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Tom Cruise tiene 55 años. Y no lo decimos para que más de uno se lleve las manos a la cabeza o se convoque una manifestación para reducir el precio del bótox: lo decimos, sencillamente, para remarcar que la sombra de su carrera es cada vez más alargada. Queda muy lejos ya el adolescente seductor que se quedaba solo en casa en Risky Business, o el militar que sufrió los estragos de la guerra en Nacido el 4 de julio. El tiempo pasa volando, y hace ya 18 años del mejor año de su filmografía, aquel 1999 donde estreno a la vez la obra maestra de Paul Thomas Anderson y la última película de Stanley Kubrick. A ver quién puede presumir de algo así.

Es una pena que, tras iniciar una carrera con grandes papeles, Tom no siguiera ese camino. La llegada de una nueva década marcó lo que ya se presentía con Misión imposible: la transformación de Cruise en un héroe de acción. Desde entonces ha ido saltando de blockbuster en blockbuster, de Misión imposible a Jack Reacher, de Oblivion a la más destacable Al filo del mañana, o de Noche y día a la cota más baja de su carrera con La momia. Y aunque entre toda la morralla de vez en cuando logra un taquillazo, que además no se resiente en lo artístico, Tom Cruise ha ido relegando sus dotes interpretativas a favor del espectáculo banal. Es posible que lleváramos desde el 2008, con Tropic Thunder: ¡Una guerra muy perra!, sin ver una interpretación destacable del actor, pero, amigos, eso ha cambiado. Barry Seal es Cruise a cotas mayores: el mejor papel que le han ofrecido en años le vuelve a elevar a las alturas (literalmente), y Tom lo ha sabido aprovechar.

La historia real de Barry Seal es tan sorprendente como difícil de creer. Y siendo consciente de esto, el director Doug Liman no se corta en utilizarlo a su favor. Empieza situándonos en la mente de su protagonista, con una secuencia en la que le vemos pilotando un avión comercial y simulando una pequeña turbulencia para despertar a todos los pasajeros. Es una secuencia breve y sin dialogo, una broma, pero sirve para definir al personaje de forma excelente. Y una vez entendemos la personalidad del piloto, todas sus futuras decisiones están más que justificadas. Barry nos cuenta en primera persona, mediante unas grabaciones a cámara, cómo llegó a trabajar a la vez para la CIA, la DEA y el cartel de Pablo Escobar (actualmente muy de moda gracias a Narcos).

Todas esas aventuras, con distintas órdenes y líderes, se entremezclan cada vez más conforme avanza la trama. Pero donde había riesgo de confusión Liman solo encuentra claridad: incluso en puntos verdaderamente complejos no teme detener su narración para mostrar en un mapa cómo serán los futuros planes de Barry. Pero cuando decimos que detiene su narración no nos referimos a que se para de manera artificial, ni mucho menos, sino que lo enfrasca de nuevo en la gran broma que es la película. Siempre con una agilidad increíble gracias a su acertada apuesta por ofrecer un montaje rápido y trepidante. Esta era la única forma correcta de dirigir un guion como este, sin tomárselo en serio. La mayor baza de la película (junto a Tom Cruise) es su tono desenfadado, dispuesto a reírse no solo de sí misma y su protagonista, sino también de Norteamérica y sus más habituales clichés, desde el sueño americano hasta su participación en conflictos armados.

Por desgracia no es oro todo lo que reluce, y aunque la película está cargada de oro, se echa falta más brillo en el resto de personajes. Parece no haber nadie tras Barry, y aunque no le consideramos una persona especialmente egoísta, el director en ningún momento decide ahondar en su familia o amigos. Este problema remarca más la omnipresencia de Cruise, que nos gusta salvo en la decisión de colocarle hablando a cámara para convertirse en narrador, recurso demasiado habitual que podía haberse evitado.

Barry Seal: El traficante es la mejor película del director de Swingers, El caso Bourne o la ya citada Al filo del mañana. Nunca ha sido un mal director, pero en esta ocasión demuestra un fuerte poderío en la narración y refuerza su estilo visual adaptándolo a una película de época (fantástica ambientación) sin perder ni un ápice de modernidad. Se siente parecida a Atrápame si puedes, pero con menos virtudes, y descaradamente en la línea que puso de moda El lobo de Wall Street, pero sin llegar a su hilaridad. Las comparaciones son odiosas, y Liman no consigue alejarnos otras películas de la cabeza, pero se queda cerca.

Nos quedamos en definitiva con la gran noticia que supone esta película en la filmografía de Cruise, las divertidas secuencias que propone (realmente tiene algún momentazo) y lo libre que se siente la película en sí misma gracias a la dirección que toma desde el principio. Tom vuelve a volar, y si lo hace con esta capacidad de reírse de todo, esperemos que no aterrice nunca.

LO MEJOR:

  • No se toma en serio, y eso la hace divertidísima.
  • Está bien escrita, mejor montada y dirigida con inteligencia.
  • No queremos hacer spoiler, pero tiene alguna secuencia genial.
  • Tom Cruise lo eclipsa todo.

LO PEOR:

  • Desaprovechar a actores como Domhnall Gleeson.
  • No profundiza en nadie más allá de Barry.
  • El recurso del narrador grabándose cintas, demasiado visto e innecesario.

Ignasi Muñoz

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