Compartir

David Lynch en El PalomitrónEn David Lynch. El hombre de otro lugar, editado y publicado por Alpha Decay, Dennis Lim no resuelve la incógnita que es el propio Lynch. Al contrario, con todos los datos recogidos en este libro sobre la vida de este director de Montana (que practica la meditación trascendental y que cambió la historia de la televisión, entre otras muchas cosas), Lim envuelve de un aura inconsciente y no verbal la definición del afamado director.

Todo esto tiene una explicación, aunque Lynch, en sí mismo, no la tenga. Para definir el adjetivo “lynchiano”, el periodista Dennis Lim recurre a otros adjetivos similares: “si ‘kafkiano’ sugiere una atmósfera de absurdo amenazante y ‘borgiano’ un jardín de senderos que se bifurcan; si ‘capriano’ connota un optimismo complaciente y ‘felliniano’ designa algo fantástico y carnavalesco, ‘lynchiano’ significa… bueno, ahí está lo complicado y lo interesante, saber qué significa (p. 17)”. Buscad un sitio cómodo en vuestra mente; esto se pone divertido.

Portada David Lynche el hombre de otro lugar El Palomitrón

Una filmografía simbólica

El lenguaje ha sido siempre un problema para Lynch. Nos cuenta Lim que uno de los principales problemas de Lynch con la industria (y con el mundo que le rodeaba, en general) ha sido la comunicación. Intentar describir con palabras lo que su mente imagina y lo que sus películas refleja lo frustra. Se hace palpable en su filmografía desde los comienzos, por ejemplo en uno de sus primeros cortometrajes, The Alphabet (1968), donde una figura femenina es aterrorizada por las letras del alfabeto.

Esa necesidad de etiquetar y catalogar con palabras todo lo que creaba fue una brecha entre su arte (ya sea la pintura o el cine) y el público y la crítica. Así fue como su primera etapa se caracteriza por tres éxitos y un fracaso. Con Cabeza borradora (1977), que tardó años en terminar, y El hombre elefante (1980) se ganó si no el respeto, al menos la curiosidad del público. Todo se fue al traste tras el fracaso de Dune (1984), pero Terciopelo azul (1986) llegó para hacernos olvidar todo lo demás.

Twin Peaks y la esencia de David Lynch

Twin Peaks David Lynch El Palomitrón

No hay duda de que si algo es “lynchiano” es Twin Peaks. El inesperado éxito de una historia tan atípica y la legión de fans que a día de hoy esperan ansiosos la llegada de esa tercera temporada (miniserie, como a él le gusta llamar a esta tanda de capítulos), confirman que la televisión y el cine necesita directores que vayan más allá, se salten el establishment y hagan lo que su cabeza les dicta. Aunque en el caso de David Lynch es, más bien, tal y como él lo reproduce en su cabeza.

Lim desarrolla este relato biográfico de forma inteligente. El recorrido cronológico por la filmografía del director se intercala con pasajes de su infancia y con los artículos de prensa sobre la película o serie del momento. En el caso de Twin Peaks, la infancia de Lynch es más que destacable, pues su padre recorría el norte del país tratando las diversas enfermedades de los árboles; el pequeño Lynch acompañaba a su padre a los bosques abriendo en él un pozo de recuerdos inconsciente que en la serie cobran mucho poder.

El autor no deja de dar sus propias anotaciones y de encontrar teorías psicoanalíticas (todas de Freud) que explicarían muy bien las conductas de los personajes de Lynch. Esos personajes que, aun siendo candorosos y representando el bien, siempre dan esa sensación de que algo malo puede desencadenarse. Esta dualidad entre el bien y el mal es algo que Lynch trata de una manera muy única, sobre todo en Twin Peaks, consiguiendo que incluso la banda sonora de Angelo Badalamenti nos muestre melancolía, pero una melancolía inquietante, aguardando algo que está al acecho.

“Fíjate en el donut, no en el agujero”

Este es el mantra que su maestro de meditación le repetía. El propio Lynch aseguraba que intentar definir el adjetivo “lynchiano” era como el agujero de un donut: si le daba muchas vueltas, peligraba. Si algo nos deja claro Dennis Lim en este magnífico libro es que las palabras no están hechas para este director: son una cárcel que lo constriñen y lo hacen caer por ese profundo abismo que es el agujero de un donut.

El resto de su filmografía se compone del fracaso de Fuego camina conmigo (1992), la adaptación de Corazón salvaje (1990), la trilogía de Los Ángeles y una historia con sello de Disney. Y es que vista así, su filmografía es indefinible, inclasificable, y quizás sea eso lo que nos gusta. La escasa necesidad de normas, la poca convencionalidad de todo su arte nos obliga a dejar de hablar sobre él y abrir la mente. Si conseguimos dejar de especular sobre su cine, quizás consigamos lo que él pretende con sus películas. El propio Lynch confiesa que “descifrar una película, hacer interpretaciones de ella, divulgar la fuente de una idea, todo esto significa menos espacio y menos posibilidad de soñar (p. 25)”.

Dennis Lim David Lynch el hombre de otro lugar El Palomitrón

Gracias a este libro de Dennis Lim podemos ver la evolución del cine de David Lynch, pero también podemos juzgar en paralelo algunas de sus obras en las que se repiten datos, escenas, emociones y con las que se nos pretende mostrar un todo: el interior de la cabeza de Lynch. Recomendadísimo para cualquier fan del director, pero también para todos aquellos que intentan comprender esa aura de misterio que lo envuelve. Al final, nada es lo que parece, todo tiene más de una lectura y cada cual tiene su propia interpretación de sus películas. Si esto es lo que él pretende o no, jamás lo expresará verbalmente.

Lorena Rodríguez

No hay comentarios

Dejar una respuesta