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Suele pasar demasiado a menudo, por cierto, que cuando uno va con una expectativas kilométricas acerca de una película (o sobre cualquier otro asunto, por supuesto) a menudo estas se desvanecen hasta convertirse en una sombra de lo que fueron. La decepción y ese pequeño reducto de ira crecen hasta límites que quizá eran desconocidos y uno no puede si no aguantar unas hipotéticas ganas de venganza contra el mundo con el fin de evitar una rabia desmedida que, sin duda, no llega a ningún sitio. Cierto es también que lo más común es que el sujeto en cuestión pase por un pequeño momento de cabreo que se calmará una vez haya despotricado lo suficiente ante personas de una opinión semejante. Tampoco vayamos a exagerar y tildar a cualquiera que salga de una sala de cine con cara de haber visto la peor de las películas como un potencial HULK invadido por la rabia contenida y con una necesidad ingente de cortar cabezas.

 

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Algo parecido ocurrió en la cuarta jornada del FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN con HIGH-RISE, cuyo efecto propició todo tipo de comentarios que pasaron por tantos calificativos como gotas hay en un pequeño charco. Lógicamente, la proyección de la película supuso la consiguiente rueda de prensa a la que era necesario asistir, al menos para entender de la mano del equipo allí presente las razones de tal despropósito cinematográfico al que muchos tuvimos la suerte (¿es suerte la palabra correcta?) de acudir. La expectación, tal como se esperaba, fue máxima, promovida sobre todo por la presencia de TOM HIDDLESTON, SIENNA MILLER y LUKE EVANS, protagonistas indiscutibles de, quienes añadieron ese glamour que se busca en los festivales de cine y que, según parece, todavía no había aparecido en San Sebastián. Opiniones tenemos para todo. Una rueda de prensa abarrotada en la que se congregaron más periodistas de lo normal movidos, probablemente, por un interés que nacía de una cinta que muchos todavía no saben cómo calificar.

Sin embargo, y sin ningún tipo de duda, la proyección de THE BOY AND THE BEAST mejoró totalmente lo ocurrido con HIGH-RISE. Ya se había levantado cierto interés alrededor de esta película, seguramente debido a que se trata del primer largometraje animado en competir en Sección Oficial en el FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN, y sería imperdonable perderse esa proyección. Así, a los pocos segundos de dar comienzo, el público ya sabía que estaba ante un espectáculo cinematográfico que debería ser prácticamente obligatorio para cualquier espectador. Es, por el momento, uno de los mejores trabajos que han pasado por un evento que no ha dejado de sorprender continuamente. La delicadeza de la historia resulta incluso mágica, y el modo en que se desarrolla la trama casi alcanza una perfección que se echaba de menos en una gran pantalla. La incomodidad que provocan las butacas del Kursaal cuando uno lleva unos cuantos minutos sentado ni siquiera despistó a unos espectadores absortos por lo que estaba ocurriendo ante sus ojos. Esto, y el eterno aplauso que se produjo al finalizar la película, fueron indicativos más que suficientes para comprender (y recordar) que el cine a menudo nos tiene preparados motivos más que suficientes para asombrarnos.

 

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Mientras el día cabalgaba entre el viento más incómodo y la amenaza de lluvia, llegó la media tarde para recordarnos que todavía quedaba algo más que ver y, se supone, que disfrutar. EL REY DE LA HABANA llenó en su primera proyección y muchos esperaban enfrentarse a una gran película que les dejase con la boca abierta. Pero no fue así. Se levantaron carcajadas propiciadas, en gran parte, por cierta vergüenza ajena producida por una historia un tanto inverosímil con unas interpretaciones que rozaban la mediocridad. Lo interesante pasaba, sobre todo, por unas imágenes que resultaban incluso graciosas a pesar del drama que sucedía en pantalla, lo que supone un indicativo de que algo no está funcionando correctamente en este largometraje. Muchos deseaban que llegase un final que parecía no acercarse nunca y más de uno, con mejor o peor disimulo, se revolvía en la butaca de modo incluso exagerado.

Llegados al ecuador del festival, no queda más que seguir disfrutando de un evento que, tal como muchos predijeron, está dando tanto de qué hablar como se esperaba. Todavía quedan unos cuantos días de festival y, con ello, mucho más cine.

 

 

Sheyla López

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