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batman-v-supermanLa muerte de Superman, de Dan Jurgens (1992), El regreso del Caballero Oscuro, de Frank Miller (1986), La broma asesina, de Alan Moore y Brian Bolland (1988), Watchmen, de Alan Moore (1987) y Batman: Año uno, de Frank Miller (1988), en el cómic; Batman, de Tim Burton (1989), El Caballero Oscuro, de Christopher Nolan (2008), V de Vendetta, de James McTeigue (2006), y Superman, de Richard Donner (1978), en el cine. Es un hecho que la Dignísima Competencia ha hecho algunas cosas bien, aunque este intento de convertir sus cómics más preciados en un Universo Cinematográfico (como lleva haciendo Marvel desde 2008) no es una de ellas.

El desastre empieza por situar a la cabeza de dicho proyecto, en vistas de la negativa de Christopher Nolan a continuar lo que empezó con su trilogía del Caballero Oscuro, a un director mediocre como Zack Snyder. Perdón, quizás mediocre no es la palabra, puesto que, si algo bueno se puede decir de este director, que completa con Batman v. Superman: El amanecer de la justicia su sexto largometraje de ficción, es que él no se encuentra en medio de nada: es más bien un hombre de extremos absolutos. Es respetable la forja de un estilo propio y de la visita de los directores a lugares comunes. Ya saben, Wes Anderson y los colores pastel y los travelling laterales; Terrence Malick y la poesía visual con narración en off; Quentin Tarantino y su devoción por la sangre y los planos contrapicados… Todo eso. Pero el de Zack Snyder puede resultar francamente insoportable, como el de un Michael Bay con una idea de montaje menos histérica y menos patriotismo. Su filmografía se sucede entre su concepción del cine como un videojuego no interactivo (con su inevitable montaje algo videoclipero pero claro, sus sempiternas cámaras lentas, algo que llevó al éxtasis en Sucker Punch), y las batallas eternas entre el “bien” y el “mal”. Todo esto, claro, sin dejar lugar a la autoparodia.

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Bien pensado, este es uno de los grandes problemas tanto de la película como de todo el Universo que se está armando a su alrededor: el tomarse demasiado en serio. Batman, este Batman magníficamente interpretado por un Ben Affleck que es sin duda uno de los puntos más fuertes de toda la entrega, este Batman reminiscente del brillante Caballero Oscuro de Nolan (lo cual no es sorpresa, puesto que David S. Goyer, coguionista aquí, lo fue también de la aclamada trilogía del británico) entra en contraposición con unos personajes cuyo trasfondo y concepción provienen claramente de otro medio, y también de otra época: Aquaman es un superhéroe imposible de ser tomado en serio; las amazonas con espadas, vellocinos y escudos no tienen lugar en una asociación de gente extraordinaria, y monstruos intergalácticos y kryptonitas sacan totalmente de un relato que hace bailar su foco entre la lucha del hombre contra Dios, el hombre tecnológico contra el hombre de campo (y el que les jode a los dos, el mercenario), y la lucha social de bajos fondos contra la magnificencia de salvar el mundo.

Quizás lo que necesitaba DC era guardarse en la recámara un par de balas que se gastan en esta película, y que suenan como un grito a la desesperada de gustar a los espectadores más ávidos de acción. Lo que queda claro viendo Batman v. Superman es que la película es mejor cuando se centra en la rivalidad entre los dos superhéroes del título. O mejor, cuando se centra únicamente en Batman: solo el arranque de El amanecer de la justicia ya es infinitamente superior a todo el esperpento que fue El hombre de acero. Claro que Goyer y Snyder caen en las mismas trampas (tanto narrativas como visuales) en las que cayeron en 2013; claro que vuelven a sobrecargar el clímax con acción borrosa a broche de CGI; claro que Jesse Eisenberg sobreactúa y hace desear la vuelta de Gene Hackman (e incluso de Kevin Spacey); claro que esas gafas y ese flequillo de Clark Kent (que nos han dicho que nos tenemos que creer por convenciones del género) pertenecen obviamente a otro medio y deberían ser erradicadas; claro que Wonder Woman está ahí solo para sentar las bases de La Liga de la Justicia, que pretende ser el nuevo bombazo de Warner Bros.…

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Pero la dimensión humana que otorga el Batman de Ben Affleck (y sus justas luchas cuerpo a cuerpo) nos brinda momentos vibrantes, de pura emoción, remarcados con una brillante banda sonora a cuatro manos de Junkie XL y Hans Zimmer, que combina maravillosamente el rasgado metálico de guitarras eléctricas del primero con la orquestación grandilocuente del segundo. Y esos momentos bien valen el precio de una entrada.

LO MEJOR:

  • La actuación de Ben Affleck.
  • La dinámica de la relación entre Batman y Superman.
  • La banda sonora de Hans Zimmer y Junkie XL.

LO PEOR:

  • El clímax, eterno y agotador.
  • La actuación de Jesse Eisenberg.

 

Pol Llongueras

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