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Los conflictos bélicos, como cualquier temática que despierte sentimientos encontrados en los que la empatía y el odio parecen convivir en un mismo entorno, que remueva las entrañas de los seres humanos y que, a su vez, logre la atención inherente a estas situaciones, parece una buena opción a la hora de construir historias tan atrayentes como necesarias. A pesar de la violencia, del drama que acompaña a este tipo de penosas situaciones y de la tragedia que supone un enfrentamiento bélico, la clásica división entre buenos y malos muchas veces parece difuminarse en beneficio de un buen guion que no olvide el contexto en el que se desarrolla pero que a su vez encuentre un espacio en el que dar rienda suelta a los instintos más primarios de las personas. Así, conflictos tales como la Segunda Guerra Mundial o la Guerra Civil en nuestro país han servido como telón de fondo para innumerables historias humanas que se han clavado en nuestras retinas a lo largo de los años, buscando sorprender en un asunto que ya no parece tener más resquicios que explorar. Y, sin embargo, esta fuente inagotable de tramas encuentra en diferentes enfrentamientos, quizá no tan manidos, un lugar donde asentar nuevos argumentos.

Es el caso de ’71, ambientada en el conflicto provocado por la ocupación británica de Irlanda del Norte. Inevitable recordar DOMINGO SANGRIENTO (PAUL GREENGRASS, 2002), quizá uno de los referentes cinematográficos de este hecho más laureados y necesarios, así como multitud de largometrajes que hacen referencia a un conflicto del que se han desgranado una gran cantidad de guiones sobresalientes, incluyendo EN EL NOMBRE DEL PADRE (JIM SHERIDAN, 1993) o HUNGER (STEVE MCQUEEN, 2008). Y a pesar de ello, ’71 no es solo el reflejo de un conflicto que duró más años de lo esperado, no es el debut cinematográfico de su director, y tampoco es solo la mejor actuación de su actor protagonista. ’71 es mucho más de lo que parece ofrecer en un principio.

 

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YANN DEMANGE dirige en su debut en la gran pantalla un largometraje que se aleja del concepto de película bélica que reside en la mente de los espectadores. Dista de ser un filme en el que dos o más bandos se enfrentan por razones que parecen no comprender y, en ocasiones, ni siquiera parecen compartir. No busca situar a los buenos en un lado y a los malos en otro, y apenas deja espacio para decidirse por un único bando. Su intención final no es esa. Tampoco lo es mostrar una guerra de manera sutil, maquillada y fácil donde la realidad se disfraza para disfrute del espectador aprensivo y rezagado. DEMANGE utiliza todas las armas de que dispone para ofrecer una visión lo menos escondida posible de un conflicto que marcó los años setenta, donde la violencia no se esconde a fin de conseguir un resultado agradable. La finalidad máxima reside en el horror y la angustia que la propia supervivencia provoca y que se contagia de manera increíble en el espectador.

El uso del conflicto irlandés es solo el contexto que justifica la acción que aparece en pantalla. No es un personaje más y no hay intención alguna de que lo sea. Es el telón que acompaña a un enorme JACK O’CONNELL, quien encarna al personaje principal en una perturbadora lucha por sobrevivir de la forma que sea. O’CONNELL ofrece más a ’71 de lo que la propia película podría ofrecerle a él. Él convierte este largometraje en la odisea que necesita ser con una representación brillante donde no solo refleja en cada momento esa lucha que difiere de una guerra que su propio personaje parece no comprender, sino que también brinda al espectador uno de los mejores sufrimientos que se han visto en pantalla en los últimos meses.

 

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El individualismo que reside en el guion de ’71 apenas llega a incomodar. La lucha que recorre prácticamente toda la batalla no deja de añadir una tensión con la que el espectador puede regresar a casa tras su visionado. A pesar de las secuencias que suponen incluso una molestia dado el carácter conflictivo, angustioso y trepidante que se muestra en cada minuto del filme, la humanización que parece no querer mostrarse y el sentimentalismo que en ocasiones se desgrana del personaje principal dan lugar a una visión del soldado fuera del conflicto que resulta tan satisfactoria como necesaria. La complejidad que ofrece DEMANGE en ’71 no deja lugar a desafíos fáciles. Castiga al personaje de JACK O’CONNELL cada vez que este recorre algunos metros en su huida, poniendo a prueba los instintos propios de cada ser humano y obviando el terror que nace del propio instinto de supervivencia.

’71 ofrece así una crítica poco sutil de la barbaridad de la guerra, de los conflictos innecesarios y de las luchas de poder de aquellos que creen llevar la razón. La caza de un hombre y la lucha de este por evitar una muerte cruel e innecesaria hacen de este largometraje un reflejo transparente de qué significa la soledad, la muerte, el horror y el miedo cuando de supervivencia se trata.

 

 

LO MEJOR

  • La interpretación del sufrimiento de JACK O’CONNELL es absolutamente brillante.
  • La falta de sutileza a la hora de mostrar la violencia, la sangre y el dolor propio de la guerra hacen de ’71 lo que es.
  • Su banda sonora.

LO PEOR

  • Para aquellos que no conozcan el conflicto de Irlanda del Norte, el inicio de la película puede resultar un tanto complicado de comprender.
  • Las secuencias que pretenden sentimentalizar al personaje principal apenas parecen tener espacio en la situación que muestra la película.

 

 

Sheyla López

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