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WHITE

 

ROLAND EMMERICH no tiene límite. Su fama le precede sí, pero es que viendo ASALTO AL PODER da la sensación de que el director cada vez se lo pasa mejor rodando escenas que traspasan el propio género de acción o destrucción, un subgénero este último al que se apuntaron a finales de los noventa directores como JAN DE BONT (TWISTER, 1996), MICK JACKSON (VOLCANO, 1997), MIMI LEDER (DEEP IMPACT, 1997), o MICHAEL BAY (ARMAGEDDON, 1998) entre otros, animados todos ellos por la fantástica taquilla que INDEPENDENCE DAY (1996) registró a nivel mundial gracias a unos impresionantes efectos especiales que basaban casi toda su espectacularidad en una premisa muy sencilla: arrasar en pantalla los monumentos y edificios más simbólicos de las civilizaciones modernas. Ni que decir tiene que los americanos normalmente se llevaban la peor parte, y en esto tendrá mucho que ver el morbo de un país imaginándose atacado bajo la seguridad de que todo lo que veían en pantalla era pura ficción. Este juego inofensivo se les acabó a los americanos el 11-S, el triste día en el que lo que llevaban tiempo viendo y disfrutando en pantalla se tornó en cruda realidad. Desde entonces, EMMERICH prácticamente ha cargado él solito con la misión de destruir, y por eso no nos tiembla ni una pestaña al afirmar que en esto es el mejor realizador que hay.

 

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Y hablamos de traspasar las propias normas del género de acción o destrucción porque en ASALTO AL PODER vemos al EMMERICH más juguetón, patriótico, e irónico de toda su filmografía. Un director que ya ha hecho de todo y al que le parece que le trae sin cuidado cualquier contención en su narrativa. Si bien durante la primera hora de metraje se visiona sin muchas sorpresas, siempre que a uno esto del patriotismo llevado a los límites se la traiga al pairo, e incluso cabe la posibilidad de que uno llegue a pensar que está viendo lo que debería haber sido la quinta parte de LA JUNGLA DE CRISTAL (y no ese engendro con el que FOX puede que haya hundido la saga); en la segunda hora el director alemán hace añicos la tensión acumulada para presentar un festival de secuencias que rayan la comedia más gamberra (la persecución con los coches por los jardines de la casa blanca es tan hilarante que cuesta creer lo que uno está viendo en pantalla), y es que da la sensación de que EMMERICH ha llegado a un punto donde sólo le importa pasárselo bien, aunque tenga que reirse de si mismo a base de guiños hacía su propia obra. Y como todo el mundo espera que vuelva a reventar la casa blanca, pues nada, se ríe también de nosotros y la deja en pie, aunque necesitada de reforma urgente, eso sí.

 

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Los personajes en la película son todo lo que podíamos esperar. A destacar esa niña pequeña interpretada por JOEY KING, en la que se vuelca la mayor parte del peso patriótico del film, como si de un ángel custodio de la libertad se tratase, y MAGGIE GYLLENHAAL porque pese a todo lo que está pasando es el único personaje que no parece una parodia. JAMIE FOX, el tercer presidente negro de la historia del cine, (ahora con Obama esa sensación de “venga yaa…” que nos inundaba cuando vimos a MORGAN FREEMAN interpretar al primer presidente negro en DEEP IMPACT ha desparecido), parece que se lo está pasando igual de bien que EMMERICH. Lo mismo pasa con JAMES WOODS y con CHANNING TATUM.

 

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En el plano técnico la película es como todas las del director, una gozada visual. Las escenas de acción, explosiones, disparos, persecuciones, peleas… están montadas de maravilla y la fotografía es primera división.

 

Han Pasado apenas tres meses del estreno de OBJETIVO: LA CASA BLANCA,  y aunque ya su presencia se difumina bastante en nuestra memoria, sí recordamos que la película de FUQUA tenía un enfoque un pelín más (pretendidamente) serio, así que nos quedamos con la de EMMERICH, que no esconde ni trata de disimular su esencia de juguete en manos de un director muy pasado ya de vueltas al que le da todo igual, así que dejaros la cordura en casa y entrad en la sala con el karma debidamente alineado para disfrutar, sonreír, y llegado el momento hasta reír, con la propuesta más kitsch de EMMERICH.

 

 

 

LO MEJOR:

  • La secuencia en la que los equipos Delta-Force tratan de recuperar la casa blanca.
  • La total ausencia de mesura en muchas secuencias. La persecución en los jardines, la niña ondeando la bandera, o algunas alusiones a la historia americana, están más cerca de AMERICAN DAD y el humor de SETH MCFARLANE que de una película de acción patriótica.

 

LO PEOR:

  • Más de uno no entenderá nada y saldrá del cine cabreado.
  • Su excesiva duración. Sobran veinte minutos, como mínimo.

 

 

Alfonso Caro.

 

 

 

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