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Blade Runner Unicorn El Palomitrón

Las cosas eléctricas también tienen su propia vida. Por miserable que sea.

Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

La editorial Cátedra publica esta 4. ª edición de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? el mismo año que Denis Villeneuve estrena Blade Runner 2049. A Philip K. Dick, su autor, le ofrecieron 400.000 dólares para que novelase Blade Runner de Ridley Scott y destruyera su novela inicial. Esto nos da una pista muy significativa de lo que la película divergía de la novela o, más bien, de todo lo que Scott prescindió de la obra de Dick. La novela, una de las grandes de Philip K. Dick, ha sido fuente de inspiración para muchas obras literarias, pero también para nuevas películas. Y todo esto lo encontramos en esta edición, gracias al prólogo de su traductor Julián Díez que, lejos de ofrecernos una tradicional introducción, nos regala un breve estudio sobre la novela y la conversión de la misma en Blade Runner de la mano de Ridley Scott.

“Hay algo en nosotros de humanoides, morfológicamente idéntico al ser humano, pero que no es humano. No es humano quejarse, como un miembro de las SS hace en su diario, de que los gritos de los niños hambrientos de los campos de concentración no le dejan dormir. De ahí mi idea de que en nuestra especie hay una bifurcación, una dicotomía entre lo que es humano realmente y lo que solo imita lo que es humano realmente”. 

Philip K. Dick citado por José Luis Garner, “El hombre de sable contra el infierno de Ridley”, en VV. AA., Blade Runner, Barcelona, Tusquets, 1988, pág.62.

Philip K. Dick Sueñan los androides El Palomitrón

Este prólogo analiza brevemente la vida de Dick, su importancia en la literatura de ciencia ficción, la adaptación de ¿Sueñan las ovejas…?, hasta finalizar con un listado de películas que nacieron a raíz de esta adaptación (aunque no fueran obras de Dick) y una lista de las 50 mejores adaptaciones de ciencia ficción (entre las que encontramos, de las más recientes, El truco final, Los Juegos del Hambre o El Cuento de la Criada). Julián Díez conoce la obra de Dick a fondo, al igual que la película de Scott, pudiendo establecer así paralelismos y diferencias e incluso analizarlas como dos obras independientes.

Centrándonos en la obra en sí de Philip K. Dick estamos ante una magnífica obra, ya no únicamente dentro de la literatura cf (las siglas españolas de sci-fi), sino de la literatura en general. Dick presenta, con maestría, una sociedad futura totalmente desoladora; además plantea un dilema moral que ha sido sobre explotado a posteriori y con el que hoy más que nunca podemos establecer un gran debate: ¿Podrá la tecnología sustituirnos algún día? ¿Qué nos diferencia de las máquinas? ¿Es la falta de empatía la única característica que nos diferencia de la inteligencia artificial?

“Puesto que la facultad empática tal vez requiera de un instinto grupal característico, a un organismo solitario, como una araña, no le serviría de nada. De hecho podría afectar a su capacidad de supervivencia. Le haría consciente del deseo de vivir que sienten sus presas. De ese modo cualquier depredador, incluyendo mamíferos muy evolucionados como los gatos, moriría de hambre”.

Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Cátedra, Madrid, 2017, pág.155.

La novela supone una obra muy superior a la adaptación cinematográfica, pues la película carece de ciertos elementos que en la novela son fundamentales para entender el discurso de la empatía y la diferenciación entre androides y humanos, como lo son la religión y el interés por los animales vivos. Esto no desvirtúa la obra de Scott, que todavía mantiene el discurso sobre la supervivencia del ser humano frente a la tecnología y la contaminación, y además nos regalarnos una película visualmente excelente.

¿Por qué recomendamos leer de nuevo esta novela? No solo porque su discurso siga vigente, de hecho es más y más trascendental con el pasar de los años; sino porque la nueva película de Denis Villeneuve utiliza esta novela de una manera muy sutil, pero que carga cada imagen de una profundidad que enlaza el libro, la película de Scott y la suya propia. Además es una lectura corta y adictiva que dará mucho más sentido a lo que sepamos del mundo en 2019, tal y como lo concibió Ridley Scott.

Blade Runner: los grandes asuntos pendientes de la adaptación

Blade Runner 2049 Gaff Oveja El Palomitrón

Una de las cosas que se le criticó a la película de 1982 es que había obviado dos pilares fundamentales para la novela: los animales y la religión. Los animales reales escasean en el futuro de la Tierra y los humanos demuestran su empatía, la característica que los hace humanos, a través de la posesión de un animal real (la mayoría de ellos tienen animales mecánicos porque no se pueden permitir la compra de uno real). El propio protagonista, Rick Deckard, se desespera en busca de una oveja real. Además, la posesión de un animal de estas características y su cuidado les permitirá ascender más rápidamente hacia su Mesías, Wilbur Mercer, el responsable del mercerismo, la religión de los humanos.

Los animales en Blade Runner 2049

Blade Runner Unicornio El Palomitrón

Villeneuve ha contado en esta película con el mismo guionista que ayudó a Scott en la primera parte, Hampton Fancher. Esta parte se sitúa 30 años después del final de Blade Runner por lo que ser fiel a la novela se presentaba difícil sin fulminar el film de los ochenta. Sin embargo, la maestría y delicadeza con la que introducen estos detalles hace que el visionado se pueda completar sin la necesidad de saber el significado de dichos detalles.

El único animal que aparece en Blade Runner es el unicornio de los sueños de Deckard (Harrison Ford) y el de papel que hace Gaff, el compañero de Deckard, interpretado por Edward James Olmos (Narcos). Sin embargo en la novela sale una oveja, un búho, un caballo, una cabra y una araña, los cuales aparecen de diversas maneras en Blade Runner 2049. A través de esta tabla explicaremos las referencias.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick (1968) Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve (2017)
OVEJA: aparece en el título de la novela porque es el animal que Deckard ansía comprar. OVEJA: Gaff (Edward James Olmos) hace una figura de origami de una oveja cuando K (Ryan Gosling) va a verlo.
ARAÑA: la mutilación de este insecto crea una escena única en la novela demostrando la falta de empatía por parte de los androides. ARAÑA: el primer test post traumático que realiza K (ese en el que no para de repetir “celdillas”) comienza con un “una araña tejía…”.
CABALLO: la posesión más preciada del vecino de Deckard y que no quiere vender. CABALLO: la figura de madera sobre la que pivotan los recuerdos de K (y cuya sombra proyectada en la mesilla parece un unicornio).
CABRA: animal que acaba adquiriendo Deckard. CABRA: junto con el caballo, es el animal que pretende venderle a K el personaje de Doc Badger (Barkhad Abdi).
BÚHO: animal con el que Rachael pretende extorsionar a Deckard y con el que él queda fascinado a su entrada en la fundación Rosen. BÚHO: Wallis (Jared Leto) utiliza el recuerdo de la primera toma de contacto entre Rachael (Sean Young) y Deckard, en la cual aparece el búho.

 

El mercerismo, la creación de un todopoderoso

Jared Leto Wallis Blade Runner 2049 El Palomitrón

Como explicábamos en los párrafos anteriores, el mercerismo es la religión que los humanos profesan en la novela de Dick. En Blade Runner se obvia por completo la figura de Mercer, ni siquiera se habla de religión en ningún momento, haciendo así que el ser humano niegue a Dios y sea una raza superior capaz de crear seres tan avanzados como los Nexus-6. Por decirlo de otra manera, el único ser que se cree superior es el fundador de la Tyrell Corporation con su lema “más humanos que los humanos”.

En la película de Villeneuve tampoco se menciona el mercerismo, pero existe la figura de Wallis, interpretada por Jared Leto (Escuadrón Suicida), cuya razón de ser es la de crear vida a partir de un androide. Esto nos lleva a concebirlo como un ser creador que se asemeja, de una manera muy simplista, a un Dios. Todo ello también lleva una crítica implícita de a dónde llegaremos los humanos, equiparando un feroz empresario con un Dios omnipotente.

La eterna pregunta: ¿es Deckard un replicante?

Blade Runner Gosling y FordEl Palomitrón

Confiesa Villeneuve que si esta pregunta sale a la luz delante de Ridley Scott y Harrison Ford, se enzarzan en una discusión que nunca acaba en tablas. La gran duda que siempre ha sobrevolado esta película es la de si Deckard es un replicante. En este caso, el guionista Hampton Fancher va más allá concentrando en la figura del Blade Runner, K, todo ese debate. Él mismo se encuentra en la dicotomía de creerse humano o androide: ¿poseo deseos sexuales? ¿Empatizo con mis iguales? ¿Valoro la vida animal tanto como la mía?

La perspectiva de los replicantes 30 años después ha cambiado mucho, pues todos ellos han desarrollado emociones humanas como vemos en el primer androide al que K “retira” (interpretado por Dave Bautista). La cosa se complica cuando K empieza a cuestionarse su trabajo y su propia identidad, difuminando todos los límites entre mecánica y carne. Esta duda que se envenena en sí misma y que, por el camino va envenenando a quienes la cuestionan, completa el círculo al recaer nuevamente en Rick Deckard. La limitada vida de los Nexus-6 nos ha hecho creer en la imposibilidad de que Deckard sea un replicante, pero recordemos que Rachael era un androide “especial”, ¿por qué no puede serlo él también? ¿Qué argumentos de peso tenemos para declararle humano, ahora que lo que nos humaniza no es innato y se puede construir?

Villeneuve no solo ha conseguido realizar una obra cinematográfica maravillosa y visualmente arrolladora, sino que ha hilado de una manera muy sutil y detallista a su predecesora y a la novela original. Por eso creemos necesaria la (re)lectura de la novela para entender el complejo futuro que nos presentan en Blade Runner 2049 y que incluso ayuda a potenciar su trama, que recurre a una temática más clásica. Como último detalle, el personaje de Ryan Gosling (La Ciudad de las Estrellas) se llama K en un claro homenaje a la K (de Kindread) del nombre del autor.

Lorena Rodríguez

 

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