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Los hermanos Coen son muy apreciados por cierto sector mayoritario de la cinefilia y minoritario del gran público (“una peli rara pero sin pasarse”). Desde principios de los 90 hasta hoy en día, y probablemente hasta el final de su carrera, pertenecen al selecto grupo de profesionales de la dirección a quienes se les concede atención por cada nuevo proyecto que llevan a la gran pantalla. Además, son muy amados por la audiencia cinematográfica norteamericana (como mínimo por la gente blanca, protagonista exclusiva de su cine). Todos estos factores mezclados hacen que desde la Academia se hayan derramado ríos de tinta sobre ellos, su filosofía y su particular estilo de rodar. Por esa razón podría parecer que escribir sobre su obra en 2017 es un ejercicio redundante. No es el caso de Ian Nathan y su Los hermanos Coen, publicada recientemente por Libros Cúpula.

Aunque parezca una exageración, el libro ya vale la pena solo por su diseño, pues la edición es una preciosidad. El libro, recubierto por una carcasa, tiene una magnífica portada (de tapa dura) que combina el imaginario de las dos películas más famosas de los Coen: Fargo y El gran Lebowski. En el interior, el texto viene acompañado por imágenes en color de gran calidad que complementan a la perfección el contenido escrito.

La estructura del libro es tan obvia como acertada. Empieza con una pequeña presentación (sorprendentemente no innecesaria) de los hermanos y a continuación ofrece una crónica de su infancia y juventud adecuadamente conectada con su obra cinematográfica. Con este pasaje nos dimos cuenta de que muchas veces racionalizamos decisiones del proceso creativo que en realidad tienen su raíz en la etapa de crecimiento del/de la artista. Esto es especialmente significativo en el caso de los Coen. El tercer bloque del libro es un estudio cronológico de todas sus obras agrupadas en diferentes capítulos, a veces individuales y a veces no (película con similitudes temáticas o biográficas). Es un placer que todas las cintas tengan su espacio exclusivo y que al analizar las películas fallidas, las más flojas, no se opte por un tono agresivo, sino que se intente explicar su contexto y las razones por las que no conectaron con la audiencia. No obstante, como es normal, a las películas más importantes, con más “chicha”, se les dedican más páginas. Según Ian Nathan, merecen este tratamiento selecto Barton Fink (ya que es un filme con muchas posibles lecturas), Fargo y El gran Lebowski. Las aproximaciones a las obras son frescas, sin prejuicios, y esto genera en la persona que lee una sensación de que ha considerado menores obras con unas ambiciones mucho mayores de lo imaginado. Finalmente, hay un par de páginas dedicadas a proyectos que se quedaron al tintero, cosa no demasiado rara con ellos, puesto que tienen una estantería llena de borradores de guiones por filmar en el futuro.

En cuanto al estilo de escritura de Ian Nathan y su forma de transmitir sus opiniones y de presentar los datos (hace mucho hincapié en la taquilla de cada película), es correcto, pero puntualmente se hace un poco confuso al tomarse algunas licencias creativas y recrear momentos importantes de la vida de los directores. Otro elemento que destacar de su trabajo es la cantidad de información “desconocida” que añade, saliendo así del tóxico círculo de información en Internet en el que los mismos datos (a veces falsos) que criticaban recientemente Tony Zhou y Taylor Ramos en la despedida de su canal de Youtube se van repitiendo ad infinitum. Esta “nueva” información proviene de una serie de entrevistas que hizo el periodista con los hermanos y con gente de su alrededor. Esta cantidad de fuentes en primera persona es una de las principales diferencias en la calidad de los libros sobre Hollywood hechos en España y los hechos en Estados Unidos.

Los hermanos Coen, de Ian Nathan, es un libro imprescindible para las librerías de la gente fan de los directores-guionistas-montadores de Minnesota por el rigor y la cantidad de datos sobre su trayectoria (que no encuentras en la sección Trivia de IMDb) y por su magnífica edición. Se echa de menos alguna sección dedicada a los guiones que no han dirigido (El puente de los espías, Invencible), pero por otra parte Nathan lo compensa mencionando su aportación al mundo de los cortometrajes. Junto a Generación Titanic, de Juan Sanguino, es uno de los libros sobre cine que hay regalar estas Navidades.

Pau Jané

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