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American Horror Story ya puede presumir de llevar a sus espaldas siete temporadas nada más y nada menos, y de haber conseguido con la última de ellas que compensemos el regusto de decepción que nos dejaron algunas de sus temporadas intermedias.

AHS: Cult arranca con una premisa tan jugosa como las controvertidas y desalentadoras últimas elecciones presidenciales de EE. UU. Por otra parte, la campaña promocional de la serie (tan desconcertante como siempre) mezcló payasos con sectas, y, siendo francos, en un inicio no conseguíamos ver un hilo conductor claro entre todos estos elementos (elementos que esperábamos no fuesen una mera repetición de lo visto anteriormente). Sin embargo, Ryan Murphy nos ha demostrado que lo que tan dispar nos parecía a simple vista, está escalofriantemente relacionado. Y vaya si lo está.

ATENCIÓN: Este artículo contiene spoilers de la 7.ª temporada de American Horror Story

Nos lo dejaron claro ya en el capítulo 7×01: Cult tiene dos reyes de la función, dos caras de una ¿misma? moneda. Ally (Sarah Paulson) y Kai (Evan Peters), paralelismos de Hillary Clinton y Donald Trump respectivamente. Dos posturas enfrentadas que sirven de punto de partida para construir la totalidad de la temporada, que adquiere profundidad mucho más allá de la política. Sarah Paulson y Evan Peters se coronan más que nunca como el alma de American Horror Story. Hemos visto su talento desplegado a lo largo de las seis entregas anteriores, pero sus personajes e interpretaciones en AHS: Cult están a otro nivel.

No vamos a mentir: en los primeros episodios Ally nos parecía más de lo mismo (otra ocasión para ver a una Sarah Paulson neurótica que se pasa el día gritando en busca de alguien). Con la salvedad de que esta vez partía con un interés extra: que esta aparentemente vulnerable mujer a la que da vida está llena de miedos que dejan entrever conexiones con pasadas temporadas. El ejemplo más claro: la coulrofobia o miedo a los payasos (tema de plena actualidad con el resurgimiento de It), que nos ha rescatado pequeñas dosis de Twisty de AHS: Freak Show. Pero al margen de todos sus desequilibrios y puntos flacos, Ally es un personaje de armas tomar, que se ha ido haciendo a sí misma poco a poco, hasta convertirse en una vencedora y una heroína (¿o no?).

En el extremo (muy extremo) opuesto encontramos a Kai, la oportunidad de oro para enmendar lo injustamente desapercibidos que estaban pasando los personajes de Evan Peters en los últimos tiempos (ya fuera por la poca trascendencia de los mismos en la historia o por las escasas escenas que les concedían). Kai es el villano líder de AHS: Cult. Defensor de contravalores como la misoginia o la supremacía blanca, es probablemente el personaje más despreciable que hemos visto en lo que llevamos de serie. La aversión que consigue generarnos no hace más que ensalzar el papelón que hace Evan Peters: un espectáculo de puro horror.

En eso precisamente estriba la séptima temporada de American Horror Story. Para sacar a la superficie nuestros miedos, no hacen falta casas encantadas, aquelarres, demonios o cualquier otro tipo de espectros, sino la pura y cruda realidad. El único fantasma en Cult es lo que nuestra sociedad debería ser y no es. Y lo peor de todo es que aquí no se nos plantea una distopía. ¿Quién habría dicho hace unos años que alguien como Trump podría estar en el poder en pleno siglo XXI? Ya estamos viviendo en una distopía. Tal vez nunca hemos estado fuera de ella.

Otro de los puntos a favor de AHS: Cult es que la ficción se ha apoyado más que nunca en personajes y eventos reales: el atentado de Valerie Solanas (siempre nos apetece ver a Lena Dunham) contra Andy Warhol, la gestación del manifiesto SCUM, o los crímenes de la familia Manson. El potencial mundo de locos al que tememos llegar ha estado siempre ahí, y las luchas que hoy seguimos librando con fervor llevan desarrollándose desde hace décadas. Tampoco olvidemos que, al igual que personalidades pertenecientes a todo tipo de esferas y estatus caen embaucadas ante el lavado de cerebro de Kai, cada día nos llega una nueva noticia de que incluso aquellos que ostentan privilegiadas posiciones de poder están cayendo como moscas en las conductas más deplorables. Da hasta miedo que, sin ir más lejos, AHS Cult sirva de reflexión anticipada a la incesante ristra de denuncias por abusos y acosos sexuales que están saliendo a la luz en la meca del cine día sí día también, desde que se destapó el caso Weinstein. Por todo ello, esta séptima temporada se desmarca de las seis anteriores y se erige como la más necesaria. Cult es como mirarnos al peor de los espejos, y a la misma vez tiene algo de advertencia, de profecía y de tirón de orejas.

En cuanto al desenlace, no podría haber sido más idóneo. Acabar de una vez por todas con Kai no ha sido más que el primer paso para que Ally siga la senda marcada por Valerie Solanas, e imponga su punto de vista y el de otras tantas mujeres. Queda claro que los extremos nunca son buenos, que los héroes de unos pueden ser los villanos de otros y que, al fin y al cabo, la igualdad es aplicable en todos los contextos. Todo es cuestión de perspectiva. Por grabárnoslo a fuego, gracias, American Horror Story.

Aitziber Polo

 

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