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KUMIKO, THE TRASURE HUNTER se presentó en el genial AMERICANA FILM FEST como uno de los platos fuertes del certamen. Aunque el computo global de la cinta puede que sea irregular, es innegable que su premisa inicial y el ambiente que nos transmite son algo fuera de serie.

Kumiko (RINKO KIKUCHI) es una chica que vive sola en medio de la despiadada Tokio. Su trabajo le aburre, su pequeño apartamento le astía y su agobiante madre no deja de decirle que encuentre un marido de una vez por todas. Lo único que da sentido a la vida de esta peculiar joven es la búsqueda de tesoros. Estas extrañas exploraciones en las que se ve envuelta le acaban llevando a una misteriosa cinta de VHS que encuentra en una cueva costera. La sorpresa será mayúscula cuando se descubra el contenido del ya tan anacrónico objeto: está grabada una copia de FARGO; sí, la película creada por los hermanos COEN. Kumiko, que siempre nos creará la duda de si está deprimida o directamente loca, lo dejará todo para ir al encuentro del maletín lleno de dinero que esconde STEVE BUSCEMI en el film. Hablando un inglés muy limitado, sin dinero y con la obsesión de encontrar la “X” en el enorme y nevado mapa que se le plantea, la chica nipona se dispondrá a pasar por una verdadera odisea. Encontrará personajes que intenten ayudarla (entre ellos un amable policía interpretado por DAVID ZELLNER, el mismísimo director de la película), pero su manera de hacer es tan errática, huraña y psicótica que alejará todos los apoyos que pueda tener. KUMIKO, THE TREASURE HUNTER es una obra llena de drama, caminos internos, referencias meta-cinematográficas y una gran dosis de humor negro.

 

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Sólo con leer el breve resumen de la trama que acabamos de ofrecerles, ya se podrán dar cuenta de uno de los grandes peligros que tiene este proyecto. Vivir bajo la sombra de algo tan exageradamente grande como es FARGO, añade una presión tan gigantesca que se convertiría en una losa para cualquier producción. KUMIKO tiene muchísimos puntos fuertes y el cambio de atmósfera (del Japón más cosmopolita a la parte rural de los Estados Unidos) está muy bien logrado, pero en cada plano, cada gag, cada momento de soledad, existe un enorme e inevitable letrero con letras de neón que chilla: ¡estamos intentando copiar a los COEN! Toda una pena, pues está obsesión limita las posibilidades creativas de todos los departamentos técnicos y no deja que la cinta tenga vida por sí misma.

 

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No podemos decir que DAVID ZELLNER sea un novato en esto de dirigir largometrajes (es su decimoquinto trabajo con este formato), pero las trabas y dificultades que se encontró con KUMIKO de bien seguro que fueron tan inmensas como las que tiene un novel; la larga lucha para conseguir los derechos de FARGO, las extremas condiciones que supone rodar en un ambiente tan frío y abrupto como es la segunda parte del film o la desquiciante logística que debe ser el tener la mitad de los actores hablando en inglés y la otra en japonés. Todo el peso de esta mezcla de géneros y localizaciones recae en dos elementos fundamentales: la protagonista y la estética. RINKO KIKUCHI es una cara conocida dentro de este país asiático, pero, quitando su aparición en PACIFIC RIM (de GUILLERMO DEL TORO), su nombre es completamente anónimo para el mundo occidental. La encarnación que hace de la enigmática Kumiko es ejemplar y aporta una gran cantidad de matices a toda la obra. Su “cara de nada” (marca registrada por BILL MURRAY) es épica y ayuda a que el espectador haga la profundización que crea oportuna. Un ejemplo de como transmitir misterio y añadir incógnitas en una narrativa llena de preguntas. Por su lado, la estética también ayuda a fomentar el aire de intriga y se presenta solvente con el contundente (y discutible) “mid-point” que se genera cuando la protagonista cambia de país. Basar esta imagen global en las sensaciones que se transmiten con la nieve, siempre es un acierto, pero en este caso vuelve a aparecer el colosal fantasma de FARGO. La fotografía, el arte, la dirección, y hasta el tono de comedia, viven demasiado supeditados a intentar imitar al trabajo de los hermanos de Minneapolis.

KUMIKO, THE TREASURE HUNTER nos deja impresiones contradictorias. Por un lado admiramos el trabajo logístico que hay detrás y realmente se consigue transmitir la idea de perdición y búsqueda sin sentido; pero el exceso de erróneas decisiones de guión y el intransigente planteamiento global, nos echa para atrás.

 

 

 

LO MEJOR:

  • Una RINKO KIKUCHI que deja sin habla. Si esta actriz da el salto definitivo a Hollywood, será toda una revelación.
  • Una premisa inicial arriesgada y curiosa. Cuando la idea original pone tantísimos retos logísticos, siempre se obliga a que la creatividad salga.

LO PEOR:

  • Plantearlo todo (pero todo, todo) como una imitación de FARGO. KUMIKO, THE TREASURE HUNTER se merece tener vida propia.
  • La falta de decisión que se puede deducir con la bizarrada de partir la cinta en dos. O se acorta la parte de Japón o se disminuye la norteamericana. Se queda a medias tintas.

 

 

Adrià Naranjo

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