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cronenberg

 

CRONENBERG encontró la expresión artística en el terror antes que KUBRICK. Aunque esa no es su única cualidad. Por poco que a uno le guste su cine, debe reconocer que tiene la capacidad de recoger la esencia de los textos, y hablar con la voz de los genios literarios a los que adapta sin perder la suya propia como narrador cinematográfico. Así se las ha arreglado para mantenerse fiel a su estilo usando las palabras de DeLillo, King, McGrath, Ballard o Burroughs con su versión de EL ALMUERZO DESNUDO, en la que el autor canadiense consiguió poner en imágenes la narración completa y el paisaje psicológico de uno de los máximos exponentes de la generación beat. Por si no ha quedado claro, la carrera de este entrañable director canadiense de más de setenta años está absolutamente infectada por la literatura. Y no solo por la cantidad de títulos que traslada del quinto al séptimo arte con asiduidad obsesiva, no: una característica básica del cine de CRONENBERG es que se siente como una exploración de la moral y los miedos del director, algo que es, por medio y lenguaje, más propio de la literatura.

 

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Con estos precedentes nos llega CONSUMIDOS (primera incursión en el terreno de la novela), un compendio de los intereses y perversiones que el realizador (ahora también novelista) de Toronto ha ido tratando una y otra vez durante su larga carrera. Centrándose en las investigaciones de una pareja de fotoperiodistas (Naomi documenta un caso de asesinato y canibalismo en una pareja de filósofos, y Nathan registra una tumorectomía múltiple e ilegal en Budapest por parte de un cirujano megalómano), el cineasta reciclado divaga sin contención sobre los factores sociales y culturales del canon de la belleza, la condición humana, la entomología del horror, la enfermedad, la deformidad y la transformación física, la ciencia como nuevo medio de expresión artística, y la sexualidad como algo contagioso en este thriller filosófico, político, tecnológico, y también muy cinéfilo. Y a todo esto añade la nueva gran obsesión de la sociedad: Internet, donde existe la gran y única verdad a la distancia de un clic, en la que los youtubers son el nuevo entretenimiento, y la velocidad dactilar es la única inteligencia necesaria para sobrevivir.

Las investigaciones de Naomi y Nathan nos descubren a sus personalidades como exagerados retratos de carroñeros de información morbosa, seres medio humanos, medio máquinas cuya relación avanza hacia la nada en el espacio etéreo de la comunicación vía Skype, Whatsapp e e-mail: personajes solitarios tan adheridos a su tiempo (CRONENBERG no quiere que olvidemos que también es nuestro) que mantienen con vida una relación muerta. El joven novelista los sitúa en una ambigüedad moral con la que se hace prácticamente imposible sentirse identificado. Tampoco ayuda a eso su estilo narrativo, excesivamente elegante, a ratos pedante (es capaz de parar la narración para escribir reflexiones sobre el día a día de la sociedad de consumo) y ausente de empatía. Eso es: no intenta comprender el mundo en el que viven sus personajes, sino que expone el apocalipsis tecnológico como una crisis de soledad a través de la pantalla de nuestros centros de operaciones portátiles.

 

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Por desgracia, esta novela, que es en su mayor parte una satírica, irónica y reflexiva visión personalísima de nuestro mundo actual, se siente inconclusa y anticlimática; incluso por momentos parece una pura carcasa del disfrute de su autor por la irreverencia y la provocación sistemática. Una pena, pero a la vez una bendición: que CONSUMIDOS no sea perfecta le da a CRONENBERG una excusa para volverlo a intentar y pulir un estilo (literario) que se prevé grande e importante. ¡Por cierto! Si tras leer el libro se quedan con ganas de profundizar más en el mundo enfermo del autor, no duden en acercarse a un cortometraje que rodó él mismo en 2014 llamado THE NEST, el germen, quizás, de toda la novela.

 

 

Pol Llongueras

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