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Hace catorce años, a un tipo peculiar (por hacer una aproximación) llamado Tommy Wiseau se le ocurrió que quería hacer una película. “El dinero no será un problema”, dijo, en su muy dudoso acento de Nueva Orleans. Y para gran sorpresa de su equipo, Tommy tenía razón. Dirigió, produjo y protagonizó su cinta dramática, que el día de su estreno fue recibida con carcajadas y lágrimas en los ojos. Era The Room, considerada por muchos el Ciudadano Kane de las películas malas. Fue un descalabro, ¿quién era ese loco cuya cara aparecía en el cartel promocional junto a un número de teléfono? Nadie se explica qué es lo que fue aquello, pero lo cierto es que ya sea por simple curiosidad o por someterte voluntariamente a tortura, todavía hoy The Room sigue viéndose.

No nos hemos vuelto locos: entendemos que no queráis pasar por el trago de verla. Lo que sí os recomendamos encarecidamente es que no os perdáis The Disaster Artist para conocer el infernal rodaje de The Room. Greg Sestero, protagonista de la cinta original junto a Wiseau (y aquí interpretado por Dave Franco), recogió su experiencia en las memorias en las que se basa la nueva película de James Franco.

The Disaster Artist es metacine; es el rechazo de Hollywood contado entre bambalinas; es el discurso de que con dinero por delante hay muy pocas trabas; es la historia de tantos soñadores (talentosos y no tanto) que se quedan en la estacada o, por el contrario, persisten en lo que quieren aunque sea al margen de la gran industria del cine; es el revés de ver aquello en lo que tú más crees reducido a la risa (literalmente). The Disaster Artist es muchas cosas, pero sobre todo es una suerte de ambivalencia que dibuja un paralelismo perfecto con lo que supuso la obra original para el público, pero también para su artífice. Difícilmente habrás reído y te lo habrás pasado mejor en el cine, y mucho menos cuando ante tus ojos se encierra una historia de fracaso de los gordos.

Esto solo podía pasar con tan escacharrado acontecimiento, y solo a James Franco se le podía haber ocurrido acercárnoslo a la pantalla. De verdad que se lo agradecemos desde aquí. No vamos a entrar en materia de dirección, porque realmente no hay nada que reprocharle. Ahora bien, nos negamos a obviar ni un poco el trabajazo que hace Franco dando vida a Tommy Wiseau, dirigiendo y protagonizando igual que hizo este en su día. Su interpretación es digna de sublevación si no obtiene nominación a los Oscar. Es de ley que hay que reconocerle lo que ha hecho con un personaje tan anodino, incomprendido e incomprensible como Wiseau. Era muy fácil caer en la caricatura burda o la mofa, pero James Franco no quería hacer una parodia, como bien aclaró en la rueda de prensa. Realmente Tommy era (y es) así, y The Disaster Artist (libro y película) son la mejor manera para convencerse de ello.

Después de esta valoración no vamos a darle las 5 estrellas porque “obra maestra” son palabras mayores. Sin embargo, no va a andar lejos, ya solo por la cruda realidad que asoma entre el esperpento. Y porque el cine es disfrutar, y nunca hasta ayer al ver The Disaster Artist nos habíamos sentido tan “una piña” con el resto de espectadores. La reacción que suscita esta película es pura magia. Y no, eso no se ve todos los días.

LO MEJOR:

  • James Franco. No hay manera de describir cómo es debido a lo bien que está James Franco.
  • Consigue aquello en lo que muchas comedias fallan aun pretendiéndolo.
  • The Disaster Artist es la definición de pasárselo bien en el cine con mayúsculas.
  • La sorpresa después del “The End”.

LO PEOR:

  • Que haya quien pueda confundirla y simplificarla a mera comedia solo por el tema que trata.
  • Que sea obviada como buen cine por las mismas razones.

Aitziber Polo

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