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“En el ámbito cinematográfico, aumentan los productos de usar y tirar. Incluso las obras de cineastas voluntariosos quedan marcadas por el estigma de la dispersión a poco que intenten adecuar el ritmo de trabajo a los vientos cambiantes. En dicho contexto, la labor de Christopher Nolan se distingue por una firme voluntad de permanencia”.

José Abad

Hace poco menos de una semana dejábamos atrás los Oscar, y con ellos, la más que esperada y evidente omisión de Dunkerque en todo premio más allá del montaje o el sonido. Apartados técnicos que, no obstante, han ido acompañados por vez primera (cosa que sorprenderá a muchos) de la nominación de Christopher Nolan a Mejor director. Al cabo de veinte años de carrera, la Academia consideró el último trabajo del cineasta merecedor de optar a ese reconocimiento.

Tiene múltiples fans, y sus detractores se cuentan por legiones, pero si algo no se le puede negar a Nolan es que se trata de uno de los directores de cine con más repercusión y proyección en la actualidad. Cátedra ha dedicado el título más reciente de su colección Signo e Imagen/ Cineastas a analizar y reflexionar acerca de su obra y aportación al panorama cinematográfico de la mano del escritor y profesor José Abad.

Se apoya Abad en la obra de Zygmunt Bauman para reflejar lo que es Christopher Nolan al cine: un autor sólido, con carácter e intención duradera en medio de una sociedad líquida, transitoria. Más allá del palomiteo y el macroevento que supone cada uno de sus estrenos, Nolan no se conforma con ser otro artífice más del bombardeo y el entretenimiento más simples, esos que copan los blockbusters con recaudaciones millonarias sin mucha más pretensión que hacer caja. Su personalidad autoral queda impresa en cada una de sus películas (que, para qué negarlo, también siguen la estela de éxitos arrolladores en taquilla) y su estilo puede gustar más o menos, pero supone un toque de atención al espectador, a quien demanda una actitud alejada de la pasividad que generan otros productos “similares”. En palabras de José Abad: “Christopher Nolan ha dignificado el cine comercial”.

El libro que tenemos entre las manos no habla tanto de la vida o las influencias artísticas de Nolan como de sus propias películas y el impacto de estas en el cine contemporáneo. Sus trabajos son fiel reflejo de ese tiempo cambiante, esa modernidad líquida descrita por Bauman. Tras unos breves apuntes biográficos y unas notas acerca de las películas que lo han acompañado de una forma especial desde su niñez (no extraña el entusiasmo del director británico por las archifamosas sagas de George Lucas o Steven Spielberg), Abad pasa a diseccionar en profundidad su filmografía, donde van saliendo a relucir puntos comunes y característicos del cine de Nolan. Sus personajes son criaturas atormentadas, frágiles, fragmentadas; las tramas que narra son, por lo general, entramados complejos e igual de inestables que un castillo de naipes.

Al margen de denominadores comunes, el análisis de sus cintas se estructura en cuatro capítulos perfectamente diferenciados y, en cierto modo, independientes. El primero recorre su ópera prima Following (realizada con apenas 6000 dólares y “entre amigos”), Memento, e Insomnio. Tres thrillers protagonizados por antihéroes, tambaleándose sobre la delgada línea de la moralidad, representantes de la ambivalencia humana cuando entra en juego un “agente del caos”. Todos estos rasgos pueden extrapolarse y explicar por qué depositar en manos de Nolan la trilogía del Caballero Oscuro, ampliamente abordada en el segundo capítulo del libro. Antes de entrar en materia con Batman Begins, El Caballero Oscuro, y El Caballero Oscuro: La leyenda renace, José Abad hace una interesante introducción a las adaptaciones al cine del mundo del cómic y los superhéroes (centrándose en Batman, como es lógico). En tanto trabajaba en esta trilogía, que terminó de legitimarlo y disparar sus apuestas en Hollywood, Christopher Nolan fue intercalando con las del hombre murciélago otras tres propuestas nada despreciables ni conformistas, internándose en lo fantástico y lo onírico: El truco final, Origen e Interstellar (englobadas todas ellas en el capítulo tercero). Finalmente, el cuarto epígrafe se centra en el Nolan productor (Transcendence, El hombre de acero, Batman v Superman: El amanecer de la justicia) antes de llegar a su citada incursión en el cine bélico: Dunkerque. Al igual que hablábamos de puntos comunes en sus películas, no pueden obviarse sus asiduos e inestimables colaboradores (la lectura aparece cuajada de sus nombres): su hermano Jonathan Nolan como guionista, la labor de producción de su mujer Emma Thomas, las partituras de Hans Zimmer o la fotografía de Wally Pfister, a quien “apadrinó” en su debut en la dirección.

La fascinante y completísima monografía que nos presenta Abad será devorada por los fieles seguidores de Christopher Nolan, que apreciarán aún más si cabe, la magnitud y alcance de su trayectoria cinematográfica.

Aitziber Polo

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