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Irvine Welsh cameo - Trainspotting y Porno - El PalomitrónTras haber tenido la oportunidad de volver a disfrutar del universo de Trainspotting, con la llegada de T2, la entrevista a Danny Boyle e incluso la obra de teatro que se representa en Madrid, nos faltaba el pilar fundamental en el que sostener el imaginario realista edimburgués: las novelas Trainspotting y Porno, de su creador Irvine Welsh (Escoria). Este acercamiento puede parecer contrario al lógico, pero muchos seguidores de Trainspotting hemos construido la casa por el tejado, y fue gracias a las películas por lo que finalmente nos hicimos con sus libros.

Editorial Anagrama nos trae a España la traducción de Federico Corriente de Trainspotting y Porno, una adaptación que, por cierto, está muy bien llevada, si bien en el camino (inevitablemente) se pierde algo: en ocasiones, ingleses y norteamericanos son incapaces de entender la jerga de Welsh, plagada de un slang escocés ininteligible. Esto, en cambio, no ocurre en la versión en castellano. No es un intento de proclamar que traduttore, traditore, (traductor = traidor), sino la evidencia de que ambas obras cambian profusamente cuando son traducidas.

Portada Trainspotting - Trainspotting y Porno - El Palomitrón

Argumentalmente, Trainspotting y Porno se distancian mucho entre sí. También cronológicamente, ya que la historia de la primera obra transcurre 10 años antes que la de la segunda. Esta brecha temporal se hace muy evidente en cómo han cambiado sus personajes y el mundo que les rodea. En ambas novelas las historias son contadas de la misma forma: cada capítulo es narrado desde el punto de vista de un personaje, en primera o tercera persona, y la combinación de todas las historias forman una amalgama que consigue dar forma a ese otro Edimburgo que consigue reflejar perfectamente el escritor. En el caso de la primera novela, las historias muchas veces no tienen relación entre ellas, estando algunas de ellas totalmente aisladas de una trama principal que en realidad no existe. Sí es cierto que quien lleva la voz cantante suele ser Mark Renton y eso se ve aún más claro en la película de Danny Boyle. Porno, en cambio, sí tiene una línea argumental más marcada y las historias giran alrededor de sus personajes. Aquí, el personaje principal ha pasado a ser Sick Boy, o Simon, como prefiere ser llamado. El leitmotiv que hace avanzar la historia es el de rodar y distribuir una película Porno, un chanchullo más de Simon. Los escenarios principales en esta segunda novela serán Edimburgo y Ámsterdam.

Portada Porno - Trainspotting y Porno - El Palomitrón

Pero algo distinto ocurre cuando comparamos Porno con T2 Trainspotting: la película se desentiende mucho de la novela, siendo una reinterpretación mucho más libre que en la película de 1996. Danny Boyle ya lo comentaba cuando le entrevistamos:

«Intentamos que T2 fuera algo autónomo. En un principio pensábamos limitarnos a copiar la primera película, y creo que eso hubiese estado bien, pero creo que la gente se hubiese sentido decepcionada al final, pues las copias son siempre decepcionantes. Tú buscas que algo tenga su propia originalidad, su propio tono, aspecto y sentimiento, con herencia de la primera, pero sosteniéndose sobre sus propios pies».

Y eso es palpable, pero también de agradecer, pues poder disfrutar de una nueva obra que se sume al resto en lugar de repetirla tiene un gran valor añadido. En cualquier caso, el público fuera de Reino Unido no ha considerado que T2 sea la secuela que Trainspotting merecía, al menos así lo dicen los números, que se sitúan muy por detrás de lo esperado. Una posibilidad para este fracaso relativo es lo que significó en su momento. Trainspotting, la novela, fue la semilla para la película que sería capaz de mostrar al mundo una realidad oculta para muchos. La novela tuvo fuerte repercusión en Reino Unido desde su publicación en 1993, y tres años más tarde, con el estreno de la película, Trainspotting se convirtió en un fenómeno generacional. Trainspotting nos cuenta la historia de cómo unos jóvenes deciden huir del convencionalismo social, no elegir vida, sino la heroína. Era el retrato de una sociedad perdida en la búsqueda de una felicidad idealizada. En Porno, como decíamos, sus personajes tienen 10 años más. Renton eligió vida, Sick Boy sigue con sus chanchullos, Begbie acaba de salir de la cárcel, etc. El único que sigue enganchado al jaco es Spud. Es la evolución (o involución) de unos personajes carismáticos, de los que esperábamos saber qué había ocurrido. Pero no representan a la generación joven actual. Los llamados millennial, término cada vez más extendido, saben que la droga sigue sin ser una solución, pero ahora elegir vida tampoco lo es. La promesa de que el estudiar se traduce en conseguir trabajo y en consecuencia la ansiada lavadora, el coche, el microondas, etc. es cada vez más utópico. ¿Entonces que les (nos) queda? Esta pregunta no podrán responderla ni Porno, ni T2 Trainspotting.

Irvine Welsh cameo 2 - Trainspotting y Porno - El Palomitrón

Ambas novelas son magníficas, pero en ellas no está ya la representación de nuestra generación, al menos no la de los más jóvenes. El cambio es constante, pero también exponencial. Los 9 años entre Trainspotting (1993) y Porno (2002) son nada en comparación con los 15 desde que se estrenó esta última. Todo va cada vez más rápido, pero sin duda, pararse a leer estas dos novelas sería acertadísimo para entender qué ocurrió, no qué está ocurriendo. Dos novelas de una sátira punzante que serán capaces de agujerear la conciencia de quien las lea. No os las perdáis.

Eloy Rojano

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