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Almodóvar - El Palomitrón

Durante los años 80, los más prolíficos de la carrera de Pedro Almodóvar, el cineasta estuvo durante un tiempo publicando una columna en el fanzine La Luna. En lugar de utilizar su propia voz, creó una especie de alter ego llamada Patty Diphusa. Con ella daba rienda suelta a pensamientos, ideas y diversas mamarrachadas que se le ocurrían y que prefería poner en boca de otra persona. A lo largo de las columnas terminó estableciendo un hilo narrativo que acabaría convirtiéndose en una novela publicada por la Editorial Anagrama.

Patty es una actriz de fotonovelas pornográficas con una percepción de sí misma muy distorsionada. Una estrella de las que disfrutan cuando alguien la reconoce por la calle y que no se pierden un solo evento en el que pueda ser el centro de atención. A lo largo de las publicaciones la leeremos tropezar, tener (muchas) relaciones sexuales con distintos hombres, coserles unos cuantos trajes a personajes públicos y pasar por encima de muchos temas, casi levitando y mirándolos desde arriba, estando muy por encima de todo.

 Patty Diphusa en El PalomitrónPatty Diphusa reúne lo mejor y lo peor del Almodóvar de la movida madrileña. Muchas de las historias que el personaje narra en primera persona excederían por mucho las líneas de corrección política actuales. Patty es una mujer grosera, machista, maleducada, egocéntrica y egoísta, pero con un punto enternecedor y un sentido del humor que acaba conquistando al lector. El autor se refiere a ella como “uno de mis personajes femeninos favoritos (…), naíf, tierna y grotesca, envidiosa y narcisista (…), dispuesta siempre a ver el lado mejor de las cosas”.

Como todos los trabajos del manchego, Patty Diphusa es muy autorreferencial e inspiradora de la propia obra futura del director. En ella ya se habla de mescalina y de una mujer dispuesta a pagar 1000 pesetas al primero que consiga ayudarle a quitarse unos botines. La columna servía como laboratorio de pruebas para futuras escenas de su filmografía.

Al alternarla constantemente con otros proyectos, la columna sufrió parones temporales en los que su autor perdía el hilo narrativo y, al regresar, continuaba la historia donde le apetecía. Sin previo aviso, dejó de publicarse en La Luna. Una década después, en los últimos coletazos del felipismo, el diario El Mundo recuperó muy brevemente al personaje que, con el inicio del rodaje de Kika, acabaría desapareciendo para siempre.

La edición de Anagrama se completa con otros textos del manchego de los 70, 80 y 90, entre los que se incluye una autoentrevista que se realizó con motivo del estreno de la comedia Entre tinieblas.

El libro sirve también, a su manera, como retrato sociológico del tan manoseado movimiento cultural de la movida, tomando como escenarios muchos de los lugares que frecuentaba Almodóvar, desde antros a las casas burguesas de los pijos de la época, donde cabían putas, yonkis e incluso la familia March. Como sucede con cualquier moda capitalista, cuando los ricos se aburrieron se dedicaron a otra cosa, las putas siguieron siendo putas y los más yonkis se murieron. Almodóvar abandonó a Patty para hacer cine, y el resto de la historia es conocida por todos.

Fon López

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