos en el tomo, siendo la última portada que verá a su protagonista en ese formato.

Por su lado, Yona, Princesa del Amanecer #3 llegó de forma individual y sin la promoción de los anteriores, a un precio de 8€. Sin embargo, para acompañar su edición el tomo incluye un imán basado en la obra de Mizuho Kusanagi. El mismo está ilustrado por una versión de la princesa vestida con sus ropajes reales, extraída de los tomos anteriores.

La portada sigue el mismo esquema de las anteriores —desmarcándose ligeramente de la original para ofrecer un diseño más atractivo para el público oriental, más limpio— con una ilustración ocupando su portada. En este caso se opta por un fondo blanco que, lejos de suponerse como una apuesta más simple sirve para reforzar la fuerza de su portada. En ella podemos ver a la nueva Yona sosteniendo una daga sobre le cuello de Soo-Won, mientras que este cubre el cuerpo de la chica con su espada. Toda una declaración de intenciones, remarcada además en sus miradas, para ilustrar esta tercera entrega de la obra.

Esta vez nos encontramos de nuevo con una portada rústica con sobrecubierta clásica en un formato de 11,5 x 17,5cm y un total de 192 páginas divididas en un total de seis capítulos. De igual forma que en su anterior publicación. Ambos volúmenes están perfectamente localizados a nuestro idioma cortesía de Sandra Nogués (BRKDoll Studio).

Óscar Martínez

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