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Impresionante la cola que ayer a estas horas aguardaba expectante a la primera proyección de Handia, la nueva apuesta vasca que Jon Garaño y Aitor Arregi nos traen en primicia en este 65SSIFF. En 2014, Loreak, dirigida por Jon Garaño y Jose Mari Goenaga (que esta vez está detrás del guion y la producción), cosechó un éxito sin precedentes, brindando al cine vasco reconocimientos tan importantes como la posible candidatura al Oscar a Mejor película de habla no inglesa y, sin ir más lejos, posibilitando ahora llevar a la gran pantalla Handia.

La historia había estado dando vueltas en la cabeza de Jon Garaño desde que, siendo un niño, lo llevaron de excursión escolar al Museo de San Telmo, donde todavía hoy pueden verse algunos objetos que pertenecieron a Miguel Joaquín Eleizegi, más conocido como el Gigante de Altzo. Su fascinación por la historia de este personaje real del siglo XIX ha acabado germinando años después en una bellísima y cuidada película, que desde la sensibilidad y el realismo, narra no la historia de un gigante, sino la vivencia de dos hermanos, donde el halo de leyenda y de cuento (la cinta se compone de diversos capítulos) no empaña la crudeza encapsulada en el modo de vida no solo del protagonista y de aquellos que lo rodean, sino también de la propia época en la que transcurre.

El contexto histórico tiene un importante papel en Handia. La ambientación, o la guerra carlista como trasfondo, aportan en su justa medida las pautas para entender cómo se mueven los personajes dentro del relato, y sobre todo, por qué lo hacen. Joaquín era un joven que vivía con su padre y sus hermanos, y que a los veinte años pegó el estirón hasta llegar a rondar los dos metros y medio. Materializar eso en una película de acción real era un reto de altura, que se ha conseguido resolver con creces.

Handia trae a la memoria al hombre elefante de Lynch: una persona atrapada en su cuerpo y condición, convertida en el mono de feria de la alta sociedad, morbosa ante lo diferente. Una persona al fin y al cabo, como señalaba esta mañana Eneko Sagardoy en la rueda de prensa. No se buscaba la simpleza de retratar a un monstruo. Al margen de los trucos utilizados para aumentar su tamaño, es de admirar el esfuerzo de su interpretación, su forma de hablar, de gesticular, de moverse como lo haría una persona de semejantes dimensiones.

La otra cara de la moneda es su hermano Martín (que se encuentra con la sorpresa de su crecimiento al volver de la guerra), con quien viajará por destacadas ciudades de Europa, llegando a conocer a muy ilustres personajes. En la relación fraternal entre ambos es donde se encuentra el corazón de Handia. Por un lado, son como la noche y el día; por otro, como uña y carne. Sus encuentros y desencuentros nos conceden grandes momentos, los puntos más emotivos y sentidos de la película. Sin caer en ningún instante en el melodramatismo, y teniendo en cuenta que la producción no tiene nada que ver con Loreak, se sigue respirando el intimismo en el trabajo de sus creadores.

Otro de los puntos fuertes de Handia es lo fino que hila a la hora de retratar la imagen que se tenía de los vascos en el resto del país. Hay en el guion líneas de diálogo verdaderamente brillantes, y cada recordatorio del abismo existente entre unos y otros arranca unas cuantas sonrisas que no tienen precio para quien viviendo en Euskadi no solo comprende, sino que lleva arraigado ese sentimiento dentro de sí. Unido a esto, la fotografía es espectacular para cualquier espectador, pero viendo los exuberantes paisajes autóctonos llenar la pantalla, es imposible no barrer para casa.

Podría escribirse largo y tendido sobre todo lo que se ha hecho bien en Handia, pero la mejor idea es que lo descubráis con vuestros propios ojos.

LO MEJOR:

  • El círculo cerrado que forman principio y final.
  • La fotografía.
  • La escena con la joven reina Isabel II.
  • La relación Martín/Joaquín.

LO PEOR:

  • Los sucesivos viajes, todos ellos con el mismo fin, pueden llegar a hacerse repetitivos.
  • Que las exigencias de la distribución (doblaje al castellano) vayan a restar la riqueza en matices de la versión original.

Aitziber Polo

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