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Admiro a DAVID O. RUSSELL. Admiro su capacidad para narrar historias corrientes de una forma particular, cercana y (en ocasiones) sobresaliente, y aplaudo ese momento de 2010 en que, vayamos a saber por qué, tras años de mediocridad algo pasó por su cabeza que le hizo generar impecables producciones como THE FIGHTER o EL LADO BUENO DE LAS COSAS (SILVER LININGS PLAYBOOK). Y así, de la noche a la mañana, 5 nominaciones al Oscar después, O. RUSSELL se convirtió en director fetiche de crítica, público y, sobre todo, académicos hollywoodienses.

Pero si hay algo que aplaudo del señor O. RUSSELL es su inteligencia. No es difícil imaginar qué pasó por su cabeza cuando AMERICAN HUSTLE (reniego de llamarla LA GRAN ESTAFA AMERICANA) empezaba a ser concebida. Voy a contratar a los actores más sobresalientes de mis últimas películas, consagrados en Hollywood, y los voy a meter en una producción ambientada en la excesiva Norteamérica de los años 70. Caracterización, fotografía y montaje sobresalientes, aderezaré mi fórmula del éxito cinematográfico con una BSO espectacular, tan amplia en géneros como será mi público objetivo. Un toque de pelucas por aquí, un toque de extravagancia por allá, una fecha de estreno próxima a la temporada de premios y… ¡Voilá! Dejadme que os presente a AMERICAN HUSTLE, y dejad que una servidora se rinda ante el ilusionismo de DAVID O. RUSSELL.

 

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Basada ligeramente en hechos reales, como ya advierte desde el principio de la película, AMERICAN HUSTLE narra la historia de una brillante pareja de estafadores y amantes, Irving Rosefeld y la seductora Sydney Prosser, obligados a colaborar con un ambicioso agente del FBI, Richard DiMaso, para atrapar a políticos fraudulentos haciéndoles aceptar sobornos. Una misión tan atractiva como peligrosa que cualquiera, incluida la impredecible Rosalyn, mujer de Irving, podría descubrir y empezar a tirar de la manta.

No nos engañemos. AMERICAN HUSTLE es sus actores. Y sin ellos, no sería (casi) nada. Los fallos de esta producción quedan diluidos ante la aparición en escena de CHRISTIAN BALE (Irving Rosefeld), AMY ADAMS (Sydney Prosser), JENNIFER LAWRENCE (Rosalyn Rosefeld), BRADLEY COOPER (Richard DiMaso, el policía con peinado más ridículo de la historia del cine) y sí, también JEREMY RENNER como el político Carmine Polito (¿no debe ser un poco humillante trabajar en un proyecto de O. RUSSELL y no estar nominado al Oscar, viendo las estadísticas?).

Unos más que otros, y siempre con ADAMS sorprendiendo en su papel de femme fatale y LAWRENCE como robaescenas y mejor intérprete, todos ellos nos sumergen en un juego de falsas apariencias, disfrazadas confianzas y equilibrio entre lo realista, lo grotesco y lo paródico. Un continuo quién estafa a quién donde cada uno se enmascara y juega sus mejores cartas. Pero no nos engañemos, AMERICAN HUSTLE es frágil como un castillo de naipes, y da la impresión de que en cualquier momento puede venirse abajo.

 

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Y es que el principal problema de una de las favoritas en esta reñida carrera de premios es las expectativas que se ha encargado de generar. Sobrevaloraciones aparte, O. RUSSELL tiene todos los elementos para realizar una obra maestra pero no los explota. Aúna característicos travellings con escenas a cámara lenta y voces en off que profundizan en los complejos caracteres y en la historia, pero no termina de ser él mismo. Y si por algo gusta el cine de O. RUSSELL, es por la personalidad propia que refleja y que en esta ocasión se ve sustituida por la influencia scorsesiana y las pinceladas tarantinianas. Su característica fusión de géneros deja en esta ocasión una mezcla entre crimen y comedia, realidad y ficción, que ni la crítica ni el propio O. RUSSELL tienen claro.

AMERICAN HUSTLE no es mala película. Le falta mala leche, carácter y cierta personalidad, y su trama, aunque interesante, nunca llega a cautivar, al contrario que los personajes, pero supone una propuesta original y es una buena producción. Y es justo ahí donde radica el principal problema, la sobrevaloración que se está haciendo de ella. Es buena, pero hay otras producciones en esta carrera por el Oscar superiores a ella y que no han recibido el reconocimiento del que AMERICAN HUSTLE ha gozado (y previsiblemente gozará).

Vayan a verla, déjense maravillar por unos actores llevados hasta el límite y juzguen por ustedes mismos. Pero no se olviden de un pequeño detalle: en este juego de quién estafa a quién, ustedes pueden ser los estafados. Y no soy yo la que se está marcando un farol.

 
 
LO MEJOR:

  • El reparto. Destaquen unos más que otros, cualquiera de ellos se luce y lleva hasta el límite sus interpretaciones. El alma de AMERICAN HUSTLE y la razón de su éxito. Sólo por ellos, merece la pena ser vista.
  • La personalidad de O. RUSSELL. Porque aunque se deja ver poco, cuando lo hace no defrauda. Extravagancia, pelucas, más extravagancia, más pelucas, todo aderezado con un montaje y una BSO que hará las delicias de cualquier espectador.

LO PEOR:

  • La sobrevaloración que se está haciendo de ella, debido a las expectativas que desde un primer momento generó, y que no llega a cumplir del todo.
  • La ausencia de O. RUSSELL. AMERICAN HUSTLE es tan suya como tan poco suya. Si gusta su cine, es por la personalidad que ofrece, y no por las influencias en que ha basado a su última obra.
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Lydia Martinez

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